Esther García Llovet, escritora: “En los guiones es donde está la pasta”
Un resort de lujo en Villajoyosa en temporada baja y un puñado de personajes que son unos canallas, cada uno a su propia manera y según sus circunstancias. Todos menos el pobre Primo, que les aguanta las tontunas a cambio de chantaje y una promesa improbable, aunque tampoco imposible. Esos son los ingredientes principales de Las jefas, la nueva novela de Esther García Llovet, con la que cierra la Trilogía de los países del Este después de Spanish Beauty (2022) y Los guapos (2024), todas ellas publicadas en Anagrama.
Si el hilo que unía a su anterior saga de tres novelas Trilogía instantánea de Madrid (Cómo dejar de escribir, Sánchez y Gordo de feria) era dicha ciudad, la unión aquí también viene dada por la ubicación aunque no salga en el título. La costa mediterránea (en concreto Benidorm, El Saler y Villajoyosa) le han servido a la escritora para desarrollar sus tramas que no tienen nada que ver entre ellas, más allá del reconocible estilo de escritura de García Llovet, humorístico sin caer en la caricatura o la gracieta. “Una es una novela negra, otra es una novela de ciencia ficción y esta es una novela de pasiones inconclusas, vamos a ponerlo así”, dice a eldiario.es.
Reconoce que le gusta mucho esta zona del Mediterráneo que visitó por primera vez con un amigo hace ocho años. La compara con: “Los cayos del sur de Estados Unidos. Un sitio como muy alocado, que no parece España, ni Europa ni nada”. Es decir, un plató estupendo para que sus personajes hagan canalladas constantemente sin que se monte ningún escándalo: “Son jugarretas. Yo creo que la gente cuando tiene mucha pasta y se aburre o se mete mucha coca o se pone a hacer estas cosas o se van de viaje el fin de semana a Catar, yo qué sé”. Y especifica: “Yo me quería divertir con ellos. He intentado que se divirtieran ellos también y espero haberlo conseguido”.
Un resort de superlujo es, sin duda, un espacio ideal para desarrollar una historia. Allí se le da al cliente lo que quiera y más y parece que siempre es temporada baja porque “lo tienes todo a tu exclusiva disposición, que acaban de montar el paraíso para tus ojos”, escribe en la novela. García Llovet se inspiró en uno que existe en realidad, que está cerca de Benidorm, pero no se pudo alojar allí porque una noche vale 700 euros. “Yo intento ir a los sitios en donde voy a localizar las historias”, declara, pero cuando vio el precio, decidió cambiar de estrategia: “Me puse a mirar el Instagram de gente que estaba allí”.

“Hay parte que me lo he imaginado, por supuesto. Qué sé yo si existe el tipo de piscina que cuento. Y si es así el edificio me da igual. Como este va a ser mi best-seller, el libro que me dé pasta, me paso allí una noche y lo veo”, sostiene de cachondeo. También colocó cerca un museo diseñado por el arquitecto Frank Gehry que se llama Luma y está en Arlés, en el sur de Francia. “Ahí igual me he pasado un poco de la raya, porque he metido más inventado que real con ese sitio”, señala.
Es improbable que alguien se vaya a enfadar por ese detalle, aunque las ofensas a veces surgen de forma imprevista. Dos días antes de la presentación de su novela Spanish Beauty en Benidorm [donde transcurre la trama del libro], en 2022, la librería que acogía el evento lo suspendió. La razón que los responsables adujeron fue que en una entrevista le habían preguntado a la escritora por la corrupción en Valencia y ella había mencionado el nombre de Rita Barberá. “O ese fue el argumento que me dieron a mí. Pero claro, es que me preguntaron por la corrupción en Valencia, no sobre la corrupción en Miami”, explica.
Lo del cine
Afortunadamente, su relación con Benidorm no tuvo más desencuentros que ese. De hecho, novela estuvo a punto de adaptarse a la pantalla y ella estuvo allí, incluso hablando con la policía local sobre temas que podían estar relacionados con el libro. Finalmente el proyecto no salió adelante y los derechos de Spanish Beauty para su adaptación al cine vuelven a estar disponibles. Sin embargo, y aunque le gustaría que su novela pasara al formato audiovisual, prefiere que sean otros los que se encarguen de hacer el guion porque no cree que sea buena idea que el escritor sea quien lleve a cabo esa tarea.
“Tienes en la cabeza un universo que has construido durante un tiempito, estás demasiado pegada a eso”, desarrolla; “a mí me parece bien que hagan las adaptaciones otros, lo que quieran, pero si lo hago yo me encuentro en un sitio muy raro. Es como hablar en un idioma que no es el mío, aunque esté contando la misma historia”. Ella prefiere escribir guiones originales, pero como contó a este mismo medio en 2021: “Cada vez que lo intento me sale una novela”.
Hacer una película es muchísimo más caro que escribir y cuando yo empecé, hace 30 años, no había industria
Cuenta que, en 2023, cuando los guionistas de Hollywood se pusieron en huelga, alguien la contactó (no puede decir quién) para escribir un guion: “A toda pata, aprovechar y colarlo”. No lo consiguieron, pero a ella le gustaba lo que había hecho y se dijo: “Yo con esto me apaño una novela y ya está”. Luego no fue tan fácil como enviar el texto a la editorial y que lo encuadernara, pero le sirvió de base sólida: “Le metí cosas porque quería hacer una estructura distinta a la que tienen mis novelas habitualmente, que son muy lineales. Pero la hice rápido porque tenía ya mucho material de ese guion que no funcionó”.
Además, ella estudió Psicología Clínica y Dirección de Cine y lo que quiere es dirigir una película. Lo de la escritura es su “plan B”, señala. “Hacer una película es muchísimo más caro que escribir y cuando yo empecé, hace 30 años, no había industria”, rememora. Aunque este año le pidió a los Reyes “una cosa para grabar cosas con el móvil” y aventura que “igual me pongo yo a lo loco por mi cuenta, que es como hay que hacer pelis ahora. 28 Años Después está rodada con un iPhone, entonces pues igual me pongo por mi cuenta, porque yo quiero dirigir una peli, aunque sea una y ya está”.
Buscavidas en ‘los mundillos’
Esther García Llovet debutó en la literatura con 40 años, una edad que ahora se considera tardía, con la novela Coda (Lengua de trapo, 2003). Pero después cogió carrerilla y su bibliografía creció a buen ritmo, bien en títulos que firmaba en solitario, bien en colectivo, como Madrid, con perdón (Caballo de Troya). Sin embargo, no se mueve en el ‘mundillo literario’. “Precisamente, como empecé ya mayor, pues a mí no se me había perdido nada ahí. Yo estoy agradecida de hacer la promoción porque, si haces algo, muévelo, que es lo lógico”, mantiene, pero también reconoce que “si no tuviera que hacerlo, mejor”. No va a eventos o presentaciones ni a reuniones informales: “No es que tenga amigos o enemigos, es que no estoy”.
Sus amigos pertenecen al sector de la fotografía, donde se encuentra más cómoda. Aunque reconoce que en ambos ambientes, como en la mayoría de las profesiones ‘liberales’, abundan los buscavidas como los de sus novelas. Pero cree que en el gremio fotográfico “hay menos revanchismo”. “Creo que tiene que ver porque en los suplementos culturales, como hay tanto sobre literatura y tan poco sobre fotografía, precisamente por eso no necesitan ir a la yugular de nadie”, expone, aunque reconoce que es una suposición hecha un poco “al pedo” [es decir, basada en impresiones personales].
Pero lo que sí afirma con rotundidad es que no se puede vivir de la escritura: “A no ser que seas Pérez-Reverte, que entonces seguramente sí”. De la escritura literaria, claro, porque ella afirma que con los guiones sí se gana dinero: “Es donde está la pasta”. Ella expone (sin excusas para maquillar una supuesta bohemia habituales en estos casos) que se puede permitir dedicarse a las novelas porque su padre murió hace muchos años y ella heredó un piso:“Si no, te aseguro yo que esto no lo hago”, concluye.
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