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Un luchador de artes marciales reconoce que golpeó al agente que dejó en coma y al que "jamás" quiso matar

Ricardo S. D., que se enfrenta a una pena de diez años de cárcel por tentativa de homicidio y atentado a la autoridad, entre otros delitos, niega haber pegado a su novia la noche en que se sucedieron los hechos

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El luchador de artes marciales acusado de dejar en coma a un policía, en el banquillo.

El luchador de artes marciales acusado de dejar en coma a un policía, en el banquillo. EFE/Ángel Medina G.

Un luchador de artes marciales, acusado de intentar matar en 2014 de un puñetazo a un policía, al ser recriminado por supuestamente maltratar a su novia, ha reconocido este lunes ante la Audiencia de Las Palmas que le golpeó con el antebrazo, pero que "jamás" tuvo intención de acabar con su vida.

El acusado, Ricardo S. D., se enfrenta a una pena de diez años de cárcel por tentativa de homicidio y atentado a la autoridad, entre otros delitos, tras dejar en coma al policía, según la petición formulada por el Ministerio Público por estos hechos, ocurridos la noche del 5 de diciembre de 2014 en la capital grancanaria.

El procesado, que solo ha contestado a las preguntas formuladas por su defensa, ha negado que pegara a su novia, con la que solo mantuvo ese día una discusión normal de pareja, así como que tratara de huir tras golpear al agente, pues ha dicho que, al verle caer, se asustó y su "reacción fue echar a correr".

Sin embargo, una vecina, que presenció los hechos ocurridos en la calle desde su casa, ha dicho que vio al acusado abofetear a su novia y ponerla contra la pared y que propinó un fuerte puñetazo al agente: "De codazo, nada", ha precisado, "fue con el puño".

La vecina ha manifestado que vio al acusado conducir cuando llegó con la chica al lugar de los hechos (Ricardo S.D. carece de permiso de circulación), que observó cómo discutían desde un principio y que éste dio un tortazo a su novia y la arrinconó en la pared.

Además, presenció cómo los dos agentes redujeron al procesado porque no les hacía caso y cómo, tras forcejear para que le soltaran, Ricardo S.D. dio un puñetazo en la cabeza a un agente, que salió despedido.

En su declaración de hoy, el policía que sufrió la agresión ha afirmado que no recuerda nada de lo ocurrido ese día y que las secuelas sufridas le afectan bastante.

Sin embargo, su compañero de patrulla ha señalado que el procesado hacía caso omiso a lo que le ordenaban, que les dijo que practicaba "vale tudo y que les iba a matar".

Según este agente, el procesado propinó un fuerte puñetazo a su compañero, al que dejó en el suelo "sangrando por los oídos y vomitando sangre".

La novia del acusado ha sostenido que la discusión fue la normal de una pareja, ha negado que se produjeran insultos y que le abofeteara, y ha dicho que es "totalmente falso" que el acusado dijera que iba a matar al agente o que practicara "vole tudo".

Según su relato, el acusado quería que los agentes le soltaran porque le estaban haciendo daño y que le dejasen en paz y fue al intentar zafarse cuando golpeó con un brazo al policía.

La víctima "no voló por los aires" como sostienen las acusaciones, sino que al caer se golpeó la cabeza con un borde saliente de la pared de un edificio, ha detallado la novia, versión que también ha expuesto un amigo del acusado, que ese día prestó su coche a la pareja.

Este amigo ha hecho hincapié en la fuerza empleada por los policías con el acusado, al que escuchó pedir "por favor que no le pegaran", así como en que la pareja discutía por tonterías, si bien en sus declaraciones anteriores había dicho que tenían una relación "conflictiva", cuestión que, junto a otros cambios en su versión, ha motivado el anuncio de la fiscal Beatriz Sánchez de que pedirá que se le abra una causa por falso testimonio.

La acusación particular, ejercida por tres sindicatos policiales, eleva la condena a 13 años y medio y reclama una responsabilidad civil de unos 80.000 euros, 26.000 euros más que la Fiscalía.

La defensa del acusado, por su parte, reclama su absolución y, subsidiariamente, califica los hechos como un delito de lesiones por imprudencia grave, en el que concurren diversos atenuantes, entre ellos el de legítima defensa, por los que pide una pena de nueve meses de prisión.

El procesado, que tenía antecedentes penales por lesiones a su anterior pareja, será juzgado por el presunto caso de maltrato que presenciaron los policías en otro procedimiento separado.

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