Esta es la sala clandestina de Madrid que pasó de ser un cine X a un espacio de ocio esencial de la capital
Madrid tiene esa capacidad casi mágica de reciclar sus fantasmas. Lo que fue redacción de periódico, luego templo del celuloide clásico y más tarde último reducto del cine X en la capital, hoy es uno de los espacios culturales más singulares de La Latina. Hablamos de la Sala Equis, en la calle Duque de Alba, a escasos metros de El Rastro.
Pero para entender lo que es hoy, hay que mirar atrás.
De periódico influyente a cine prohibido
El edificio nació cultural mucho antes de que alguien pronunciara la palabra “equis”. Entre 1913 y 1933 albergó la redacción del diario El Imparcial, uno de los grandes periódicos de la España de principios del siglo XX. Cerró en un momento convulso del país, y el inmueble cambió de piel.
En los años 40 se convirtió en el Cine Alba, una sala clásica de barrio que proyectó películas durante décadas. Desde la posguerra hasta los años 80, fue parte del paisaje cotidiano de La Latina. Después llegó otra etapa, más oscura y menos familiar: la transformación en cine X. Durante años fue el último cine pornográfico en activo en Madrid, hasta su cierre definitivo en 2017.
Ese mismo año terminó una etapa… y empezó otra.
La reapertura: no borrar el pasado, reinterpretarlo
Lejos de demoler o maquillar la historia, el nuevo proyecto decidió dialogar con ella. El antiguo patio de butacas se transformó en la actual Sala Plaza, un espacio amplio que conserva la esencia arquitectónica del cine original. La pantalla sigue colgada del mismo muro. Pero donde antes había filas rígidas, hoy hay tumbonas y mesas, en una especie de homenaje contemporáneo a los cines de verano de pueblo.
Arriba, en lo que fue el gallinero, se encuentra el Cinecito. Aquí la experiencia es más clásica: proyecciones en silencio, sonido cuidado y ciclos cinematográficos con programación definida. Es cine en sentido estricto, pero dentro de un edificio que ya no es solo un cine.
La idea, según uno de sus impulsores, Manuel Ignacio Rodríguez, era clara: crear un lugar donde confluyeran distintas artes. No limitarse a proyectar películas, sino ampliar el concepto.
Mucho más que una pantalla
La Sala Equis no vive solo del séptimo arte. En sus espacios se celebran festivales de videoarte, conciertos íntimos, encuentros con equipos de rodaje, ciclos temáticos y proyectos como el llamado “Prostíbulo Poético”, donde la poesía toma forma escénica.
Conviven sesiones familiares con propuestas más nocturnas y transgresoras. Hay cine infantil y hay sesiones golfa. Hay coloquios con directores y también exposiciones.
Todo ello en un edificio que respira historia en cada rincón.
La relación con El Imparcial y el nuevo ecosistema cultural
Anexo al edificio se encuentra el restaurante El Imparcial, impulsado por el mismo equipo. El vínculo no es casual. Ambos espacios comparten la voluntad de convertir esa manzana en un pequeño polo cultural del barrio.
El restaurante mantiene el diálogo entre arte y gastronomía, con librería y exposiciones, mientras que la Sala Equis amplía ese germen hacia el cine y las artes visuales. No es un proyecto aislado: forma parte de una transformación más amplia de La Latina, un barrio que combina tradición castiza con pulsión contemporánea.
De clandestino a referente
Lo interesante no es solo que el antiguo cine X haya cambiado de uso. Lo relevante es cómo lo ha hecho. Sin borrar su pasado, sin disimularlo, sino integrándolo en una nueva narrativa cultural.
La Sala Equis no es un edificio nuevo. Es un edificio reescrito.
Y quizá ahí está la clave de su magnetismo: en una ciudad donde los espacios desaparecen a golpe de reforma, este decidió sobrevivir transformándose.
De sala oscura a laboratorio creativo. De pornográfico a polifacético. De marginal a punto de encuentro.
Madrid, cuando quiere, sabe reinventarse sin olvidar de dónde viene.