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“En el rechazo al inmigrante hay mucho miedo por desconocimiento”

El escritor y cineasta palmero Nicolás Melini, que reside en la capital de España, acaba de publicar su último libro, Africanos en Madrid. “He estado en un lugar privilegiado para contar algo que un escritor español, normalmente, no puede contar”, asegura.

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Nicolás Melini es escritor y cineasta. Crédito: LISBETH SALAS.

Nicolás Melini es escritor y cineasta. Crédito: LISBETH SALAS.

Africanos en Madrid es el último libro del escritor y cineasta palmero Nicolás Melini (Santa Cruz de La Palma, 1969), que reside en la capital de España desde 1993 y que en la actualidad pasa una estancia en Francia escribiendo e impartiendo conferencias. “Invisibles para la mayoría de sus conciudadanos, africanos de varias nacionalidades viven y trabajan en Madrid, conservando parte de su cultura y adaptándose paulatinamente a las costumbres del país de acogida”, reza en la contraportada de la publicación, pero Melini, en una entrevista con La Palma Ahora, precisa. “Los africanos en Madrid son, relativamente, muy pocos. Para mí son muy visibles. Pero entiendo que, desde el punto de vista del editor, que es quien ha redactado esas palabras para la difusión del libro, sean invisibles. Porque así le pasará, supongo, a la mayoría de la gente. Yo creo que, sobre todo, más que invisibles, los africanos que viven en España son poco conocidos. No es mucha la gente que conoce cómo es su vida. Al margen de ciertos estereotipos o facetas muy concretas”. Cree que “aún queda mucho tiempo para que sus hijos o los hijos de sus hijos nos cuenten cómo es ser africano en Madrid hoy (y de hoy en adelante). En literatura, estas son cosas que requieren su tiempo. William Saroyan escribiendo cuentos sobre su infancia en EEUU nos cuenta cómo era ser inmigrante armenio en los años 30 del siglo XX. En América, América, Elia Kazan nos cuenta el durísimo viaje de emigración de un tío suyo, muy similar en dureza al de muchos africanos hoy. Yo he escrito este libro desde la familiaridad del consorte. Es una realidad con la que he estado en contacto de manera natural el tiempo suficiente, los últimos 12 años. He estado en un lugar privilegiado para contar algo que un escritor español, normalmente, no puede contar. Y que todavía no podrán contar los descendientes de africanos, mi hija, por ejemplo, si  de mayor fuese escritora”, asegura.  

Cuando se le pregunta por qué se rechaza al inmigrante, responde: “No creo que sea cierto que se rechace al inmigrante. Se le rechaza y se le quiere, las dos cosas. Y, más allá de posiciones ideológicas, es normal que así sea. Que se le quiera, pero también que se le rechace. Yo me rodeo normalmente de gente que los quiere (o, ni siquiera, de gente como yo, de gente que ni los rechaza ni los quiere, que no tiene ningún problema con eso): los que se comportan con naturalidad ante este hecho suelen parecerme más inteligentes, o, al menos, eso que han superado. En el rechazo hay mucho de miedo. El miedo se debe al desconocimiento, al no trato, al trato con prejuicios. Es una cuestión, como todo, de madurez. El conocimiento nos hace madurar. Y porque existe ese rechazo de unos, también el cariño de otros, que a veces raya la molesta condescendencia, el paternalismo. Esto también es síntoma de inmadurez respecto de este asunto, pero preferible”. 

Luego, añade, “está la manipulación política en ambos sentidos, en el negativo y en el positivo también, a favor y en contra. Como siempre, la política no sirve para entender la realidad, mucho menos la verdad de las cosas, las utilidades de la política son otras. Cuando miras con la adecuada perspectiva la realidad de la inmigración subsahariana en España durante los últimos años, una cosa es el relato que los partidos políticos han hecho mediante su posicionamiento en los distintos debates, y otra lo que han estado haciendo de facto, y que yo conozco, básicamente, porque me encontraba en el punto de vista de los subsaharianos. Cosas que la prensa no ha contado, o no al nivel de cuestionar el relato oficial. Ese desfase entre realidad y política, entre relato político y relato de la realidad, queda reflejado en el libro”. 

En Africanos en Madrid, Melini dedica un capítulo a la mutilación genital femenina. “Fue un encargo. Que acepté. Me gustan los encargos. Siempre me permiten abordar temas que no tenía previsto abordar. Tenía algo de información, había visto una película de Ousmane Sembène, Moolade, muy interesante sobre el tema, y si se podía hacer una película sobre ello y que fuese una obra maestra, también debía de poder hacerse un cuento; había visto un documental, del cual no recuerdo el título, solo que era una producción catalana, y además tenía la posibilidad de tomar algún testimonio, directa e indirectamente, y había estado conviviendo en familia en el sur de Senegal lo suficiente como para poder imaginar el entorno donde sucedía la historia de manera veraz. Intenté escribir un cuento que pudiera leer hasta alguien que tuviese dudas sobre que practicar a sus hijas la mutilación genital femenina fuese un error, una estupidez, una barbaridad. Me puse en la piel de la mutilada. Hablé desde ella”, explica. 

La realidad y la ficción se mezclan en Africanos en Madrid. “La literatura que a mí me gusta siempre está entreverada de ambas cosas. Si no lo está, malo. Me gusta que haya cierta tensión entre realidad y ficción, entre biografía e invención, y entre géneros, también. Y creo que lo mismo sucede a muchos lectores. Entre realidad y ficción es donde el lector encuentra el modo de mezclarse con el libro”, afirma.

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