“La sonrisa del payaso”

Montero Glez

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Hay una cuestión vulgar de vicio que no se puede dejar pasar por alto. Ocurre cuando las mujeres contribuyen al ciclo lunar con ese tributo que se conoce como periodo, regla, sangrado, visita del mes o como la berza, en el caso de Sevilla la Llana y algunos puntos de Andalucía la Baja, por su similitud con el caldo que queda al fondo del puchero cuando se cocina la tradicional manduca.

La cuestión no es otra que un servicio gourmet que aparece en los menús de los puticlubs más finolis del territorio y que se denomina “La sonrisa del payaso”. Delicatesen para clientela selecta y que consiste en hacer un cunnilingus, o comida de coño, cuando los óvulos de la mujer están en sangre. Como resultado queda una mancha alrededor de los labios del ejecutante y que tiene el mismo efecto circense de los payasos cuando sonríen, de ahí el nombre.

Me lo contó una lumi de Costa Fleming cuando yo —ejerciendo mi oficio de entrevistador para distintos medios— interrogué a la citada sobre los gustos y depravaciones del oficio. “Una es puta pero honrá”, me advirtió con mucho palique antes de detallarme todos y cada uno de los servicios que ejecutaba. Gracias los datos de la lumi, no me fue difícil imaginar a esa mujer de la vida que se abre de piernas, se saca el tampax y empieza con la función. Tampoco me fue difícil imaginar a un cliente tan refinado como vicioso que hunde cabeza y abre pliegues íntimos hasta probar con su lengua el calor de un caldo que conviene soplar antes de llevarse a la boca. Pues eso, que hasta esa misma noche, en Costa Flemming, yo había sido un novato en puterío, un bisoño en términos sexuales que confundía el francés con el griego y la cubana con el beso negro o así. “Tú es que eres muy tontuelo”, aseguraba la lumi, mientras se apoyaba en un semáforo para subirse las medias. Llegado el momento, grabadora en mano, le pregunté: “Qué es peor para una puta ¿La cuaresma o la regla?”

Fue cuando muy suelta la tía me contó que, lo de la regla, “no problem”, dando a entender que se defendía con el inglés. Entonces imaginé que con la llegada de la regla también se defendería sin problemas en el idioma griego. Pero no, no iba por ahí el asunto. “Tú es que eres muy tontuelo” me repetía la lumi de Costa Flemming a la vez que me iba contando cómo se dan clientes que buscan puta con periodo para poner en práctica las excelencias de un servicio tan valioso como distinguido, sobre todo cuando el riego menstrual viene con cuajarones y alcanza consistencia, ganando en solidez y haciéndose masticable. Por lo que deduje, se trataba de un servicio no apto para todos los bolsillos, una quimera inalcanzable para la mayoría. Un Delicatessen.