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El auge de la fórmula Fafo: ¿ha llegado el fin de la “crianza respetuosa”?

Los defensores de Fafo dicen que enseña a sus hijos la independencia y las consecuencias de sus actos, incluso si esas consecuencias son incómodas.

Emine Saner

27 de febrero de 2026 22:18 h

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En enero, un vídeo publicado en TikTok por Paige Carter, una madre de Florida, se hizo viral. Carter explicaba que había tirado por la ventana el iPad de su hija cuando esta se había portado mal de camino al colegio, y se grababa a sí misma recuperando la tableta, ya con la pantalla rota. El vídeo tiene más de 4,9 millones de reproducciones y Carter ha recibido felicitaciones en los comentarios, entre ellas uno que dice: “Aprender Fafo a una edad temprana: la mejor forma de criar a los hijos”. Bienvenidos a la tendencia parental que no parece desaparecer: “Hazlo y enfréntate a las consecuencias” [por sus siglas del inglés Fuck Around and Find Out].

En otro vídeo, cuando un niño pequeño anuncia que se va a ir de casa, su madre le dice “hasta luego”, cierra la puerta principal detrás de él y apaga la luz exterior, y luego le abre la puerta cuando él grita y golpea para que le dejen entrar (tiene más de 1,5 millones de “me gusta”). Según su madre, el niño habría aprendido “el significado de Fafo”.

El verano pasado, un artículo publicado en The Wall Street Journal anunciaba el auge de la crianza Fafo y el fin de la “crianza respetuosa”, una tendencia que comenzó hace unos diez años como respuesta a la crianza más autoritaria de principios de la década de 2000, a la que se ha culpado de todo, desde los jóvenes adultos con derecho a todo abocados a la decepción por las crueles realidades de la vida hasta el propio colapso de la sociedad. Los padres “suaves” afirmaban estar agotados de seguir el ejemplo de sus hijos, explicar cuidadosamente cada decisión, vigilar cada uno de sus movimientos y nombrar cada emoción que sus hijos pudieran sentir, de una manera tranquila y tierna.

La reacción contra la crianza respetuosa se ha estado gestando desde hace tiempo. “Se puede pasar todo el día viendo Instagram y ver cómo la gente se burla de ella”, dice la profesora Ellie Lee, directora del Centro de Estudios de la Cultura Parental de la Universidad de Kent. Lee afirma que “la crianza de los hijos se ha vuelto muy intensa”.

Los defensores de Fafo dicen que enseña a sus hijos la independencia y las consecuencias de sus actos, incluso si esas consecuencias son incómodas o, en caso extremo, duras. Sus detractores argumentan que se basa demasiado en el miedo y la humillación y que, aunque los niños puedan obedecer como resultado, daña la confianza. Sin embargo, si se hace correctamente, no hay mucha diferencia entre ambos estilos: la verdadera crianza respetuosa acepta los límites y las consecuencias, y el Fafo no tiene por qué ser punitivo. Pero se trata de una crianza influenciada por Internet, donde se potencian los extremos, se eliminan los matices y se fomenta la polarización.

“Soy partidaria de que los niños experimenten las consecuencias naturales, en el sentido de que no voy a estar peleando constantemente con mi hijo para que se ponga el abrigo”, afirma la Dra. Maryhan Munt, psicóloga y presentadora del podcast How Not to Screw Up Your Kids [Cómo no arruinar a tus hijos]. “Si no recogen sus juguetes y alguien pisa uno, se rompe. Creo que eso puede ser una buena lección. Lo que me preocupa más es decirles: 'Vale, prueba esa bebida gaseosa de la que tanto hablas'. Como padres, nuestra función es establecer límites y proporcionar apoyo a nuestros hijos. Cuando sea pertinente, puede haber consecuencias naturales. Pero cuando nos pasamos de la raya y llegamos a decir algo como: 'No me importa, si eso es lo que quieres hacer, hazlo', entonces creo que es ahí donde se envía un mensaje equivocado”.

Si la crianza Fafo se vuelve emocionalmente distante —'aprenderás por las malas, yo no voy a intervenir'—, los niños pueden interiorizar la vergüenza, sentirse desamparados o tener dificultades para dar sentido a experiencias que superan su capacidad de desarrollo

Emma Svanberg psicóloga

Los métodos de crianza respetuosos, o al menos lo que la gente suele pensar que implican, pueden hacer que los padres se sientan agotados, afirma la Dra. Emma Svanberg, psicóloga y autora de Parenting for Humans (Crianza para humanos). “Para mí, se trata de que los padres sienten que se les ha dicho que deben validar, empatizar, explicar y absorber la desregulación sin haberlo experimentado nunca ellos mismos en su propia infancia y con muy poco apoyo estructural. Creo que la crianza Fafo podría ser una reacción a eso, un cambio radical de algo que puede interpretarse como permisivo a algo que puede parecer más autoritario”.

La fórmula Fafo resulta atractiva, afirma Svanberg, porque “a un nivel inmediato y explícito, da permiso a los padres para relajarse y aplicar consecuencias naturales en lugar de negociar sin cesar con un niño rebelde y desobediente”. Los padres que crecieron en los años 90 saben cómo es criarse con un estilo de amor duro. La aparición de Fafo, afirma, “se produjo al mismo tiempo que la nostalgia por la crianza de los hijos en la década de 1990, y tendemos a encontrar más fácil repetir patrones que nos son familiares. Después de mucha presión sobre los padres para que criaran a sus hijos de manera específica y centrada en ellos en el contexto de la crianza intensiva, es casi inevitable que se produzca un cambio a nivel social”.

Además, añade Munt, los nuevos padres que observan a niños mayores que han sido criados “con suavidad” pueden llegar a pensar que este método no ha sido tan bueno para ellos: “Las pruebas parecen indicar que cada vez tenemos niños más ansiosos”.

Pero llevar el método Fafo al extremo también entraña un peligro. Svanberg dice que “los niños no solo aprenden de las consecuencias, sino también de cómo los adultos les acompañan a través de esas consecuencias. Si la crianza Fafo se vuelve emocionalmente distante —'aprenderás por las malas, yo no voy a intervenir'—, los niños pueden interiorizar la vergüenza, sentirse desamparados o tener dificultades para dar sentido a experiencias que superan su capacidad de desarrollo. El riesgo no es la independencia, sino el aislamiento emocional y la vergüenza”.

El acrónimo suena duro, pero se trata de permitir una consecuencia segura y adecuada a la edad en lugar de una intervención constante

Gaby González madre

Cuando Gaby González se convirtió en madre y se incorporó a grupos con otros niños pequeños, observó diferentes estilos entre las demás madres: “Hay madres helicóptero y otras que intervienen cada dos minutos”. La crianza Fafo le atrajo: “El acrónimo suena duro, pero se trata de permitir una consecuencia segura y adecuada a la edad en lugar de una intervención constante”. Dada la corta edad de sus hijos, son consecuencias a pequeña escala. Si su hijo de tres años quiere saltar en un charco en el parque, González le deja, aunque eso signifique quitarle la ropa mojada en el coche de camino a casa. “Tenemos una charla sencilla. Le pregunto: 'Oh, ¿qué ha pasado? Tienes frío. ¿Por qué tienes frío?'”.

González, de 41 años, es de Los Ángeles y fue criada por padres mexicanos: “Al estilo Fafo, ahora que lo pienso”. A los 12 años, se esperaba que contribuyera al negocio familiar, y a los 13, mientras vivía en México durante un tiempo, aprendió a conducir, sentándose sobre cojines para poder ver. “Tenía a mi padre allí para apoyarme, porque tenía una dinámica clara y segura con ellos, [pero] nunca experimenté una 'crianza suave' con ellos”.

González vive ahora en Reino Unido y está creando una comunidad online de madres. Cree que la fórmula Fafo está tardando en despegar allí. “La gente es más cautelosa”, afirma. “En cambio, en Estados Unidos y otros lugares de Europa, veo que la gente lo acepta”. Es un estilo que, espera, dará forma a: “Los hijos que quiero criar, y no quiero que sean malcriados. Necesito asegurarme de que [mi hijo] sea un ciudadano del mundo estupendo y productivo, que sea inclusivo, cosmopolita y abierto a nuevas experiencias”.

Se podría argumentar que ese es un objetivo bastante universal de la crianza de los hijos, igualmente importante en la crianza respetuosa, solo que se ha malinterpretado. “Lo que mucha gente ha practicado bajo el pretexto de la 'crianza respetuosa' es, en realidad, una crianza permisiva, centrada en el niño y de alta intensidad, que presta muy poca atención a los límites, el poder o el contexto de los adultos”, afirma Svanberg. “Muchos padres han encontrado esto increíblemente abrumador porque, cuando los niños no tienen límites claros ni expectativas, y los padres están estresados al máximo por la falta de apoyo, los niños tienden a intensificar su comportamiento. Fafo se opone a la idea de que los padres deben evitar todo malestar o angustia. El riesgo es que se pase de una implicación excesiva a una falta de respuesta, e incluso a un alejamiento punitivo”.

¿El extremo permisivo de la crianza respetuosa corre el riesgo de criar niños “desagradables”? “Por supuesto”, afirma González con una sonrisa. Lo ha observado en su carrera como especialista en primera infancia. “Si no se cuenta con las herramientas y los conocimientos adecuados, puede resultar contraproducente. Los niños prosperan con reglas, orientación y límites claros. Esa es mi opinión”. El estilo Fafo, afirma, no es “una crianza sin límites”. “Hay que asegurarse de saber en qué consiste y actuar con seguridad”. Tampoco es una crianza para perezosos: tal y como González describe su enfoque, parece tan laboriosa como la crianza suave o respetuosa, ya sea ayudando al niño a comprender las consecuencias de sus actos o recogiendo los platos rotos cuando las cosas le salen mal.

Algunos ejemplos típicos de Fafo que han surgido en Internet incluyen renunciar a la batalla para que un niño se ponga el abrigo y dejar que pase frío, o dejar que se vaya a la cama con hambre si se niega a cenar. Escenarios como estos no parecerán tan extraordinarios para cualquiera que haya crecido en el siglo pasado, pero es el tipo de línea divisoria que se ha abierto, especialmente en las redes sociales, entre padres en cada extremo. Las discusiones sobre los estilos de crianza, dice Lee, “ahora están muy ligadas a la expresión de la identidad”.

Algunos ejemplos típicos de Fafo que han surgido en Internet incluyen renunciar a la batalla para que un niño se ponga el abrigo y dejar que pase frío, o dejar que se vaya a la cama con hambre si se niega a cenar

La idea de los “estilos de crianza” surgió en la década de 1960, con los tres tipos identificados por la psicóloga e investigadora estadounidense Diana Baumrind: autoritario, permisivo y, tomando lo mejor de ambos, autoritativo. “[Baumrind] intentaba encontrar una salida a los conflictos que estaban surgiendo entre una visión tradicionalista de las relaciones entre generaciones y todas las cosas que empezaban a caracterizar a los años 60”, afirma Lee. La crianza autoritativa —que muchos padres y madres 'suaves' y Fafo dirían que practican— “tiene, en esencia, una combinación de lo que ella denomina calidez y exigencia”.

Requiere un sentido de autoridad adulta o parental, lo que a su vez exige una clara distinción entre adultos y niños. “Lo que ha ocurrido con el tiempo es que toda la frontera entre la edad adulta y la infancia se ha fragmentado mucho”, afirma Lee. En términos generales, la infancia ya no es lo que era: el tiempo de los niños está regimentado y lleno de actividades impuestas por sus padres; carecen de espacios físicos para jugar; están expuestos a los medios de comunicación para adultos y son sometidos a pruebas académicas implacables en la escuela, pero tampoco lo es la edad adulta. Los hijos adultos permanecen en casa durante más tiempo, la vivienda es inasequible y los puestos de trabajo son inestables. A esto hay que añadir el ruido generalizado de Internet y los mensajes contradictorios, así como la polarización de todo, incluida la crianza de los hijos.

“La gente está tratando de resolverlo de una manera bastante individualizada”, dice Lee. “Oscilan entre mensajes que les dicen que deben prestar una atención intensa y continua a cada uno de los sentimientos que tiene su hijo sobre cualquier cosa, y mensajes que les dicen que dejen a su hijo en paz. Creo que ambas cosas son horribles”.

¿Hay una dimensión política en cada una de ellas? Como dice el artículo de The Wall Street Journal: “El paradigma de los padres indulgentes frente a los padres Fafo no es exactamente lo mismo que el de los niños copo de nieve frente a los niños Maga, pero hay un aire parecido”. Lee opina que “puede que haya algo de eso”. El término Fafo tiene un matiz de derecha: en las redes sociales, es más probable que se utilice no en un contexto de crianza, sino en publicaciones que aprueban las acciones del ICE en Estados Unidos. Hay una dimensión general “anti-woke” en “algunas de las reacciones a la crianza suave”, dice Lee. “No sería de extrañar que se haya vinculado a una guerra cultural”. (Para que conste, González definitivamente no se describiría a sí misma como de derechas).

Pero Lee añade que es difícil hacer afirmaciones generales sobre la crianza de los hijos y la inclinación política. Fíjese en el debate sobre la vacunación en Estados Unidos, señala. El secretario de Salud de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., crítico con las vacunas, ha recortado las vacunas infantiles rutinarias. “Se podría pensar que eso forma parte del trumpismo y del MAGA, pero tiene un gran atractivo entre las llamadas madres crunchy [que favorecen un estilo de vida natural], las madres apegadas y el mundo de la medicina alternativa. Es bastante difícil relacionar la política con algunos de estos fenómenos”.

Si hay una reacción contra la crianza respetuosa, no es nada nuevo. Han pasado casi 30 años desde que la socióloga Sharon Hays escribió The Cultural Contradictions of Motherhood (Las contradicciones culturales de la maternidad) sobre la intensificación de la crianza de los hijos, que recae principalmente en las madres. “Ha habido un aumento de las exigencias que dicen a las madres, en particular, que tienen que pasar más tiempo con sus hijos, porque si no, los van a estropear y la sociedad va a fracasar”, afirma Lee.

“Creo que la popularidad de Fafo nos dice menos sobre si los padres se están volviendo más estrictos o más relajados, y más sobre lo poco apoyadas que están las familias”, afirma Svanberg. “Cuando los consejos sobre la crianza de los hijos oscilan entre extremos, a menudo reflejan un fallo estructural: muy poca comunidad, muy poco descanso, demasiada presión sobre los padres individualmente para que lo hagan 'bien'”.

La crianza Fafo es solo la última moda en llamar la atención en Internet. “Luego será otra cosa, pero será otra forma de lo mismo”, afirma Lee. Por supuesto, ya hay indicios de ello. Al navegar por TikTok, descubrí un estilo de crianza que no está dirigido a los niños y en el que se aplican consecuencias por las acciones, pero sin la humillación o la postura de “te lo dije” que algunos padres parecen disfrutar en Internet. ¿Su nombre? Gentle Fafo [Fafo suave].

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