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No todo está podrido

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El panorama es desalentador. He estado una semana fuera de España y la vuelta ha sido un ‘shock’. Más y más casos de corrupción que desalientan y enfadan y no dejan de sorprenderme. Pese a todo, creo que no todo está podrido y frente a los que critican el sistema, yo lo vuelvo a defender y me explico.

Estamos enfadados y tenemos motivos para estarlo, pero no podemos decir que la democracia española no funciona porque nos estamos enterando de la corrupción porque es el propio sistema el que ha puesto en marcha sus mecanismos de autorregulación. Tal vez lo haya hecho de forma pausada pero lo está haciendo. 

Constantemente oímos críticas a la justicia y a sentencias que nos desagradan, pero es la justicia, junto a la libertad de expresión y prensa, ambas garantizadas por el sistema constitucional, las que están actuando como revulsivo del cambio y como mecanismos propios de una democracia para su regeneración.

Puede que para algunos sea insuficiente o lento, pero lo importante es que funcionan y actúan y lo hacen de forma constante. Quiero brindar por la justicia y por la independencia de sus profesionales tantas veces vilipendiados.

Otro mecanismo que muestra que el sistema funciona es la actitud ciudadana de rebeldía y castigo a quien considera que no lo ha hecho bien. Ya saben que pienso que en los partidos hay gente decente e indecente, como en todas las actividades de la vida, pero es bien cierto que los partidos y sus militantes están obligados a una conducta ejemplar por ser los instrumentos de participación política, tal y como define la Constitución.

Constantemente oímos críticas a la justicia y a sentencias que nos desagradan, pero es la justicia, junto a la libertad de expresión y prensa las que están actuando como revulsivo del cambio

Nos han asaltado las encuestas con la irrupción de Podemos y no nos debe extrañar. Ese es el reflejo directo del cansancio ciudadano y la prueba de que existe una voluntad cívica de involucrarse en la cosa pública. Esta es una muestra más de que a los sujetos políticos, cada uno de nosotros, nos interesa la política y nos preocupa que haya habido muchos individuos que hayan aprovechado para lucrarse a través del servicio público. Y mucho más en estos duros momentos de crisis.

Personalmente ya he manifestado en más de una ocasión que el modelo Podemos es populista en esencia y no ofrece soluciones reales a los problemas. Nace del descrédito del contrario, de la indignación ciudadana, de la crítica a un sistema que dice muerto, pero que usa en su beneficio y, como explicaba antes, está ejerciendo su función autocorrectora. Pero que no me guste no me impide ver que es lógica su aparición como parte de los mecanismos correctores del sistema que tanto dice detestar, pero que con mucha inteligencia están usando sus promotores.

Pero más allá de lo público y su imprescindible regeneración y transparencia, proceso que está en curso y que si alguien lo pretende ocultar o frenar lo pagará en las urnas, está la parte oculta de la corrupción, la privada. Y no hablo de las empresas. Hablo de cada uno de nosotros, de las personas individuales que cada día actuamos en nuestra escala como los personajes que tanto denostamos por haber abusado de lo público. La economía sumergida, el dinero negro de no pagar el IVA, el pagar parte de la vivienda en negro para no pagar impuestos, el no cumplir en nuestros empleos,... Un largo etcétera de formas de actuar que nos iguala con los que tanto detestamos. Tenemos también la obligación de regenerarlo y olvidar la tan tradicional picaresca española. Debemos pensar que esta actuación irregular también incide en los recortes, en los ingresos públicos, en la sanidad o la educación.

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