La villa de las tres mentiras, Santillana del Mar: la población cántabra que ni es «santa», ni «llana», ni tiene «mar»

Hay pueblos que se hacen famosos por un monumento concreto, otros por un paisaje espectacular y algunos por una historia tan peculiar que termina eclipsando todo lo demás. A veces basta una frase ingeniosa para despertar la curiosidad de miles de viajeros y convertir una localidad en una parada obligatoria. Sin embargo, detrás de esos lemas populares suele esconderse una realidad mucho más rica y compleja que merece ser descubierta con calma.

Eso es precisamente lo que ocurre con Santillana del Mar, una de las localidades más visitadas de Cantabria. Quien escucha hablar de ella por primera vez suele encontrarse con un apodo tan llamativo como famoso: la villa de las tres mentiras. Una expresión que se ha repetido durante décadas y que ha contribuido a hacer todavía más conocida una población que, mucho antes de convertirse en un reclamo turístico, ya era uno de los grandes referentes históricos y culturales del norte de España.

La villa de las tres mentiras

Así lo recoge la propia web oficial de Turismo de Cantabria. Es allí donde se explica que Santillana del Mar es conocida como “la villa de las tres mentiras” porque ni es santa, ni es llana, ni tiene mar:

  1. Ni es santa. La primera de las supuestas mentiras tiene que ver con su nombre. Aunque muchos podrían pensar que hace referencia a una santa llamada Santillana, en realidad el origen está vinculado a Santa Juliana, una mártir cristiana cuyos restos llegaron a la zona durante la Alta Edad Media. Con el paso de los siglos, el nombre evolucionó fonéticamente hasta convertirse en Santillana.
  2. Ni es llana. La segunda alude a su relieve. Quien visite la localidad comprobará rápidamente que no se trata de una población especialmente llana. Sus calles presentan desniveles y pendientes propias de la geografía cántabra, muy alejadas de la imagen que podría sugerir su nombre.
  3. Ni tiene mar. La tercera mentira tampoco es completamente cierta. Aunque el municipio posee costa y playas como Santa Justa o Ubiarco, el casco histórico de Santillana del Mar no se encuentra junto al mar ni posee un puerto marítimo. De ahí nace la popular broma que ha terminado acompañando a la villa durante generaciones.

Sin embargo, reducir Santillana del Mar a su famoso apodo sería injusto. Turismo de Cantabria la define como una de las localidades de mayor valor histórico-artístico de España, hasta el punto de afirmar que prácticamente todo en ella puede considerarse monumento. El origen de la población actual se remonta al siglo IX, cuando ya existía el Monasterio de Santa Juliana. Posteriormente, durante el siglo XII, se levantó la actual colegiata de Santa Juliana, considerada uno de los mejores ejemplos del arte románico de Cantabria. En torno a este edificio fue creciendo un núcleo urbano que alcanzó una notable prosperidad económica durante la Edad Media.

Ese esplendor todavía puede apreciarse hoy en las numerosas casonas, palacios y torres nobiliarias que se conservan en sus calles empedradas. Entre las construcciones más destacadas figuran las torres de Don Borja y del Merino, consideradas algunas de las edificaciones civiles más antiguas de la localidad. A ellas se suman palacios como los de Velarde, Barreda o Tagle, que ayudan a explicar la importancia histórica que alcanzó la villa. Recorrer el centro histórico a pie es una de las experiencias más recomendables para quienes buscan qué ver en Cantabria. Las calles conservan gran parte de su trazado medieval y ofrecen una de las imágenes urbanas mejor preservadas del norte peninsular.

La sombra de la Cueva de Altamira

Hablar de Santillana del Mar implica también hablar de la Cueva de Altamira, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del mundo. Turismo de Cantabria recuerda que esta cavidad alberga algunas de las pinturas rupestres más famosas del planeta y que ha sido descrita en numerosas ocasiones como la “Capilla Sixtina” del arte prehistórico.

Su descubrimiento a finales del siglo XIX provocó una auténtica revolución científica. Durante años, muchos investigadores se resistieron a aceptar que aquellas pinturas pudieran tener más de 14.000 años de antigüedad. Hoy constituyen una de las grandes referencias del patrimonio mundial y uno de los principales atractivos culturales de Cantabria. Para garantizar su conservación, la cueva original permanece protegida y el público puede visitar la conocida Neocueva, una reproducción inaugurada en 2001 que permite contemplar con enorme fidelidad las pinturas y comprender mejor la importancia histórica del yacimiento.

Por todo ello, Santillana del Mar es mucho más que la villa de las tres mentiras. Es un lugar donde conviven patrimonio medieval, arte románico, historia prehistórica y tradición cántabra. Un pueblo que juega con su famoso apodo, pero que en realidad guarda algunas de las mayores verdades culturales y patrimoniales de toda España.