La playa interior de Teruel: el nuevo enclave acuático entre montañas y en el corazón del Maestrazgo
Aguas azul turquesa, arena fina y sol radiante a más de 100 kilómetros del mar más cercano. La playa del embalse de Santolea es la nueva gran apuesta turística de la comarca del Maestrazgo de cara al verano. Enclavada a orillas de una presa artificial y rodeada por un paisaje rocoso y escarpado, esta zona de baño entre montañas ofrece actividades como piragüismo, paddle-surf o navegación sin motor, todo ello en un entorno de gran valor paisajístico y geológico.
Inaugurado el 22 de abril de 2026, el proyecto responde a una histórica demanda de espacios acuáticos en la región y se convirtió en una realidad tras la finalización de las obras de la presa en 2022. Esta iniciativa, financiada a través del Fondo de Inversiones de Teruel (FITE), supuso una inversión de 106.761,28 euros destinada a labores de limpieza, accesibilidad e infraestructura turística.
La playa está situada en el término municipal de Castellote, en la comarca del Maestrazgo, a pocos metros de la carretera local TE-39. Desde Alcañiz, la ciudad de referencia más próxima, el trayecto es de 45 kilómetros —unos 40 minutos en coche—, mientras que desde Zaragoza, la capital aragonesa, la distancia es de 140 kilómetros, aproximadamente una hora y cincuenta minutos por carretera. El acceso en transporte público es limitado, como suele ocurrir en este tipo de entornos rurales del interior, por lo que el coche es la opción más recomendable.
Esta playa no está diseñada para competir con el Mediterráneo, el Atlántico o el Cantábrico. Su propuesta es otra: ofrecer a los habitantes de los municipios cercanos un espacio tranquilo junto a un agua limpia y calmada, rodeado por paredes de roca caliza. Aunque se trata de un paisaje abierto, la sensación es de recogimiento.
El recinto cuenta con una zona de arena habilitada, aparcamiento, señalización informativa sobre el entorno, áreas de descanso con mesas y bancos y un pantalán recién instalado desde el que muchos visitantes acceden al agua. Se trata de una infraestructura sencilla, pero equipada con lo necesario para pasar una jornada cómoda. Las actividades principales son el piragüismo y el paddle-surf, que conviven con la pesca, la navegación sin motor y el baño. Es un destino pensado para disfrutar de un día al aire libre en familia o con amigos.
Pero el atractivo de Santolea no se limita al agua. El embalse se asienta sobre un territorio de gran valor geológico y paleontológico. La zona cuenta con importantes yacimientos del Cretácico Inferior y se encuentra junto al Bosque Pétreo, otro enclave de gran interés natural e histórico. A escasos kilómetros, el castillo templario de Castellote domina el valle desde lo alto de su peña. Más allá de esta localidad, la comarca del Maestrazgo concentra cuatro de los seis Monumentos Naturales de Aragón, con parajes como el Nacimiento del Río Pitarque o los Órganos de Montoro, que por sí solos justifican la visita.
La historia de Santolea: décadas de historia sumergida
Pero Santolea no es solo una playa. Es también décadas de historia sumergida. El origen del embalse se remonta a los años treinta del siglo pasado, cuando se construyó la primera presa sobre el río Guadalope, que ya desplazó y anegó poblaciones cercanas. Décadas más tarde, en los años setenta, la infraestructura fue reconstruida. Esta vez, sin embargo, terminó por engullir todo lo que quedaba del pueblo. La villa de Santolea, que había llegado a contar con varios cientos de habitantes y cuya economía se basaba principalmente en la agricultura y la ganadería, fue despoblada y demolida para dar paso a las aguas del nuevo proyecto. Sus calles, iglesias, casas y campos de cultivo desaparecieron bajo el embalse.
En 2018, sin embargo, el pantano inició un nuevo proceso de remodelación que concluyó en 2022 y que es el que, hoy en día, permite la existencia de la playa fluvial. Durante estas obras, Santolea tuvo que ser vaciado, lo que dejó al descubierto restos de los núcleos que habían permanecido bajo el agua durante décadas. El hallazgo más destacado fue el antiguo puente de Castellote, una construcción del siglo XVI que había permanecido sumergida durante noventa años y que emergió prácticamente intacta. Su aparición movilizó a numerosos vecinos de la zona, que impulsaron una iniciativa para desmontarlo piedra a piedra y reconstruirlo posteriormente, al tiempo que se rendía homenaje a la memoria del pueblo desaparecido.
Cuando finalizaron las obras de la presa, la capacidad del embalse aumentó hasta los 111 hectómetros cúbicos, permitiendo recuperar un gran espejo de agua estable. Lo que nació como un proyecto destinado a garantizar el suministro de agua a los municipios cercanos terminó abriendo también una oportunidad turística. La misma agua que borró Santolea del mapa se ha convertido décadas después en uno de los paisajes más singulares del interior de Aragón.
La nueva playa fluvial da comienzo a una etapa distinta para el embalse de Santolea, que suma el atractivo turístico a su función histórica de abastecimiento. Un espacio que aspira a convertirse en uno de los referentes turísticos del Maestrazgo durante la temporada estival.