Berrocal, el pueblo de Huelva que 20 años después vuelve a la UCI por otro incendio forestal: “No sabemos cómo vamos a vivir”
El navegador del coche pasa de verde a negro. No es una ilusión óptica. Cuando el municipio onubense de Berrocal se aproxima tras una sucesión de curvas y contracurvas, el paisaje deja de estar dominado por los miles de árboles que hay a ambos lados de la carretera y pasa a ceniza y troncos calcinados. Eso lo nota también la pantalla del coche, que se convierte en una guía en blanco y negro hacia un pueblo de 300 habitantes que está en la UCI. Y no es una forma de hablar.
Quien acuña esa frase es Juan Romero, un maestro jubilado que es uno de los iconos del ecologismo en la provincia. Nació y siempre ha vivido en el pueblo, está al frente de Ecologistas en Acción, es activo en todos los órganos posibles de Doñana, y en 2004 fundó con otras personas Fuegos Nunca Más, la plataforma creada en el pueblo tras el fuego que se inició en Minas de Riotinto un 27 de julio y arrasó casi 28.000 hectáreas. Ahora, hace un mes, vino el que se bautizó como incendio de Niebla con casi 40.000, el más grande que se ha registrado este año en toda España, que se ha comido todo el campo en la zona sur del pueblo, y el de hace 22 años ya había arrasado el norte.
Como resultado, las casas de Berrocal están rodeadas de un paisaje yermo que tardará décadas en reverdecer, en parte porque las llamas de agosto quemaron lo poco que estaba renaciendo del otro gran incendio. “Dos incendios que han acabado con todo y ninguno empezó aquí: uno fue en Riotinto y otro en Niebla”. La plaza principal está presidida por una pancarta que proclama Fuegos Nunca Más.
Los últimos camiones de la cooperativa
El paseo con Juan por su pueblo da para mucho. Tiene muchas paradas y un denominador común: la desolación. Esa palabra cobra todo su cruento significado en la cooperativa de la localidad. Fue creada en 1976 para gestionar el oro de sus campos, el corcho. Los alcornoques siempre han dado un producto cuyo valor añadido se les ha escapado a los vecinos, hasta que hace 50 años crearon su cooperativa, que llegó a dar un beneficio de unos 600.000 euros anuales. Eso, un pueblo con 200 vecinos que tiene censados unos 100 más que viven en otros lugares, era riqueza y prosperidad.
Pero, precisamente, en el año del 50 aniversario de la cooperativa, toda su materia prima se ha quemado. Y recuperarla no va a ser cosa de unos días, unas semanas o unos meses. El árbol crece de forma lenta a partir de una bellota, y puede tardar 25-30 años para su primera saca o descorche. Este primer corcho es duro y rugoso, por lo que no sirve para tapones de vino, que es el destino del que se produce en Berrocal.
A los 9 o 12 años de la primera pela se realiza la segunda saca (corcho segundero, y la tercera se hace a los 40 años aproximadamente de vida del árbol. Un ejemplar puede ser descorchado entre 16 y 20 veces sin sufrir daños, pero para eso hacen falta al menos tres generaciones de agricultores. Y Berrocal no tiene tanto tiempo.
Ignacio Romero está en la cooperativa junto a dos operarios que están cargando. Es el último camión de corcho que sale de la histórica Cooperativa Corchera de Berrocal. Es socio y trabajador, y quienes están cargando el camión se llevarán el poco corcho que queda a Jerez de los Caballeros. Desde la propia cooperativa se pueden ver campos arrasados por el fuego.
“Lo de ahora ha sido terrorífico”
“Esto lo conozco de toda mi vida aquí. Llevo trabajando muchos años ya en el corcho y en la cooperativa con máquinas que tiene en el campo, pero la verdad es que la barbarie que nos ha pasado nunca la hemos visto”. Ignacio, que tiene ya la jubilación a la vista, intenta no pronunciar la palabra, pero le sale: “Imposible, va a ser imposible recuperar esto. Yo ya seguramente no lo voy a conocer. Lo de ahora ha sido terrorífico”.
El informe elaborado por la cooperativa tras el incendio de agosto refleja que la importancia del suceso trasciende la pérdida de una campaña concreta. “El Proyecto de Ordenación establece un turno ordinario de descorche de nueve años, contemplando excepcionalmente turnos de diez años para determinadas áreas. Esto significa que una afección grave sobre el alcornocal puede tener consecuencias económicas durante un periodo prolongado”.
En la campaña 2011/2012, la cooperativa produjo 95.510 kilos; en la siguiente 17.067, en la siguiente 115.870. Los números han ido oscilando. Este año la previsión se ha quedado en 35.357. No se sabe cuándo entrará de nuevo corcho en sus máquinas.
Dos tiendas, una farmacia y algunos niños
Las cifras en torno a Berrocal dan una idea de lo difícil que ya era su día a día antes del incendio de agosto, que ahora es una dificultad añadida para levantar sus persianas cada día y luchar para que el pueblo no se vacíe poco a poco. Todo el comercio se concentra en torno a su plaza principal. Tiene dos bares y una tienda con lo básico (en realidad son dos tiendas, porque uno de los bares también da servicio de desavío). Funciona una farmacia y consultorio médico en horas alternas. Si de noche hay una urgencia, queda esperar que llegue el 112 o salir hacia Zalamea la Real, a unos 20 minutos.
En uno de los bares del pueblo venden lotería de Navidad. Tiene tres números: el de la Cruz de Arriba, la de Abajo y el del bar. Los décimos los han comprado en Montequinto, en Dos Hermanas. Hasta para encontrar la suerte, los vecinos tiene que salir del pueblo.
Para la carne y el pescado fresco hay venta ambulante con furgonetas un día a la semana, y para el pan del día, un panadero que llega cada día temprano. En el colegio no hay ni diez niños, que en ciclos superiores se tienen que ir a Zalamea. Dos pequeños palestinos han aumentado algo la ratio este curso.
Y ninguna cifra es buena en el pueblo. Tiene 12.600 hectáreas aproximadamente y se ha quemado el 90-95%. “Tan sólo han quedado unas 1.500 hectáreas y una serie de islas y todo lo que es el cinturón que rodea el casco urbano. Lo demás está todo quemado. Pero hay que tener en cuenta que el pueblo se quemó en 2004, se quemó más de un 60% del término municipal, toda la zona norte-centro del término”, calcula Juan.
Ahora no hay campo alrededor del pueblo que no esté lleno de ceniza. Y es verdad que los cadáveres de alcornoques son lo más llamativo, pero el fuego se llevó por delante más de 2.000 colmenas, otra forma de sustento de Berrocal. Se pueden reubicar las colmenas, pero sin flores alrededor, la función de las abejas será imposible.
“No sabemos cómo vamos a vivir”
“El día a día, esa es la gran incógnita que tenemos, la asignatura pendiente. Los berrocaleños no sabemos cómo vamos a vivir ahora mismo con un medio de vida prácticamente destruido. El medio de vida era complementario, pero generaba actividades económicas que le permitían al pueblo vivir con cierta calidad”, lamenta, y eso que se intentaba recuperar poco a poco del incendio de 2004.
Ahora, además, hay que luchar contra la burocracia. Declarar Berrocal como zona gravemente afectada por una emergencia es la única forma de conseguir que llegue la ayuda, pero no va a ser fácil. Sin contar con la cooperativa, “una reconversión es crear un vivero. Un vivero forestal generaría puestos de trabajo y recuperaríamos nuestra naturaleza, pero si no existe apoyo institucional se pueden llevar a los 200 habitantes que somos aquí a cualquier bloque de pisos, que les sería más rentable. Y que se queden con el pueblo”. De fondo se le entiende perfectamente que retener en el pueblo a la gente joven va a ser una tarea imposible, y dentro de 50 años sus casas podrían estar vacías.
Juan lo explica mientras conduce una furgoneta Citroën C15 que, seguramente, sobreviva después de décadas en sus manos porque en Berrocal hay un taller con un mecánico que sigue siendo el talismán de los coches de sus vecinos.
Cuánto tardará también este mecánico en bajar la persiana puede ser cuestión de tiempo, pero lo que está claro es que el pueblo está herido de muerte, parece que sólo le falta la extremaunción... pero no tiene ni cura propio, porque el suyo lo comparte con otros pueblos. Dicen los creyentes que hay Iglesia donde hay dos personas hablando de Dios, pero hasta para eso, en Berrocal, los vecinos tienen que esperar que se acuerden de ellos un rato a la semana. Y por ahora, o hay un milagro en los despachos de los políticos, o el pueblo pasará de la UCI a la autopsia con una velocidad que no merece su gente.