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Entrevista

“En La Palma falta transporte adaptado por un tubo”

El prestigioso arquitecto catalán Enrique Rovira-Beleta, pionero en el concepto de accesibilidad desapercibida, ha visitado la Isla invitado por la Asociación de Discapacitados Físicos de La Palma (Adfilpa).

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Enrique Rovira-Beleta es especialista es 'accesibilidad desapercibida'. Foto: UZ RODRÍGUEZ

Enrique Rovira-Beleta es especialista es 'accesibilidad desapercibida'. Foto: LUZ RODRÍGUEZ

Lleva 34 años en silla de ruedas pero no ha perdido el sentido del humor.  Los chistes siempre están presentes en su conversación. “¿Sabe cuál es la mejor ortopedia?”, pregunta a esta redactora. “La que no tiene escalón para entrar”, responde entre risas. El prestigioso arquitecto catalán Enrique Rovira-Beleta, pionero en el concepto de accesibilidad desapercibida, participó el pasado viernes en  la sede de la Organización Nacional de Ciegos (ONCE) de Santa Cruz de La Palma en una mesa de trabajo invitado por la Asociación de Discapacitados Físicos de La Palma (Adfilpa). Cuando estudiaba Arquitectura un virus le dejó en sillas de ruedas y desde entonces ha dedicado su vida y su profesión a diseñar entornos accesibles para todas las personas, incluyendo las que padecen grandes discapacidades en movilidad o comunicación intelectuales o mentales. Ha sido responsable de la accesibilidad y de la supresión de barreras arquitectónicas en los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Barcelona 1992. En la actualidad, asesora al CF Barcelona en temas de accesibilidad y es autor de diversas publicaciones.

En una entrevista con La Palma Ahora ha recordado que “cuando estudiaba la carrera de arquitecto me quedé en silla haciendo el servicio militar por un virus desconocido, y me di cuenta de que no había ninguna normativa para discapacitados, por eso me dediqué a este tema”.

El concepto de la accesibilidad desapercibida es “simplificar la vida de todos, se trata de diseñar para todos: la gente joven no piensa que va a llegar a mayor y por eso tienes que hacer la accesibilidad desapercibida, sin coste, que las calles sean a pie llano; el ascensor, un poquito más grande, de seis personas; que puedas ir a la playa por pasarelas o que la piscina tenga rampas y que las usen todo el mundo”, explica. “La gente quiere comodidad y seguridad, y sobre todo seguridad cuanto más mayor se es porque hay miedo de caerse, pero todo debe diseñarse de manera que no se note”, subraya.

Con su habitual sentido del humor, comenta que “no quiero diseños del tercer sexo, como les llamo yo; me hacen lavabos de hombre, lavabos de mujer y a mí me hacen uno especial de tercer sexo; hombre, no me fastidien, se trata de hacer lavabos de hombre y mujer accesibles”, enfatiza.

La accesibilidad, detalla, “no solo es una ventaja para las personas con discapacidad sino para todos los ciudadanos: todo ha de ser cómodo para todo el mundo pero pensando en las personas con discapacidad, que es lo que falla, porque falta mucha formación en las universidades, en los colegios, que la gente viva con nosotros, que sepa cómo se trata a un ciego, a un sordo, un cojo, un gordo, un alto…”. “Una buena accesibilidad es aquella que existe pero que pasa desapercibida para la mayoría de los usuarios: si se nota es porque están haciendo un apaño o una chapuza, si se ha hecho bien no se nota; me paso el día trabajando para hacer cosas que no se noten, ya ves”.

Rovira-Beleta visitó La Palma por primera vez la semana pasada y aseguró a este digital que “en la Isla falta transporte adaptado por un tubo”. “Aquí, sin un coche no eres nadie, y se necesitan vehículos preparados para personas con discapacidad”. “El político que logre el transporte adaptado se pondrá la medalla más gorda”, dice. “Y para Santa Cruz de La Palma tengo una idea muy bestia, que son los ascensores inclinados de cristal, que no es el ascensor que se carga todo el paisaje”, precisa. “En esta ciudad también faltan pasamanos en escaleras y rampas, porque la gente coge velocidad y no hay dónde agarrarse, y es que aquí hay unas cuestas brutales”, comenta. “Esto está lleno de toboganes, hay muy pocas rampas suaves y cortas”, asegura.

Cuando se le pregunta qué mensaje quiere transmitirle a los políticos, apunta: “Pues yo les digo que los discapacitados no somos un voto, somos cinco votos, porque yo votaré al que me haga un entorno accesible y también lo hará toda mi familia”. “Y los técnicos simplemente tienen que cumplir realmente lo que dice la normativa, si se cumple con la normativa este país cambia una barbaridad”, agrega.  “Si no se puede cumplir con la normativa, hay una norma de ajustes razonables, y ahí estamos los especialistas  para decidir qué es razonable”, concluye.

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