El yacimiento romano perfecto para recorrer a pie: está en Aragón, nació sobre una antigua ciudad ibérica y está declarado Patrimonio Histórico

Aragón conserva espacios arqueológicos que permiten entender el pasado romano sin separar la visita del propio terreno. No son solo restos para observar desde fuera, sino lugares en los que todavía puede leerse parte de la organización de una ciudad antigua. Calles, viviendas, zonas de paso y estructuras vinculadas a la vida diaria ayudan a reconstruir cómo funcionaban estos núcleos hace casi dos mil años.

Uno de esos enclaves está en Velilla de Ebro, en la provincia de Zaragoza. Se trata de Lepida Celsa, un yacimiento romano situado en el entorno del valle medio del Ebro y relacionado con una población ibérica anterior. El recinto está protegido como Bien de Interés Cultural y su declaración patrimonial se remonta a 1931, cuando las antiguas ruinas romanas de la localidad fueron reconocidas como Monumento Histórico-Artístico.

La visita tiene un interés añadido porque buena parte del conjunto se puede recorrer a pie. En el yacimiento se conservan tramos de calles empedradas, restos de viviendas y espacios asociados a la actividad cotidiana. Además, el recorrido se completa con un museo, donde se exponen materiales recuperados durante las excavaciones y se explica el contexto histórico del asentamiento.

Lepida Celsa, la colonia romana de Velilla de Ebro

Lepida Celsa corresponde a la antigua Colonia Victrix Iulia Lepida Celsa, levantada en un territorio donde antes existió Kelse, una ciudad ibérica. Ese asentamiento anterior se relaciona con el entorno del casco urbano actual, en el área donde se encuentra la iglesia de San Nicolás. La existencia de esa población indígena se documenta al menos desde el siglo IV a.C., por lo que la colonia romana forma parte de una secuencia histórica más amplia.

La fundación romana se atribuye a Marco Emilio Lépido en el año 44 a.C. La nueva ciudad se creó en las inmediaciones de Kelse y recibió el nombre de Colonia Iulia Victrix Lepida. Años después, tras la caída política de Lépido, hacia el 36 a.C., pasó a llamarse Colonia Iulia Victrix Celsa, una denominación que recuperaba en latín el nombre del asentamiento ibérico anterior. Fue una de las primeras colonias de ciudadanos romanos libres en el valle del Ebro.

Su trayectoria fue corta si se compara con otros núcleos romanos. El abandono se sitúa hacia el año 70 d.C. y se relaciona, en buena medida, con el crecimiento de Caesaraugusta, la actual Zaragoza. Antes de ese declive, su posición junto al Ebro favoreció su papel como punto estratégico y comercial. La ciudad llegó a reunir unas 3.500 personas, entre emigrantes itálicos, grupos vinculados a César y Pompeyo, y miembros de élites indígenas.

El área protegida ocupa unas 44 hectáreas. El enclave queda marcado por barrancos que drenan la zona de yesos situada al norte del río Ebro, además de un antiguo foso defensivo y de la propia evolución urbana de Velilla de Ebro. Parte de la colonia se extendía bajo el casco actual de la localidad, lo que demuestra que no se trataba de un asentamiento menor ni de un resto aislado, sino de una ciudad con una trama amplia.

Las excavaciones han permitido conocer parte de esa organización urbana. En el terreno se conservan calles empedradas, adaptadas al relieve y vinculadas a los ejes principales de la colonia. Algunas manzanas contaban con elementos de protección en esquinas y accesos a las casas, una solución pensada para separar el paso de vehículos o personas de los espacios domésticos. Son detalles que ayudan a ver el recinto como una ciudad en uso, no solo como un conjunto de muros.

Entre los espacios excavados destacan varias viviendas. La Insula I corresponde a la Casa de los Delfines, donde se conservan pavimentos asociados a algunas salas. En la Insula II se identificó un pequeño mercado con acceso desde la calle. La Insula III reúne tres casas conocidas como la Casa de Hércules, la Casa del Emblema Blanco y Negro y la Casa de la Tortuga. La Casa de Hércules recibe ese nombre por restos pictóricos relacionados con el personaje mitológico.

El yacimiento también ha permitido documentar otros espacios de la colonia, como almacenes, aljibes y la zona donde se localizaba la necrópolis. En las excavaciones se han recuperado además lucernas, ánforas, objetos de vidrio, piezas metálicas y cerámicas. Todo ese material ayuda a comprender aspectos concretos de la vida cotidiana, desde el abastecimiento y el comercio hasta los usos domésticos.

Las primeras noticias sobre hallazgos en Velilla de Ebro se remontan a 1435, cuando se mencionan monedas, estatuas y mosaicos. En el siglo XX se produjo la protección oficial del enclave y continuaron los trabajos arqueológicos. En 1972 aparecieron nuevos restos durante una remodelación urbanística, y entre 1975 y 1986 se desarrollaron nuevas campañas de excavación. En 1997 se inauguró en Velilla de Ebro la Sección de la Colonia Celsa, dependiente del Museo de Zaragoza. Este espacio reúne materiales procedentes del yacimiento y permite contextualizar la visita antes o después del recorrido exterior.