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Chávez contra el latifundio

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Los intentos anteriores de reforma agraria terminaron, de una u otra manera, con el regreso a las concentraciones en pocas manos de las mejores tierras. Los proyectos de Medina Angarita (1945), Gallegos (1948) y Rómulo Betancourt (1960) no llegaron a buen puerto. Con el paso del tiempo, como efecto colateral de la renta petrolera y la corrupción generalizada, Venezuela tuvo que importar casi todo lo que consumía a pesar de las enormes posibilidades de producción agrícola y ganadera. Según Elías Jagua, ministro de Agricultura y Tierras, Caracas ha intervenido desde 1999 casi dos millones de hectáreas, de las cuales se redistribuyeron el 49% entre los campesinos, 40% en proyectos de propiedad estatal y el 11% para cooperativas. Aunque estas cifras parezcan importantes, debe tenerse en cuenta que Venezuela posee 30 millones de hectáreas de tierras cultivables. Al asumir las cooperativas el control de las tierras recién intervenidas o expropiadas, tendrán la consideración de propiedad social, obtendrán créditos y maquinarias del Estado así como la colaboración del ejército, que se encargará de desarrollar las infraestructuras básicas. Las autoridades de Caracas negaron que las medidas contra los latifundistas deban caracterizarse como expropiaciones. Por dos razones. Una, porque los dueños carecen supuestamente de títulos de propiedad. Otra, porque el artículo 307 de la Constitución establece que “el régimen latifundista es contrario al interés social”. Chávez trató de tranquilizar a los propietarios que mantienen tierras productivas: “El que tenga su fundo en producción no tiene nada que temer. El que tenga su propiedad individual, es decir pequeños fundos, le damos su carta agraria (de tenencia de la tierra); también si no tiene sus documentos, legalizamos el predio a través de cartas agrarias y le ayudamos”. Para sacar al país del subdesarrollo, el Gobierno bolivariano insiste en que se trabajen las tierras, aportando por su parte tecnología, recursos e inversiones. Chávez anunció que se acercaban nuevas conspiraciones en su contra, dentro y fuera del país, porque las contradicciones tenderán a acentuarse con la política de transformar el modelo económico capitalista. El tema agrario queda inscrito en esa perspectiva, porque “ellos, los capitalistas, controlan la tierra, el ganado, el transporte, los mataderos. Pueden recurrir al desabastecimiento para crear problemas y restarle apoyo al Gobierno”, además de apelar a la especulación con los precios de productos básicos. De estas reflexiones sobre próximos enfrentamientos en el terreno económico arranca la propuesta de partido socialista unido, que encuentra dificultades por el rechazo a incorporarse de otras formaciones que apoyan a Chávez durante las campañas electorales. El presidente declaró que respeta estas decisiones equivocadas de los aliados pero que él mantiene el rumbo y allá ellos. Dicho queda.

Rafael Morales

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