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La joya del pinsapo en la Sierra de las Nieves cumple un lustro: así vive el parque nacional menos conocido de Andalucía

El Parque Nacional de la Sierra de las Nieves en Málaga se ha convertido en un referente ambiental.

Álvaro López

24 de julio de 2026 22:46 h

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El 1 de julio de 2021, la Sierra de las Nieves entró en un club reservado a apenas 16 espacios naturales de todo el país. La declaración como parque nacional convirtió a este enclave malagueño en la tercera joya de la máxima protección ambiental en Andalucía, junto a Doñana y Sierra Nevada, y situó al mayor pinsapar de la península ibérica bajo un nuevo paraguas de conservación. Cinco años después, ese reconocimiento se traduce en más de 25 millones de euros de inversión, nuevas infraestructuras, más investigación y una creciente proyección turística, pero también en nuevos desafíos para preservar uno de los ecosistemas más singulares del Mediterráneo.

“Podemos estar cien años cuidando un entorno, pero la mala suerte o un despiste te lo puede quemar en tres horas”, recuerda el director del parque, Rafael Haro. Su reflexión explica por sí sola el momento que atraviesa la Sierra de las Nieves: consolidada como referente ambiental y orgullosa de haber dado el salto a la élite de la conservación española, pero todavía inmersa en la construcción de un proyecto que encara retos como el cambio climático, el riesgo creciente de grandes incendios, la falta de personal y la necesidad de seguir compatibilizando la protección del territorio con un turismo sostenible y el desarrollo de los municipios de su entorno.

La declaración como parque nacional supuso un punto de inflexión para un espacio que ya acumulaba décadas de figuras de protección -parque natural desde 1989, Reserva de la Biosfera desde 1995 o zona de especial conservación dentro de la Red Natura 2000-, pero que hasta entonces no había contado con el respaldo económico ni el reconocimiento que otorga la máxima categoría de protección ambiental en España.

Un lustro de desarrollo

Desde 2021, las distintas administraciones han movilizado 25,74 millones de euros para actuaciones de conservación, mejora de infraestructuras, uso público o dinamización socioeconómica, de los que 16,5 millones proceden directamente de la Junta de Andalucía. Entre las principales inversiones destacan el nuevo centro de visitantes de Conejeras, que abrirá próximamente sus puertas tras una inversión superior a los cuatro millones de euros, la nueva base del Plan Infoca en Istán, trabajos de mejora forestal y restauración de hábitats o proyectos de sostenibilidad turística impulsados por la Mancomunidad de Municipios Sierra de las Nieves.

Haro admite que el salto respecto a la etapa anterior ha sido “impresionante”. “En estos cinco años se han invertido más de 25 millones de euros. Una cosa absolutamente impensable cuando éramos parque natural”, explica. A su juicio, la principal diferencia no reside únicamente en el dinero recibido, sino en el lugar que ahora ocupa la Sierra de las Nieves dentro de la conservación española. “Somos 16 parques nacionales. La forma en que nos mira el Gobierno central, la Junta o la propia sociedad es distinta. Hemos conseguido entrar en la joya de la corona de los espacios naturales”.

Ese nuevo estatus también empieza a notarse fuera de los despachos. Aunque el director reconoce que todavía es pronto para medir el impacto económico del parque, asegura que el interés por conocer la Sierra de las Nieves no ha dejado de crecer. “Todo el mundo quiere conocer la joya de la corona. A nivel turístico ya se va notando, pero no podemos pretender que de la noche a la mañana esto se triplique o se cuadruplique. Todo necesita su tiempo”.

El pinsapo, la gran bandera de la sierra

Si existe un símbolo que explica por qué la Sierra de las Nieves terminó convirtiéndose en parque nacional, ese es el pinsapo. La sierra malagueña alberga alrededor de 2.000 hectáreas de esta reliquia botánica exclusiva del sur peninsular, la mayor superficie continua existente, una circunstancia que terminó inclinando la balanza para incorporar este sistema natural -hasta entonces ausente en la Red de Parques Nacionales- a la máxima figura de protección. “El pinsapo ha sido, es y será siempre la estrella del parque”, cuenta Haro.

Durante estos cinco años, buena parte de los esfuerzos se han centrado precisamente en mejorar el estado de conservación de estos bosques. Además de tratamientos selvícolas o actuaciones para favorecer la regeneración natural, el parque desarrolla actualmente un proyecto de 1,7 millones de euros destinado a retirar antiguos vallados de protección que ya han dejado de ser necesarios. “Hace décadas se instalaron para proteger la regeneración frente al pastoreo. Ahora esas plantas ya han salido adelante y estamos retirando alambradas, postes y plásticos. Es una mejora ambiental impresionante porque favorece la conectividad de la fauna y mejora muchísimo el paisaje”, explica.

A ello se suman otros proyectos destinados a naturalizar antiguas repoblaciones forestales, restaurar hábitats o mejorar enclaves de alta montaña como el Quejigal de Tolox, además del impulso que ha supuesto la incorporación a la Red de Parques Nacionales para la investigación científica sobre los procesos ecológicos del espacio protegido.

El fuego, el enemigo permanente

Pero si existe una amenaza que concentra buena parte de los esfuerzos de gestión, esa sigue siendo el fuego. El cambio climático, unido al progresivo abandono de los usos tradicionales del monte, ha incrementado la cantidad de combustible acumulado en buena parte de las sierras mediterráneas. Para Haro, ese fenómeno explica por qué los incendios forestales actuales son cada vez más difíciles de controlar. “Podemos estar cien años cuidando un entorno, pero una mala suerte, un despiste o una mala intención te lo puede quemar en tres horas”, advierte.

El director recuerda que el abandono progresivo de actividades como la ganadería extensiva o determinados aprovechamientos forestales ha permitido que el monte gane densidad de forma constante. “El monte sigue creciendo”, recuerda. Esa acumulación de biomasa, añade, convierte cualquier incendio en un potencial episodio de enorme intensidad, como ocurrió hace apenas unos años en Sierra Bermeja.

Para tratar de reducir ese riesgo, el parque ejecuta cada año tratamientos preventivos en las zonas consideradas más sensibles: limpieza de cortafuegos, desbroces, clareos forestales o eliminación de combustible vegetal. Sin embargo, Haro reconoce que las limitaciones presupuestarias impiden actuar simultáneamente sobre todo el territorio. “Quisiéramos limpiar todos los caminos todos los años, pero eso es inviable. Vamos actuando por prioridades y rotando las actuaciones según la disponibilidad económica”.

Las lluvias torrenciales registradas el pasado invierno también obligaron a destinar más de un millón de euros adicionales a reparar caminos e infraestructuras dañadas por las borrascas, una inversión extraordinaria que ilustra cómo los fenómenos meteorológicos extremos empiezan a condicionar también la gestión cotidiana del parque.

Un plan para el futuro

Cinco años después de la declaración, la Sierra de las Nieves sigue siendo, en cierto modo, un parque en construcción. Uno de los grandes objetivos inmediatos pasa por culminar la aprobación del Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG), el documento que regulará desde los usos permitidos hasta la conservación de los recursos naturales o las actividades económicas compatibles con el espacio protegido.

“Nunca vamos a tener a todo el mundo contento”, reconoce Haro. “Pero es fundamental que ese plan salga con el mayor consenso posible y que los municipios se sientan partícipes”. El director insiste en que la declaración como parque nacional no debe entenderse como una limitación para los pueblos del entorno, sino como una oportunidad para generar empleo ligado a un modelo de turismo sostenible, similar al desarrollado en otros parques nacionales españoles.

“No buscamos un turismo masivo”, aclara. “Queremos un turismo que venga a disfrutar del parque, que genere riqueza en los municipios, que cree empleo y que siempre tenga como prioridad la conservación. Si no conservamos lo que tenemos, acabaríamos matando la gallina de los huevos de oro”. Pese al balance positivo, Haro no oculta que aún quedan asignaturas pendientes. Además de culminar la apertura del centro de visitantes y seguir mejorando infraestructuras, admite que el parque continúa funcionando con necesidades de personal, medios materiales y financiación. “Hemos hecho una bestialidad en estos cinco años”, concluye. “Pero falta más. Estamos todavía en cuadro de personal, de material y de inversiones. No podemos perder la ambición”.

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