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Carlos Alonso: Póquer de populismo

Ferviente defensor del reparto clientelar del IGTE, de la Ley del Suelo para los empresarios, de la obra pública si la adjudica él, ahora pretende apañarse los planes de empleo

El público traga y traga con los fuegos de artificio hasta que le tocan los perendengues: y ha tocado la ampliación de la línea 2 del tranvía de Santa Cruz

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Carlos Alonso en la inauguración de la FIRST LEGO League

Carlos Alonso en la inauguración de la FIRST LEGO League Canarias Ahora

Podemos tiene la fama, otros el provecho. Pero visten bonito, hablan con propiedad y reparten inversiones publicitarias a la prensa para que cualquier cosa que digan parezca un hit. Son los populistas de postín que se van adueñando poco a poco de espacios competenciales con subterfugios muy vendibles mediáticamente, verbigracia, hay que cambiar el modelo productivo de Canarias; hay que resolver los problemas de movilidad de la gente y acabar con nuestro ancestral retraso en obras públicas; los ayuntamientos ya son mayores de edad y tienen técnicos muy cualificados para hacerse con la gestión del suelo. Y lo más reciente: las políticas activas de empleo las han de llevar los cabildos porque son las administraciones más cercanas a las necesidades de los ciudadanos y no hacen contrataciones de beneficencia. Son los cuatro ejes por los que están pasando en estos meses los nuevos aires que nos prometía la Coalición Canaria de Fernando Clavijo y de Carlos Alonso, los más destacados representantes del nuevo populismo ático. Los analistas políticos, los tertulianos (mira que hay tertuliano, tú), los articulistas de fondo y de velocidad, los editorialistas… no reparan o no quieren reparar en la tendencia iniciada por quienes tienen el mando en dos instituciones clave de la Comunidad Autónoma, su Gobierno y el Cabildo de Tenerife.

 

 

 

 

Alcaldes más salerosos

Hace unas pocas semanas los técnicos de ordenación del territorio de los siete cabildos se reunieron para analizar a fondo el proyecto de Ley del Suelo, una de las banderas del presidente Clavijo. Sus conclusiones fueron demoledoras porque coincidían casi hilo por pabilo con las alegaciones presentadas por el Cabildo de Gran Canaria, pivotando sobre dos ejes: no se puede entregar a los ayuntamientos el alfa y el omega del planeamiento porque eso puede suponer el caos, y tras el caos, el bloqueo del urbanismo en los tribunales de lo contencioso-administrativo, y dos, el control de legalidad debe seguir asumiéndolo la Cotmac como órgano colegiado de la Comunidad Autónoma donde se aplique el diseño territorial del Archipiélago, planes insulares incluidos. Pero cuando ese dictamen de los técnicos se elevó al pleno de la Federación de Islas (la Fecai), formado por los siete presidentes insulares, la cosa cambió radicalmente: Carlos Alonso fue el primero en tomar la palabra para alegar que él no estaba de acuerdo con sus propios técnicos ni, por supuesto, con aquellas conclusiones. Tras él, Marcial Morales (Fuerteventura) se sumó al desmarque, y remató, ciertamente con más tibieza, Pedro San Ginés (Lanzarote). Es decir, los tres cabildos con presidentes de Coalición Canaria, pero en los tres casos con el respaldo del Partido Socialista, convidado de piedra también en esta materia trascendental para el futuro de Canarias. Es evidente cuál es la consigna: Coalición Canaria debe recuperar terreno municipalista en islas como Gran Canaria, donde prácticamente ha desaparecido del mapa, pero también parece dispuesta a calmar las ansias de muchos de sus alcaldes en Tenerife, acorralados por la crisis y con escaso juego para el eterno clientelismo que tan buenos réditos ha generado para la mayoría de los partidos políticos. Tener la llave del urbanismo sin cortapisas es para un alcalde y para su concejal delegado de la cosa la piedra filosofal para transformarse en pueblos ricos con políticos más ricos y sabrosones; para repartir puestos de trabajo, reformar las casas consistoriales, hacer otro auditorio y una piscina climatizada. Aquí, en este erial, ¡venga! Al carajo los planes insulares, el diseño de futuro de la región: que el alcalde o alcaldesa puedan despacharse a su antojo y todo el mundo contento. No parecen habernos bastado tantas y tantas experiencias recientes.

Dale al tranvía

Un cuarto de lo mismo, pero más grosero, viene siendo lo del puñetero reparto del extinto Impuesto General de Tráfico de Empresas (IGTE), que ya no mencionan por su cuantía anual (160 millones de euros cuando aparezcan), sino decenal, esto es, 1.600 millones de euros para cambiar el modelo económico de la región. Es decir, complementar la industria turística (30% del PIB) con inversiones de 160 millones de euros al año por toda la geografía archipielágica, empezando por una plaza pública en la Vega de San Mateo (Gran Canaria) donde nos encontramos con un alcalde proclive a hacerse de CC. También en el reparto de este engañabobos, Clavijo ha contado con el decidido apoyo de los suyos, con Carlos Alonso a la cabeza, por supuesto. Hasta ahora no está confirmado que de ese maná que está por venir se vayan a financiar las obras (o parte de las obras) de la ampliación de la línea 2 del tranvía de Santa Cruz de Tenerife. Ha sido, salvo error u omisión, la única acción populista que está contando con el rechazo del pueblo. Carlos Alonso ya ha untado conveniente a la camarilla de periodistas de un muy concreto periódico para que empiecen a hablar como cotorras de las bondades del tranvía como recurso urbano integrador, palanca de desarrollo económico, generador de 150 empleos, eje vertebrador y tal y cual. Y que de paso pongan sordina a las protestas vecinales y comerciales de la gente de la avenida de Los Majuelos, que se van a tener que comer con papas unas obras que amenazan con dar la puntilla definitiva al pequeño comercio, como ocurrió cuando Melchior echó a andar el invento por el centro de la ciudad. Hay que ampliar el tranvía como sea porque Carlos Alonso tiene la necesidad del ricardismo, pasar a la posteridad por obras públicas, como los viejos próceres del populismo paternalista.

 

Ahora, a por el empleo

La ampliación del tranvía tiene muchos detractores, aunque mediáticamente pueda parecer que no. Y los detractores proponen alternativas, tanto para el trazado como para un modo de transporte menos invasivo y más económico: mejorar los servicios de Titsa, que dependen del Cabildo y que van cada día de mal en peor, según los vecinos. Pero de lo que se trata es del mesianismo: vamos a hacer más tranvía. Y el cierre del anillo insular, claro está, la otra merienda que Carlos Alonso, con el permiso de Fernando Clavijo, le está robando al PSOE, competente en la materia en el Gobierno de Canarias. Y como no hay dos sin tres ni tres sin cuatro, ahora le ha tocado el turno a las políticas activas de empleo, es decir, a los cuantiosos fondos que tiene la Comunidad Autónoma para formar y colocar a la gente desempleada. Una competencia delegada al Gobierno regional que no se puede delegar por mucho que se ponga Alonso a hacer el caballito con tirabuzón en medio de la plaza Weyler. Sus críticas a la gestión en empleo, en manos de la vicepresidenta socialista del Gobierno, Patricia Hernández, avaladas nuevamente por Clavijo, se empiezan a acercar peligrosamente a las que profiere constantemente el Partido Popular. Pero mientras este último lo que ha venido pretendiendo era justificar que el Gobierno de Rajoy cortara salvajemente esos fondos, lo que quiere Alonso es que se lo den a él para hacer lo mismo que CC quiere hacer con el IGTE, el tranvía, la Ley del Suelo y las obras públicas: puro clientelismo, la vieja política populista disfrazada de alto funcionario comunitario.

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