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Sara Torres, escritora: “Yo no quiero ni seguidoras ni fans, quiero lectoras y amigas”

Sara Torres, autora de 'El pensamiento erótico'.

Carmen López

17 de enero de 2026 22:49 h

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Aún no se han cumplido dos años desde la publicación de su último trabajo, la novela La seducción (Random House), pero Sara Torres vuelve a ocupar un puesto en el espacio de novedades de las librerías. Lo hace con un ensayo titulado El pensamiento erótico, editado por el mismo sello, un escrito cuyo objetivo es escapar del binarismo que la heterosexualidad impone en la sociedad. Esta es una forma muy escueta de resumir un texto lleno de recovecos, apuntes y referencias a autoras importantes para la escritora como Anne Carson, Monique Witting, Audre Lorde o Teresa de Lauretis, entre muchas otras.

Dice por teléfono a elDiario.es que ahora mismo “se siente tranquila”, después de la promoción del título anterior, que fue intensa. Además, también participó en actos culturales, colaboró en proyectos colectivos como Deseo, cuerpo y emociones (Txalaparta) y atendió el consultorio 'Está bien sentir' en este medio. Con El pensamiento erótico “he hecho lo que era natural para todos los años de trabajo y de lecturas”, sostiene, “y creo que es un libro que se suma a una bibliografía de ‘poéticas de la resistencia”. Una lista de títulos que incluye los poemarios La otra genealogía, que ganó el Premio Nacional de Poesía Gloria Fuertes; Conjuros y Cantos, El ritual del baño o novelas como Lo que hay (Reservoir Books, 2022), entre otros. 

Ha pasado muy poco tiempo desde la publicación de su anterior trabajo. ¿Cuándo se comenzó a fraguar El pensamiento erótico?

Es una escritura muy antigua. El proyecto del pensamiento que está en este libro ha sido toda la actividad teórica que me ha acompañado durante la escritura literaria en las dos novelas y desde la Universidad, pasando por el doctorado y el postdoctorado. Había una investigación muy larga que me costaba compartir porque tenía que encontrar el tono y la disposición del cuerpo. Cuando pude descansar después de la promoción de La seducción me pude retirar un tiempito y lo puse en orden.

Y se fue a Lesbos para ello.

Quería terminar de escribirlo en Lesbos, sobre todo porque para mí la poesía de Safo tiene una propuesta de una ética de las amantes y de un pensamiento sobre el cuerpo enamorado. Y es una poesía muy atravesada por lo material, por el paisaje, por las fuerzas vitales y tenía deseos de encontrarme con ese paisaje donde escribió para entender algunas imágenes de sus poemas.

No es un mal paisaje, por supuesto.

Es curioso, porque Lesbos se puede idealizar como un lugar de simbolismo originario de la experiencia lesbiana. Pero es un espacio atravesado por muchas tensiones distintas. No llegas ahí y te encuentras ningún paraíso sáfico, también hay conflictos. Ha habido durante muchos años un campo de refugiados muy complicado, con unas condiciones muy violentas para la vida. Ha habido peregrinajes de mujeres en los 70, en los 80, buscando un lugar donde expresar su amor libremente que se ha encontrado también con la resistencia local conservadora. O sea que hay muchas fuerzas distintas ahí.

¿Esas fuerzas influyeron de alguna manera en el remate de su libro? ¿Están en la parte que le quedó por escribir allí?

Definitivamente, porque el campo de Moria es donde intentaban sobrevivir malamente los refugiados. Era un lugar con mucha tensión, con una potencia muy contraria a la vida. Y cuando estamos en un espacio hay que reconocer todas sus realidades, no idealizarlo y proyectar nuestro deseo sobre él. Para mí también fue muy importante no llegar a Lesbos pensando solo en que iba a recuperar la patria de Safo, ni muchísimo menos, sino llegar atenta, entendiendo que es uno de los principales accesos a Europa para las personas refugiadas que cruzan el mar Egeo. Fue bello entender también el conservadurismo antilesbiano que convive con comunidades de mujeres que llegaron en los 70 e hicieron protectoras de animales y tiendas de verdura ecológica. Hay un poco de todo.

¿Cuál es la idea esencial que quiere transmitir en El pensamiento erótico?

El pensamiento erótico no es una ideología, es una práctica del pensar y el hacer en fuga con respecto a la educación heterosexual heredada. El libro primero da herramientas, sobre todo de la mano de Monique Wittig, para analizar lo que sería esa estructura base del pensamiento heterosexual. Y una vez que atravesamos ese análisis, el grueso del libro son las prácticas de las amantes que no se conforman con un mundo dado, sino que entienden que los mundos se hacen.

Sostiene que la fantasía erótica está delimitada por el heteropatriarcado. ¿Qué pasaría si no fuese así?

Lo interesante es que no lo podemos saber. El pensamiento erótico no te promete llegar a ningún lugar concreto, sino que facilita la movilidad, una mirada atenta para que la vitalidad de lo que hay pueda transformar el pensamiento. Desde luego, creo que nos llevaría a una transformación en lo simbólico que cambiaría nuestra forma de estar en el deseo y nuestra forma de concebirnos corporalmente. Cuando se suspende la lógica de género aumentan enormemente el rango de movimientos y las capacidades de un cuerpo en el espacio.

A veces, cuando se dirige la atención política demasiado al futuro, se pierde el presente. Lo que puede ser el futuro se está jugando en el ahora todo el tiempo

El cuerpo es un elemento muy presente en el libro desde la propia cubierta, con esa imagen de la arquera de espalda y brazos musculados. En general, sobre todo las mujeres, las personas tenemos una relación incómoda con nuestro cuerpo, incluso las que encajan en el canon de belleza normativa. ¿Llegará a ser posible un mundo en el que ese malestar no exista?

Cuando trabajo, no valoro la posibilidad del esfuerzo con el encuentro con finales de éxito. Entiendo que tenemos que esforzarnos en el presente para poder sufrir menos y tener menos fobia al cuerpo. Pero no creo necesariamente que haya finales felices o totalidades que funcionen, sino que creo que tenemos que hacernos cargo de las posibilidades del presente. Creo que el futuro ya está en el gesto subversivo de hoy. En cuanto hoy decidimos no aceptar ideales o normas o imperativos que nos hacen estar incómodas como cuerpo ya cambia el paisaje.

Entonces no le gusta imaginar futuros.

Yo creo que imaginar presentes es hacer futuros. Y a veces, cuando se dirige la atención política demasiado al futuro, se pierde el presente. Lo que puede ser el futuro se está jugando en el ahora todo el tiempo. Me importa lo suficiente cuidar hoy, no intentar revertir los errores en el futuro.

Ha trabajado mucho sobre el concepto de la dulzura ¿Cómo lo explicaría?

Quizá es el único concepto filosófico que propone con fuerza la pensadora y psicoanalista Anne Dufourmantelle. Ella habla de la dulzura como una posición de defensa de la vida y como algo a lo que no hay que renunciar. Porque, cuando lo hacemos, empezamos a entrar en una especie de muerte. De hecho, en el orden patriarcal del pensamiento y de la ley, es un término minorizado: se considera que los dulces son los tontos, son los infantiles, son los blandos. Hay una cadena de minorización, de lo suave, de lo que acoge, de lo que de lo que espera, de lo que es amable. Y precisamente con todos estos términos tan atacados yo creo que hay que ocupar el espacio público y hay que practicar el pensamiento.

De pronto en el libro aparece, casi como un apunte, el genocidio de Palestina y la Flotilla de la Libertad de Gaza de junio de 2025 cerca de la afirmación: “El mal tema de la belleza”. ¿Por qué?

Yo estaba escribiendo en un contexto de genocidio que cambió la mirada que tenemos sobre el mundo y nuestra forma de entender el mal en lo contemporáneo. Nos expuso a la obviedad del mal y no hay una vuelta atrás después de esa experiencia y hay una responsabilidad política colectiva que pasa del reconocimiento de lo que está sucediendo. Entonces, a pesar de que El pensamiento erótico es un libro sobre la codificación y la imaginación del cuerpo enamorado, a mí me parecía importantísimo dejar evidencia de que el cuerpo enamorado es un cuerpo político y que el tipo de cuerpo enamorado, que es el sujeto de El pensamiento erótico, es un cuerpo sensibilizado gracias al eros. Y esa sensibilidad que recupera con el eros es una sensibilidad de resistencia a la capitalización de la vida, al imperialismo y a todas las fuerzas genocidas que construyen la diferencia, que construyen justificaciones para la violencia y para el borrado.

El pensamiento erótico no es un texto fácil. ¿Cómo cree que lo acogerán sus lectores?

Es un libro que no tiene aspiraciones a ser ningún superventas sino de llegar a la intimidad de algunos cuerpos que lo elijan. Y creo que para las personas que entren en él puede servir de gran compañero para la vida, sobre todo porque al final es un compendio de un montón de lecturas y de saberes que a mí me han acompañado y me han hecho la persona que soy hoy. O sea, lo que he hecho básicamente es compartir las lecturas más mágicas que me han ayudado a estar en el mundo.

No creo que sea ninguna 'influencer'. Me pregunto por qué da esta impresión, porque en realidad soy una chica lesbiana que ha trabajado siempre con lecturas muy minoritarias y que ha tenido conversaciones no fáciles sobre las cosas

Supongo que es consciente de que se ha convertido en una it-girl o famosa de la literatura con una legión de seguidoras impresionante. No sé cómo se siente en esa posición.

Te agradezco muchísimo la pregunta porque me das una oportunidad para contestar a esto. Este término de ‘legión’ de seguidoras o ‘las hordas’, que se utiliza mucho, a mí me impresiona porque me parece como si fuese una falta de respeto a las lectoras que son personas que tienen un deseo de sentir y de saber y que ponen el cuerpo en los encuentros para tener conversaciones muy complejas y muy honestas. Entonces yo verdaderamente no creo que nada de mi propuesta tenga que ver con las masas, sino con las conversaciones honestas y con la gente que no se da por vencida, que quiere seguir transformando el día a día. 

La verdad es que no creo que sea ninguna influencer. Me pregunto por qué da esta impresión, porque en realidad soy una chica lesbiana que ha trabajado siempre con lecturas muy minoritarias y que ha tenido conversaciones no fáciles sobre las cosas. Yo creo que el hecho de que los libros hayan llegado, lo que revela es la belleza de un montón de cuerpos que en el presente estamos buscando alternativas. Todas esas lecturas, todos esos encuentros, revela también un paisaje político y creativo, esperanzador pero elegido.

Aparece mucho el término ‘sacerdotisa’ en lugar de decir ‘tiene muchas lectoras o personas que están en una conversación compartida’. Hay términos que incluso para el patriarcado podrían significar que lo que hacemos es menos serio.

¿Por qué le parece peyorativo el término ‘legión de seguidoras’? ¿Por el belicismo que se le puede vincular? Porque no me parece negativo, ni muchísimo menos.

Yo soy superconsciente de que no se dice en negativo para nada. Pero creo que todo este vocabulario lleva a lo superficial lo que es más profundo. Porque las seguidoras son algo que se gana y se pierde. Sin embargo, las lectoras son personas implicadas íntimamente en un trabajo en común. Y nunca veo seguidoras ni veo legiones, veo personas acudiendo a la urgencia de ciertas conversaciones y veo inteligencias y sensibilidad y todo eso es muy hermoso, como para reducirlo a esos términos tan explosivos donde parece que estamos hablando de followers o de impacto.

Supongo que es contaminación de los términos que se usan en redes sociales: tienes lectoras, tienes seguidoras.

Yo no quiero ni seguidoras ni fans, quiero lectoras y amigas o personas pensando a la vez.

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