La portada de mañana
Acceder
La carrera para evitar que el “tsunami” que arrasa Madrid se una al de Ávila
La ofensiva de Trump contra Irán desencadena una escalada regional en el golfo
Opinión - 'Problemas que se votan en las urnas', por Rosa María Artal

Un estudio alerta del “grave peligro” que corre la costa andaluza: 46 puntos críticos y un 36% de su extensión urbanizada

elDiarioand

Sevilla —
23 de julio de 2026 18:31 h

0

Greenpeace ha alertado del “grave peligro” que están sufriendo las costas andaluzas, con más de 46 puntos críticos y un 36% urbanizadas, según reza en su informe con un mapa en el que se puede visualizar el daño en el territorio. Así, el informe revela que el modelo de desarrollo basado en la ocupación física y el ladrillo ha dejado desprotegido al litoral frente a la “innegable crisis climática”.

Para la organización, con un 36% de la costa ya artificializada, la región “sufre las consecuencias de haber diseñado un urbanismo de espaldas a la dinámica costera y marina”. La eliminación de las dunas y parte de las playas por paseos marítimos y muros de hormigón ha destruido el escudo natural que disipa la energía del oleaje. Cuando los temporales golpean estas estructuras rígidas, la fuerza del agua rebota con mayor agresividad, acelerando la pérdida de arena y desnudando las playas.

De esta manera, el informe recoge que “a pesar de las evidencias de la destrucción, el ladrillo quiere conquistar los últimos paraísos vírgenes”. Proyectos como Sagitta en El Rompido (Cartaya), el acoso urbanístico en Tarifa o el proyecto para urbanizar las dunas de El Barronal (Marbella) “son sólo ejemplos de la voracidad del ladrillo”. “En el lado esperanzador, el hotel ilegal del Algarrobico debe ser demolido urgentemente, una vez anulada su licencia de obras tras 23 años de litigios”, ha asegurado.

“Ataques a la Ley de Costas”

Además, “este año se están produciendo ataques a la Ley de Costas por parte de casi todas las comunidades autónomas, entre las que figura Andalucía, y de partidos políticos que no son, o no quieren ser, conscientes de que el cambio climático ya ha llegado y es letal. Se habla de defensa del patrimonio para mantener construcciones en zonas de riesgo, pero se ignora la realidad física: ni el mar ni el cambio climático van a respetar las excepciones administrativas”.

“Quienes señalan a la Ley de Costas como una 'sentencia de muerte' para los municipios deben comprender que la verdadera sentencia se firmó el día que decidimos erróneamente que el cemento era más fuerte que el oleaje. Era otro tiempo. Es urgente entender que aferrarse a una costa que ya no existe no es proteger la economía, es financiar un naufragio anunciado”, ha declarado el Coordinador territorial de Greenpeace en Andalucía, Luis Berraquero.

Por otro lado, la sucesión de borrascas “golpeó con dureza la costa atlántica y mediterránea andaluza”. El número de playas afectadas es muy elevado, destacando algunos casos como el de la playa de Camposoto en San Fernando, regenerada artificialmente el año pasado; los destrozos en Matalascañas, con un paseo marítimo construído en primera línea de playa sobre un sistema de dunas móviles.

También, los daños en el espigón de Playa Motril, que costó casi seis millones de euros; o los daños en Adra y El Ejido. Según los cálculos de Greenpeace, las reparaciones en la costa andaluza han costado 48,3 millones de euros, un 20% del total estatal. “Insistir en estas regeneraciones mecánicas cada vez es más caro y dura menos. Sin un cambio de modelo es, literalmente, tirar el dinero público al mar”, ha aseverado.

Greenpeace ha destacado además que “el colapso de las playas no es solo un problema medioambiental, es también una amenaza directa a la economía y el empleo andaluz”. De los 8.666.412 habitantes que tiene Andalucía, el 41% se concentra en la costa, por lo que el sector de sol y playa concentra el 62% del empleo turístico en España. En provincias costeras como Málaga o Cádiz, la pérdida de un solo metro de playa seca equivale a la destrucción inmediata de entre 300 y 500 puestos de trabajo directos.

Así, si se cumplen las proyecciones para el año 2050, que prevén que el aumento del nivel del mar devorará hasta 25 metros de costa en el peor escenario, la economía andaluza se enfrentará a la destrucción de miles de empleos hoteleros y de servicios y “una parte nada desdeñable de su población se verá expuesta a los riesgos de estos eventos extremos”.

Biodiversidad marina y costera

La biodiversidad marina y costera andaluza también sufre una grave crisis, a juicio de la organización, provocada por la llegada de especies invasoras como el alga asiática, que causa problemas en muchas playas y en el sector pesquero. El aumento de la temperatura del agua está provocando el desplazamiento de especies hacia aguas más profundas para escapar de las altas temperaturas o la disminución del tamaño de especies como el boquerón o la sardina.

Frente a la inercia de seguir vertiendo hormigón para retener la arena, urge una transición hacia una gestión costera adaptativa. Esto implica aplicar moratorias urbanísticas reales para frenar cualquier nuevo proyecto en las pocas zonas libres de la costa andaluza o catalogadas como inundables.

También supone apostar de forma decidida por las Soluciones basadas en la Naturaleza, que permiten recuperar las playas y sus beneficiosas funciones naturales de protección. Ya hay algunos ejemplos positivos en Andalucía, como algún retranqueo de chiringuitos, para darle espacio a la playa, o el cuidado en Urbasur (Isla Cristina), que ha transformado la duna en un escudo de defensa natural de los temporales o la liberación de escombros e interferencia de relleno en la duna de El Cenicero, en Torrox, que impedían la circulación de la arena y que ya no necesitará el gasto público recurrente para sobrevivir.

“Para que su costa no se hunda, Andalucía debe elegir de forma urgente: seguir gastando millones en parches de arena artificial destinados a desaparecer o liderar una política climática valiente que proteja su futuro económico protegiendo primero su naturaleza”, ha añadido Berraquero.