El pequeño pueblo de 300 habitantes en el que puedes visitar hasta ocho curiosos museos

Alberto Gómez

2 de julio de 2025 18:42 h

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En ningún lado está escrito que una localidad tenga que ostentar un número mínimo de habitantes para poder albergar muchos museos. Y muchos menos que sean centros para descubrir y aprender cosas tan curiosas que hasta cueste creer que se hayan llegado a abrir las puertas de un museo de saleros y pimenteros o de microminiaturas.

Con esa consabida “libertad” para dar rienda suelta a la imaginación a la hora de abrir museos de toda índole, el pequeño pueblo alicantino de El Castell de Guadalest, de apenas 300 habitantes, atesora toda una serie de atractivos culturales o de curiosidades que se suman a su historia, su entorno natural, su arquitectura o su gastronomía.

Hasta ocho curiosísimos museos puede descubrir un agradecido visitante que llegue hasta las puertas del que es considerado, además, uno de los pueblos más bonitos de toda España, reconocido conjunto histórico artístico en el año 1974 y, posteriormente, Bien de Interés Cultural. Valores turísticos, por lo tanto, no le faltan.

Quizás uno de esos primeros museos que más llamen la atención sea, como se mencionaba anteriormente, el de los saleros y los pimenteros. Este sorprendente museo está repleto de esos objetos tan típicos y cotidianos de cualquier casa y que tal vez puedan pasar desapercibidos para muchas personas… menos para Andrea Ludden. Es ella la que en los últimos 30 años se ha dedicado a elaborar una colección de más de veinte mil saleros y pimenteros que ahora están expuestos en este museo, con modelos que incluyen diferentes formas, animales, muebles o hasta astronautas.

En el Museo del Gato, tal y como su nombre indica, tienen una cita todos aquellos que sean amantes de los felinos. Aquí en este caso uno puede encontrar más de dos mil figuras de gatos que son originarias de todas las partes del mundo, desde los años veinte hasta la actualidad. Por su parte, el Museo Etnológico logra que quien lo visita aprenda cómo vivían antiguamente los lugareños de El Castell de Guadalest durante el siglo XVIII. La vida rural, las casas, las despensas, los corrales o los objetos que decoraban o que formaban parte de aquellos hogares quedan reflejados en este museo.

Coches, belenes y casitas

Si en este caso si uno es amante de los coches antiguos, en El Castell de Guadalest dará y disfrutará del Museo de Vehículos Históricos, compuesto por una colección de casi 200 motocicletas y pequeños coches. Pertenecen a épocas muy dispares, de los años 20 hasta la década de los años 70, lo que hará que el visitante sienta que está viviendo un viaje en el tiempo. Todos los vehículos se encuentran en perfecto estado, que además se encuentran en un bonito espacio junto a otros objetos antiguos como máquinas de coser, cafeteras, teléfonos, radios o máquinas de escribir.

El Museo Antonio Marco también es conocido como el museo de belenes y casitas de muñecas. El propio Antonio Marco es un artesano miniaturista que dedica doce horas diarias a su trabajo, lo que él considera como un juego más que un oficio. Construye casas de muñecas y belenes ecológicos en los que cada detalle está perfectamente diseñado con mimo y esmero. En este espacio uno puede disfrutar de una innumerable colección de casitas de muñecas en miniatura que cuentan con una infinidad de detalles que no dejan indiferente a quien se adentre en este peculiar museo. Además de las casitas, también uno puede deleitarse con el manierismo de Antonio a la hora de crear belenes navideños construidos completamente con materiales ecológicos.

El Museo Municipal Casa Orduña ofrece la posibilidad de contemplar cómo era una casa de la alta burguesía del siglo XIX en la localidad alicantina. El Museo Histórico Medieval lleva a quien lo visite a los tiempos de la Inquisición, incluidos todos los instrumentos de tortura que se usaban en la época medieval. Y quizás la guinda de tanto museo curioso museo sea el Museo Microgigante y el Museo de Microminiaturas, galerías creadas por Manuel Ussà. En este caso la sorpresa será ver, muy de cerca, lógicamente, una plaza de toros creada en la cabeza de un alfiler, un cuadro del Greco pintado en un grano de arroz, La maja desnuda de Goya pintada en el ala de una mosca o una carrera de galgos grabada en un cabello.