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Ser la tía favorita: por qué es una figura tan importante para los niños y adolescentes

Patricia López Arnaiz como la tía Maite en 'Los domingos', de Alauda Ruiz de Azúa.

Carmen López

30 de enero de 2026 22:30 h

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Aunque despacio, los modelos de familia tradicionales se encuentran en pleno cambio. Ya no siempre hay figura paterna y materna o la hay por duplicado, los clanes ya no suelen ser tan extensos y los parentescos a veces no tienen nada que ver con la consanguinidad. Pero existe una figura que, aunque siempre la ha tenido, ahora ha tomado especial relevancia y con carácter positivo: la tía. Un papel muy importante tanto en la vida de quien lo ejerce como en la de sus sobrinos, sobrinas o sobrines.

Tania les saca 13 y 14 años a los suyos, así que su figura ha sido un poco la de hermana mayor pero con el extra de autoridad de una tía: “Fue una mezcla de juego, confianza absoluta y cariño que nunca tuvo fecha de caducidad”, dice a elDiario.es. Cree que entre los tres se han influido en la manera de hablar, de percibir la realidad o el sentido del humor. Y considera que, aunque se llevan bien con el resto de miembros de la familia, “lo nuestro es complicidad en estado puro: guiños, bromas internas, recuerdos que arrastramos desde su infancia y que siguen vivos sin necesidad de explicarlos. Es un lenguaje propio”.

También hay tías que no pertenecen a la familia en sí misma. Un papel que quizá representaba la ‘madrina’ de antaño, un término que ya no conlleva connotaciones religiosas. Irene, por ejemplo, es la de la hija de una amiga, que no está bautizada. Ese ‘título’ le otorga la posibilidad de participar en la crianza de la niña más si lo desea y, a efectos prácticos, es como una tía. “A mí una de las cosas que más ilusión me hacía era poder estar ahí para llevarla a la biblioteca”, comenta Irene, “porque su padre es estadounidense y ella convive con los dos idiomas, con el inglés y el castellano. Entonces yo soy la que la lleva a por los libros en castellano. Y me apetecía mucho revivir esa parte de mi infancia de la que tenía tan buen recuerdo”.

Lo nuestro es complicidad en estado puro: guiños, bromas internas, recuerdos que arrastramos desde su infancia y que siguen vivos sin necesidad de explicarlos. Es un lenguaje propio

Tania tía

Tania evoca esas primeras experiencias con mucho cariño: “Estrenos de cine, parques de atracciones, planes improvisados… Y aunque iba por ellos, yo lo disfrutaba igual. Me encantaba verles descubrir cosas que yo ya había vivido y ver en sus caras ese asombro”. A Irene le gustaría llegar a ser “esa tía de confianza con la que pueda ir a un concierto, ver una expo, desayunar o dar un paseo”. Tania ya ha alcanzado ese nivel: ahora los tres son adultos, poseen sus propias ideas y sus circunstancias, así que debaten e incluso se pican un poco, pero “nunca, jamás, nos hemos enfadado”, asegura, “lo nuestro es un vínculo que nació solo, creció sin esfuerzo y, a día de hoy, sigue siendo una de las cosas más bonitas que tengo”.

Rubén (nombre ficticio) ofrece la versión desde la otra parte. Él ha crecido y guarda mucha relación con tres hermanas directas de su madre, aunque con una de ellas mantiene un lazo más estrecho. “Es una persona que me ha acompañado desde la infancia en todas las etapas de mi vida y, por lo tanto, hemos podido tener tiempo y espacio para construir una relación más cercana que va más allá de lo que sería una tía, sino que para mí es como una segunda madre”, declara. Hubo un momento clave en su historia, cuando él estaba pasando por un momento duro y ella le abrió las puertas de su casa: “Me ofreció su intimidad y me brindó básicamente la oportunidad de irme a vivir con ella cuando realmente lo necesitaba y no tenía medios materiales para hacerlo de otra manera hasta que los encontré y pude comenzar una nueva etapa por mis propios medios”, asegura, “me ayudó completamente sin pedirme nada a cambio y sin condiciones”.

Para él, sus tías han sido esenciales en su formación aunque tampoco las romantiza sin límites. “Cuando se juntan son una verdadera mafia. Entonces también hay que estar alerta ahí. Hablamos de personas que son diferentes entre ellas y que operan bajo una orientación o bajo un objetivo común y se parecen, pero cada una es cada una. Es decir, he tenido una relación desigual con ellas”, señala. Aunque deja claro: “Yo sería otra persona si no las hubiera tenido cerca y en particular si no hubiera recibido la ayuda y la comprensión que recibí cuando más lo necesitaba”.

Yo sería otra persona si no las hubiera tenido cerca [a mis tías] y en particular si no hubiera recibido la ayuda y la comprensión que recibí cuando más lo necesitaba

Rubén sobrino

Un nicho de mercado

En los últimos meses, en redes sociales como Instagram o TikTok se ha viralizado la figura de la ‘tía guay’ entendida como una mujer independiente, con dinero y una existencia libre de ataduras. Muchos de los vídeos muestran a la protagonista en un ambiente tranquilo con un mensaje del tipo “plan A: casada a los 25, casa a los 27, hijos a los 30” y segundos después de fiesta en un yate y la frase “plan B: tía guay”. Un dato: ni siquiera es necesario tener sobrinos para considerarse parte del grupo.

Se da sobre todo en el mundo anglosajón, dónde ya en 2008 una mujer llamada Melanie Notkin comenzó a ganar dinero con la explotación del concepto PANK, Professional Aunts No Kids (tías trabajadoras sin hijos), acuñado por ella misma. En 2009 instituyó el día de la tía (23 de julio), en 2011 publicó su libro Savvy Auntie: The Ultimate Guide for Cool Aunts, Great-Aunts, Godmothers, and All Women Who Love Kids (Morrow) y en 2014 sacó sus memorias, tituladas Otherhood: Modern Women Finding a New Kind of Happiness (Seal Press/Penguin Canada 2014). Por supuesto, colabora en diversos medios, tiene una charla TED y da conferencias allí donde la reclamen. La ‘tía guay’ necesita ganarse el sueldo.

En algunas publicaciones como Los Angeles Times consideran este arquetipo como la oposición al de tradwife, ya que “en un momento en que la autonomía corporal de las mujeres se ve limitada por una serie de leyes antiaborto, la 'tía genial' ofrece un modelo de independencia sexual segura de sí misma” y añade que “ofrece una alternativa crucial a las limitaciones de la familia nuclear. Para las adolescentes queer, una tía estupenda puede ser una fuente de apoyo emocional y material”.

Por supuesto, la tía molona de las redes sociales no deja de ser un personaje construido a base de clichés que las marcas han convertido en un objetivo de ventas (‘en su día, regálale X’), pero, sepultada bajo todo el peso del turbocapitalismo, reside la figura en la que se inspira.

En el contexto español existen pioneras en crear contenido sobre este tema en redes como la actriz y presentadora cántabra Teresa Gareche, que sí se identifica como “cool aunt”. Después de cumplir los 30 años, se separó de su última pareja y se le quitaron las ganas de “seguir jugando a los roles tradicionales”, aunque no esperaba convertirse en una “solterita de oro” como ha sucedido. “He dejado de centralizar mi vida en el amor romántico y ahora me dedico a tratar de vivir en paz, con pareja o sin ella. Estoy enamorada de mi trabajo y de mi red de seguridad. Disfruto siendo cuidada y cuidando de mis amigos, familia y principalmente de mi sobrina”. Uno de los posts fijados en su panel de Instagram es el de ‘Mandamientos para ser una tía guay'.

La 'tía genial' ofrece una alternativa crucial a las limitaciones de la familia nuclear. Para las adolescentes queer, una tía estupenda puede ser una fuente de apoyo emocional y material

Los límites de la tía

Para Teresa Gareche, este rol es parecido a ser ‘padre ausente’: “Tú te encargas de consentir y su madre se come los marrones de educar y reñir. La diferencia es que siendo ‘tía guay’ actúas intentando hacer de mediadora para facilitar la labor de la maternidad a tu hermana, no aprovechando para quedar por encima como un ‘santo varón”. Sin embargo, en todas las relaciones familiares, y esta no podía ser menos, a veces el límite de implicación permitido no está muy claro y se puede caer en el intrusismo.

La psicóloga Ainhoa Plata expone una regla muy básica y fácil de seguir para evitar conflictos: “Acompañar sin invadir. Es importante respetar siempre las normas que ponen los padres”. Además, apunta que “a una tía no le corresponde desautorizar, ni imponer sus criterios, ni entrar a corregir o a educar en aspectos que competen directamente a los padres”. Salvo algunas excepciones con circunstancias muy específicas, ella percibe que la figura es positiva “cuando existe un buen vínculo entre los padres y sus propios hermanos. Del mismo modo, tiende a ser negativa cuando la relación entre ellos es conflictiva”. 

Acompañar sin invadir. Es importante respetar siempre las normas que ponen los padres

Ainhoa Plata psicóloga

La situación también puede cambiar cuando la tía se convierte en madre. Verónica (nombre ficticio) cuenta: “Yo era la que llegaba y jugaba horas a lo que ellos querían, pero luego me iba a mi casa y podía descansar. O si tenían alguna rabieta yo no tenía que ser la encargada de solucionarlo del todo si se iba de las manos”. Pero cuando nacieron sus propios hijos, se le hizo imposible compaginar los dos roles: “Ya no tenía tantas fuerzas para llegar y tirarme al suelo o ponerme a jugar al ‘pilla pilla’. Eso me tocaba hacerlo con los míos pero sin poder ‘descansar’ al irme a casa”. Asegura que no cambiaría para nada su situación pero “sí es cierto que, por mi vivencia, ser tía era más divertido”.

¿Es posible compaginar ambos papeles cuando sobrinos e hijos son aún pequeños? Plata explica que no es sencillo. “No puedes estar en un mismo juego y, por un lado, ser la tía que lo permite todo y, por otro, ser la madre que está marcando límites”, afirma. “Ahí aparece un dilema natural: tu hijo puede sentirse tratado de forma diferente, o puede no entender por qué con su primo hay más permisividad”. Para ella no es incompatible ser la tía enrollada con tener un hijo propio pero, obviamente, es más fácil cuando ambas condiciones no coinciden en el tiempo: “Todo cambia cuando la maternidad entra en escena”. De hecho, la psicóloga comenta que cuando sus sobrinos eran pequeños aún no tenía hijos, lo que le permitió “disfrutar de lo mejor de la maternidad sin todas sus responsabilidades y cargas. Básicamente es como tener a ratos lo mejor de ser madre, pero con espacio y libertad. Y eso, la verdad, ¡es la caña!”, concluye.

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