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Ángel Calle Collado

Profesor de Sociología en la Universidad de Córdoba (en el Instituto de Sociología y Estudios Campesinos), sobre agroecología política, sustentabilidad, bienes comunes y nuevos movimientos globales. Forma parte de Comunaria.net, espacio dedicado a la investigación aplicada en bienes comunes.

Sobre los vínculos sociales y emocionales ha desarrollado la trilogía poética: Los Vínculos (2006, Isla Varia), Utopistas y Desutópatas (2008, Baile del Sol), Deseos a la calle (2011, Corona del Sur), a la que se añade DigniVivirse (2014, Corona del Sur).

Algunos ensayos publicados: Nuevos Movimientos Globales (2005, Popular), edición del libro Democracia Radical (2011, Icaria), edición con Mamen Cuéllar y David Gallar del libro Procesos hacia la soberanía alimentaria (2013, Icaria), la Transición Inaplazable. Los nuevos sujetos políticos parasalir de la crisis (2013, Icaria); y como último trabajo, en colaboración con Ricard Vilaregut: Territorios en Democracia (2015, Icaria).

Web: www.deseosenelinsomnio.com con artículos, miradas sociales y poesía.

Mercados agroecológicos, Pacto de Milán y nuevos comunes

Octubre nos aguarda en Valencia con una nueva cita del Pacto de Política Alimentaria Urbana de Milán, el llamado Pacto de Milán. De Banjul (Gambia) a Belo Horizonte (Brasil), más de un centenar de ciudades han declarado su compromiso con sistemas agroalimentarios sostenibles e inclusivos. Las ciudades son un voraz depredador de recursos alimentarios y energéticos. ¿Cabría pensar que en ellas podemos encontrar las soluciones para reconstruir sistemas agroalimentarios localizados? Ciertamente no, el mantenimiento de la biodiversidad, la reducción de la huella ecológica o las políticas frente al avance del cambio climático nos obligan a tener planteamientos territoriales más amplios, más complejos, más extensos.

Sin embargo, el Pacto de Milán puede ayudar y mucho a reclamar un derecho a la alimentación y a revitalizar una producción más acorde con las potencialidades de un territorio (recursos disponibles, comercialización directa, variedades y productos de temporada, mundo rural vivo) en el afán de crear cuencas alimentarias "resilientes", como señala el propio Pacto. Puede ser un aldabonazo que contribuya a expandir dinámicas más descentralizadas y que dote de más autonomía a los habitantes de un territorio para construir sus mercados, sus sistemas económicos, sus formas de cuidar la vida.

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Ferraz se escribe con I de Insostenibilidad

"Estos son mis principios. Si no le gustan tenemos otros". Podríamos añadir y remedar la frase de Groucho Marx para describir la filosofía hoy reinante en la cúpula del PSOE. "Este es nuestro secretario general, pero si no vota lo que el Ibex 35 cree que hay que votar, tenemos otros". O yendo más allá: "Estos han sido nuestros partidos. Si no le gustan tendremos que tener otros". Y de todo esto viene el proyecto político de Ciudadanos o la facilidad de confluencia entre este partido y PSOE (pacto de diciembre para proponer gobierno, alianza estable en Andalucía), como nos recuerda M. Eugenia Rodríguez Palop en diversos artículos en este diario.

Señalemos que ya en 1975 un informe de la Comisión Trilateral (think tank en el que se reconocían Japón, la Comunidad Económica Europea y Estados Unidos) llamaba a limitar las democracias, centralizar en líderes la acción de los partidos y vaciar a éstos de contenidos que pudieran dar rienda suelta a las expectativas populares. La constatación de esta dinámica de partidos convertidos en aparatos serviles viene de antes. Serviles en el sentido literal de hegemonías internas hechas a base de sillones prestados a grupos afines y de servilismo externo hacia las élites.

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Brasil: otro golpe político contra la sostenibilidad

Última llamada para quienes aún confíen en que las élites económicas están preocupadas por la democracia y por la sostenibilidad en este planeta. El escondido romance del TTIP entre los Estados Unidos y la Unión Europea ha puesto de manifiesto que, en este interesado amor de las élites, poco importa el apoyo de sus pueblos o el respeto a unos mínimos ambientales que aboguen por la precaución frente a un planeta en estado de shock. Entre capitalismo del shock y capitalismo contra el cambio climático anda el mundo, según nos documenta la ensayista Naomi Klein. Y Brasil no es más que un eslabón en esta cadena.

El 18 de abril de este año, menos de un mes antes del golpe político en Brasil, el coordinador del programa económico del partido que ha accedido al poder (PMDB, centro-derecha), Roberto Brant, que ya había sido ministro con Fernando Henrique Cardoso (PSDB, socialdemocracia neoliberal), afirmaba lo siguiente sobre su propuesta económica: "la propuesta no fue hecha para enfrentarse al voto de la población. Con un programa así no se acude a una elección […] Todo lo que allí se dice precisa ser realizado. El tamaño del desastre que vive hoy Brasil es inédito en nuestra historia". El desastre de Brasil existe, ciertamente, y se llama desigualdad social, sólo comparable con Sudáfrica, según datos de Oxfam. El desastre ambiental de Brasil se refleja en el avance de la deforestación amazónica, que oscila entre 10.000 y 25.000 km2 por año, siendo la presión combinada de mercados que buscan carne y grano para alimentarlo, y élites dispuestas a obtener beneficios rápidos, la causa de ello.

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Tu casa no es un contenedor: La experiencia de los municipalismos vivos

“Os damos, concedemos y asignamos a perpetuidad, así a vosotros como a vuestros sucesores los reyes de Castilla y León, todas y cada una de las tierras e islas sobredichas, antes desconocidas”, Bula Inter Cetera, emitida por el papa Alejandro VI el 4 de mayo de 1493

Lejos de ver territorios llenos y conformados por personas, memorias, biodiversidad y otras formas de entender el bienestar social, la colonización dibujó continentes vacíos, como argumenta Eduardo Subirats: eran apenas superficies para ofrecer a los imperios en expansión. Sostiene Subirats que el “ideario de conversión” era en realidad una “empresa de ocupación y explotación territoriales como cruzada a lo ancho de un continente vacío”, siendo el indígena americano un cristiano potencial: “ tabula rasa susceptible de sujeción y subjetivación”. Continente visto como contenedor del que extraer recursos, conciencias planas dispuestas a ser alfombradas por la nueva religión.

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La batalla cultural frente a los transgénicos

Aunque el capitalismo amenaza las bases de la vida, no le resulta tan fácil ni tan legítimo apropiarse  de nuestras conciencias, tampoco de las culturas que trabajan para que dicha vida siga reproduciéndose. La reciente sentencia dictada por el magistrado federal de México, Benjamín Soto, ha cerrado las puertas (por el momento) a la liberación o siembra de maíz transgénico en dicho país. México, tan cerca de monstruos transnacionales como Monsanto o Syngenta y tan lejos de los dioses que crearon a los hombres de maíz como reza el libro comunitario maya del Popol Vuh, se ha reconocido como país donde la preservación de su alimentación es un hecho justiciable. La demanda fue presentada concretamente por 53 personas: campesinos y campesinas, artistas, personas investigadoras y activistas de derechos humanos. Pero obedece a una larga disputa jurídica, territorial e identitaria contra los citados monstruos como indica este colectivo: “México es la cuna donde nació el maíz, planta que hermanó en su territorio a decenas de culturas”.

Hace unas semanas, uno de los impulsores de dicho proceso colectivo, Narciso Barrera Bassols, me reafirmaba esa disputa que ha unido territorios, manejos sostenibles de recursos y tradiciones actualizadas: “ganamos, porque venimos ganando la batalla cultural”.  Y me citaba la presentación de exposiciones nacionales como Milpa: ritual imprescindible, la campaña Sin Maíz no hay País o el trabajo local en pos de asentar derechos y sabores propios de los distintos territorios que componen México. La milpa (esa asociación de maíz, frijo y calabaza) tan mexicana se ha impuesto culturalmente.  

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Fumiga, que algo queda: Zika, la Revolución Verde y Monsanto

Las noticias repiten las imágenes de técnicos pertrechados en uniformes de seguridad fumigando a diestro y siniestro. Así entraba el virus del Zika en nuestros imaginarios: asaltos a casas de apariencia muy humilde en busca de un enemigo que parece invisible. Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hablaba de una expansión “explosiva” de una enfermedad vírica, con riesgo de alcanzar 6 millones de casos. Según algunos titulares se trata de otra “enfermedad viajera” más. Para corroborar la amenaza de un "nuevo peligro global", se mencionaban algunos antecedentes de epidemias internacionalizadas en el último año, como los brotes de chikunguña o el dengue, también transmitidas por el mosquito Aedes y también focalizadas en países empobrecidos. Acto seguido, el pasado 1 de febrero, acontecía la declaración de emergencia internacional por parte de la OMS.

¿Y qué se proponen hacer las autoridades sanitarias nacionales e internacionales? La mayor parte de las informaciones insiste y reitera que el problema ha de focalizarse en un vector (el mosquito) controlable a base de químicos.  La OMS aconsejaba el uso de piriproxifeno que produce Sumimoto Chemical. Sumimoto también se dedica a recomendar la fumigación con herbicida de nuestros campos para erradicar “amenazantes” malezas como la verdolaga. Esta empresa es, en la práctica, una franquicia japonesa de la compañía Monsanto, que prefiere considerarla un “socio activo” en negocios e investigaciones con venenos. Monsanto controla el mercado mundial de semillas transgénicas y va camino de adueñarse del mercado de pesticidas. La verdolaga, uno de los “enemigos” de Monsanto que sirve de excusa para hacer negocios químicos, es una planta conocida en muchas culturas (mediterráneas y asiáticas) como alimento y como medicina por sus aportes de vitaminas, aminoácidos y antioxidantes.

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Mercados rebeldes ¿o 'turbocapitalismo'?

Son tiempos de revoluciones cercanas. Una civilización petrolera que toca a su fin nos convoca a buscar alternativas. Al igual que una sociedad consumista poco viable y muy insatisfactoria como destino humano. En el otro lado de la balanza (re)surgen lo próximo, el cuidado del territorio o el protagonismo ciudadano como referentes de nuevos cambios sociales. Se levantan laboratorios al margen de recetas prefabricadas. Ojalá se confirmen los malos tiempos para el bipartidismo, las croquetas congeladas y los tomates sin sabor.

Son también otras revoluciones. Lo aventuraron aquellos zapatistas que se levantaron en 1994: mejor hablar de procesos de rebeldía que de revoluciones invernales. Es decir: más procesos horizontales que autoritarismos proyectados; más sociedad con autonomía (democracia radical) mientras se presiona para la apertura de las instituciones modernas (democracias participativas); y construir caminos que experimenten desde hoy dinámicas de emancipación, ya sea cómo nos organizamos para ejercer la política o para comer.

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