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Cuando una sonrisa es la mejor medicina infantil

Diversas iniciativas buscan poner en valor el poder de la ilusión en la batalla de los más pequeños contra una enfermedad

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SONRIA

Si parásemos 30 segundos a pensar en la palabra hospital, la mayoría de sinónimos que vendría a nuestra mente no serían agradables. Dolor, tristeza o incertidumbre, por ejemplo. Un hospital es un hospital, claro. Pero como todo, puede mirarse desde otra perspectiva. Investigación, salud, futuro. También optimismo, porque sí, una enfermedad también se combate con el optimismo frente al cielo nublado que tiñe los pasillos de un hospital en ocasiones.

El valor de las cosas depende, en gran parte, del contexto. Una sonrisa siempre es algo positivo, pero adquiere mayor relevancia cuando aflora en la planta de Pediatría de cualquier centro hospitalario. Desde el año pasado, se habla del 13 de mayo como el Día Nacional del Niño Hospitalizado. Una fecha que sirve para mirar a través de ese cristal positivo y para reconocer la fuerza de los pequeños guerreros. También para poner en valor las diferentes iniciativas que buscan convertir la ilusión en el mejor antídoto frente a una enfermedad.

Todos los esfuerzos son pocos para hacer más agradable la estancia de un niño en el hospital. Porque no solo es un beneficio para él, también lo es para la familia y para los profesionales que diariamente lo tratan. Un ejemplo es la iniciativa de los estudiantes de un instituto de El Ejido. Como su corta edad era un impedimento para involucrarse en el voluntariado, decidieron volcar su solidaridad en el área de Pediatría del Hospital de Poniente.

La inquietud de un joven químico onubense es también la semilla de Cienciaterapia, un proyecto para curar la espera de niños hospitalizados. Junto a psicólogos y educadores voluntarios, lleva a cabo una tarea de divulgación con materiales caseros pero, sobre todo, busca que los más pequeños se diviertan y se olviden de dónde están.

La asociación ‘Por una sonrisa’ ya deja claro en su nombre cuál es su objetivo. Eva Ledesma, su fundadora, perdió a su hijo por el cáncer. Tras ello, se hizo una promesa: empeñar todos sus esfuerzos en hacer más llevadera la estancia en un hospital de otros niños que pasasen por lo mismo. Y así fundó la asociación. Los profesionales dicen que el estado de ánimo tiene más poder del pensado para superar la enfermedad. La asociación, por ejemplo, promueve espacios de ocio en diferentes centros y organiza y financia vacaciones para los más pequeños y su familia.

Una misión parecida tiene ‘Pídeme la luna’, asociación impulsada por Marisol Escribano, una enfermera jiennense. Involucró a sus compañeros en la tarea de cumplir los sueños de niños hospitalizados hace casi un cuarto de siglo ya. Ilusión y esperanza como terapia de apoyo para los menores y sus familias.

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