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La “paradoja de conservación” que condena a un árbol en Doñana: la ley lo protege, pero también al que lo devora

Ejemplar de piruétano en mal estado en la Reserva Biológica de Doñana.

Antonio Morente

Sevilla —
17 de junio de 2026 20:48 h

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Lo que la ley protege, la ley también lo condena. Ésta es la “paradoja de conservación” que se está llevando por delante al piruétano, un árbol de pequeño porte más conocido como peral silvestre, que está en peligro de extinción en la mismísima Doñana pese a que la ordenación protege el suelo sobre el que se asienta. El problema es que, en paralelo, también blinda a los herbívoros que son su principal depredador, lo que unido al mal estado del acuífero y a los años de sequía lo aboca a la desaparición.

Así lo pone de manifiesto una investigación liderada por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) y publicada en Biological Conservation, que alerta del “declive generalizado” de esta especie en la zona “a pesar de la estricta protección que brinda el Parque Nacional”. De hecho, el estudio tiene un título más que significativo: Peras silvestres en peligro: ¿garantiza la protección de los parques nacionales la conservación de los árboles?

La respuesta es que no del todo, porque si bien la ley evita el cambio de uso de suelo, lo que blinda al árbol, “también ejerce una sobreprotección de los herbívoros que se alimentan” del mismo. De ahí que el piruétano ( endémico de la Península Ibérica y el norte de África) esté en una especie de bucle, una “paradoja de conservación” a resultas de la cual ahora mismo no es que le vayan muy bien las cosas.

“Escenario demográfico preocupante”

Los investigadores tomaron como referencia cinco poblaciones de peral silvestre en la zona, dos en el propio Parque Nacional y tres fuera (Rocina, Hato Ratón e Hinojos). En estas últimas, los ejemplares más jóvenes no sobreviven mucho por la desecación y el laboreo agrícola, mientras que en el interior de Doñana son los herbívoros los que dan buena cuenta de ellos. En general, las tasas de supervivencia son muy bajas.

El análisis plantea un panorama nada halagüeño para esta especie, “un escenario demográfico preocupante” en Doñana según la Estación Biológica. Por lo pronto, los ungulados (básicamente, ciervos y jabalíes) no sólo devoran al piruétano en sus inicios –cuando es una plántula o un plantón–, sino que encima destruyen buena parte de los frutos que producen, lo que a su vez reduce “de manera drástica” el número de semillas disponibles para su dispersión.

Un peral silvestre en Doñana.

Esta última tarea la complica el declive de zorros y tejones en la zona, ya que son los principales dispersores de semillas. Por si todo lo anterior no fuese poco, resulta que la población de ciervos no deja de crecer, cuestión en la que tiene mucho que ver la “extinción local” de depredadores naturales como el lobo.

Al factor animal se unen otros elementos externos, como la “sobreexplotación” de las aguas subterráneas (que tiene en muy malas condiciones el acuífero que bombea vida al parque) y la “severidad” de las sequías estivales en los últimos años, algo que no tiene pinta de revertir a cuenta de los efectos de un cambio climático que cada vez se sienten más. Todo ello unido “agrava severamente el fracaso regenerativo” del peral silvestre en este espacio natural.

Reevaluar su estado en la Lista Roja

Así que ni la protección que ofrece un parque nacional puede ser suficiente para garantizar la supervivencia de una especie, por mucho que su función principal sea precisamente preservar la biodiversidad. “Sus prácticas de gestión pueden generar, inadvertidamente, efectos contrastados en diferentes componentes del ecosistema”, apunta al respecto José María Fedriani, investigador de la Estación Biológica y uno de los firmantes del estudio.

¿Y cómo se le puede dar la vuelta a esta situación para preservar el piruétano? Pues con cuestiones muy primarias: es “crucial” garantizar un “uso sostenible” del agua subterránea, controlar las altas densidades de ungulados (o restaurar el equilibrio depredador-presa) y mantener poblaciones sanas de dispersores de semillas. De hecho, la situación actual es tan negativa que los investigadores abogan por una “reevaluación” del estado de conservación de la especie en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), etiquetado como “preocupación menor”.

Los hallazgos en Doñana, apuntan, llevan a la conclusión de que esta calificación “puede subestimar la vulnerabilidad de la especie”. Por ello, la conclusión es que este árbol “se enfrenta a multitud de factores perturbadores”, por lo que confiarlo todo al amparo que le ofrece el parque nacional no es suficiente: “Una estrategia de conservación basada únicamente en la protección legal es improbable que asegure su viabilidad a largo plazo”.

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