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Ser o no ser una empresa con software ERP agroalimentario, esa es la cuestión

Un tractor pulveriza agua sobre cultivos

Si un estudiante de tecnología tuviese que resumir la revolución digital con un solo ejemplo, podría usar el ERP. Contaría una historia épica: su origen en EEUU a finales de la II Guerra Mundial para gestionar la producción y la logística militar; su desarrollo en los años setenta para enfrentar las crisis del petróleo; otro salto cualitativo con el boom informático de los ochenta y noventa; y los siguientes a lomos de internet: se convierte en software como servicio, extiende el acceso universal desde la nube y se democratiza aún más gracias al código abierto y el low code, que facilita la programación de aplicaciones personalizadas. 

Por el camino se ha casado con las tecnologías que le ayuda a centralizar y automatizar la gestión de los recursos empresariales, desde las de inteligencia de negocio a, cómo no, la inteligencia artificial generativa. Resultado: los ERP se han convertido en “la espina dorsal tecnológica de muchas organizaciones modernas”, como explica Jesús Arboleya, Responsable de Producto de Velneo, empresa especialista en software de gestión.

Espina dorsal, y sistema nervioso, porque integra las principales áreas de negocio. Finanzas, contabilidad y recursos humanos. Procesos de manufactura y producción. Compras, ventas y marketing. Cadenas de suministro y atención al cliente. Gestión de nuevos proyectos y de la calidad. Y funciones clave como autenticación de usuarios, encriptación de datos o auditorías internas. 

Esa versatilidad explica que los softwares ERP se adapten a todo tipo de sectores estratégicos en España, desde el sanitario y la automoción al agroalimentario, que incluye al vitivinícola. Precisamente, el agroalimentario resulta interesante porque su implantación de ERPs especializados refleja su evolución desde unos usos tradicionales a la gestión tecnológica obligada frente a los retos regulatorios y de competencia en el mercado.

¿Para qué sirve un software ERP agroalimentario?

Como explica el Responsable de Producto de Velneo, el software ERP agroalimentario puede marcar la diferencia entre un negocio desbordado por el volumen de la gestión a uno que automatiza todas las tareas posibles: “El sector agroalimentario es demasiado complejo para gestionarlo con soluciones genéricas o fragmentadas, necesita tener el control total del negocio para dejar de apagar fuegos y tomar decisiones operativas, logísticas y financieras basadas en datos fiables”. 

Dicho de otra forma: las empresas agroalimentarias necesitan lidiar con tantos factores variables —clima, meteorología, cosechas, precios, costes, regulaciones, burocracia, competencia local, nacional e internacional…—, que gestionar tareas automatizadas les libera para centrarse en el core de su negocio.  

Y más allá: en un sector que se queja de una presión regulatoria excesiva, y con dificultades en el relevo generacional de oficios y negocios, contar con un software ERP especializado en agroalimentarias puede hacer que un emprendedor se anime a fundar o continuar un negocio.

La fluidez de la gestión se está convirtiendo en un factor competitivo. Por ejemplo, el software ERP agroalimentario se comunica automáticamente con el sistema RETO (Registro Electrónico de Transacciones y Operaciones con productos fitosanitarios, obligatorio en España) y generar alertas de cumplimiento legal para evitar sanciones. Asume gestiones rutinarias como albaranes, facturas y conciliaciones bancarias, además de inventarios y control de , la trazabilidad de los productos hasta la venta y de las auditorías sanitarias, entre otras.

El software ERP de Velneo

En el caso del software de Velneo, la digitalización de flujos de trabajo “se traduce en el ahorro directo de costes y una reducción de hasta el 94% en reclamaciones administrativas”, detalla Arboleya. Sobre este aspecto, José Miguel Castilla, e-commerce manager de la cooperativa Granada La Palma, dice que su software ERP agroalimentario se centra en el core del negocio para gestionar personal, trazabilidad, almacenes y actividades productivas en el campo. “Empodera a nuestro equipo IT en el desarrollo de aplicaciones sin depender de empresas o consultoras externas”.

La hibridación con nuevas tecnologías agrícolas como sensores IoT y maquinarias conectadas potencia el ERP como centro de procesamiento de datos: de cultivos, parcelas y tratamientos para planificar cosechas y los insumos necesarios, o para prepararse frente a una meteorología adversa y la amenaza de plagas. Esa visión preventiva —en vez de reactiva, cuando el problema ya está ahí— puede salvar una campaña.

Por su parte, Pablo Gómez Almoguera, director de Tecnología del grupo hortofrutícola La Caña, destaca la capacidad de su ERP para integrarse con sistemas IA, de reconocimiento facial y sensores avanzados, claves en la agricultura industrializada y de precisión. “La potencia y productividad del low code nos permite crear todas las soluciones necesarias para un sector tan avanzado como el nuestro”.

El software ERP agroalimentario se diseña con formato modular para crecer con las necesidades de la empresa, provee gráficos de datos clave —márgenes, gastos, rotación de productos…—, una interfaz sencilla en una sola app para usarla a pie de campo o de fábrica, puede coordinarse con otros ERP y facilitar la gestión colectiva en cooperativas. Y puede actualizarse con aplicaciones específicas como, por ejemplo, seguimiento de maquinarias, mantenimientos preventivos o la comunicación con proveedores, fabricantes y distribuidores en una plataforma común para planificar y mejorar la logística.

“Nos simplifica el día a día —tercia Jaime García, responsable de TI en el distribuidor de suministros agrícolas Delagro—, centraliza la información para un mejor control y planificación de todas las tareas. Esto se traduce en más simplicidad y ahorro de tiempo de las labores administrativas”.

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