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ENTREVISTA Escritor y activista

Mohamed Serifi-Villar: “Ceuta puede ser el eslabón para el impulso estratégico entre España, Marruecos y el resto de África”

María Iglesias

Tetuán (Marruecos) —
24 de octubre de 2026 22:11 h

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La historia de cada cual empieza mucho antes de su nacimiento. La de Mohamed Serifi-Villar arranca con el cruce del Estrecho de Gibraltar de una viuda republicana española, en busca de salvarse, con sus tres hijos, huérfanos del marido asesinado por los franquistas. Pasado el tiempo, Juana se unió a Ahmed, pescador tangerino, algo más joven, musulmán, dispuesto a vencer prejuicios familiares. La pareja compartió anhelos republicanos para ambas orillas, compromiso social y tres nuevos hijos, el menor de los cuales es Mohamed. “Mojaméd”, como lo pronunciaba la madre andaluza, de Jimena da la Frontera (Cádiz), con ese acento que el hoy septuagenario reencuentra en esta periodista de elDiario.es y le humedece la mirada.

El ejemplo y educación recibido de sus padres, y del ambiente de exiliados republicanos españoles en Tánger, en que Serifi-Villar se crio, le forjaron. Así, a principios de los años 70, siendo un veinteañero, destacó como figura clave de esa generación de marroquíes que intentaron que su país, como por entonces pasaba en España, transitara a la democracia. Algo que el despótico rey Hassán II, a quien Juan Carlos I siempre llamó “hermano”, no consintió, sino que reprimió con crueldad extrema, en “los años del plomo”.

A Mohamed Serifi, tío de la prestigiosa directora de películas como El caftán azul o Calle Málaga, Maryam Touzani, lo condenaron por republicano, demócrata y partidario de la autodeterminación tanto de Marruecos como del Sáhara Occidental, a 32 años de cárcel, de los que llegó a cumplir 17. Entró en prisión con 22 años y salió con casi 40. Dos décadas separado de sus padres y hermanos, amistades y de Rabea Ftouh, su compañera de vida, también encarcelada cinco años. Fueron tiempos de brutal sufrimiento, pero en los que, entre rejas, también cultivó un pequeño jardín, leyó, escribió y se carteó con amigos, con solidarios anónimos y personalidades, siguiendo la enseñanza de su madre de que “la vida es un parpadeo, entre nacer y morir, y no puede malgastarse”.

Bajo un cielo cuadrado es la autobiografía de este hispano-marroquí, que habla un natural andaluz occidental, publicada, al fin, en España, por Nota al margen. Un texto reescrito en nuestro idioma, mano a mano con la gran traductora Malika Embarek López, tras la edición original marroquí, creada en francés. Un libro emocionante, que invita a relecturas sucesivas, sobre un superviviente de torturas y encierro, pese a todo, vitalista, con sus principios intactos y libre de rencores y amargura. Alguien que, tras la cárcel, ha ejercido como presidente de la Cámara de Comercio de Tánger y como responsable del Programa ONU para el desarrollo y la lucha contra la pobreza en Marruecos.

Además, es una obra esclarecedora sobre los anhelos de democracia, libertad y bienestar que las y los marroquíes llevan décadas viendo insatisfechos. Frustradas ansias de progreso que explican el ímpetu migratorio, en nuestras fronteras de Melilla y Ceuta, que aún nos sorprende.

¿Puede decir en esta entrevista, sin temor a represalias, que sigue siendo ateo, comunista, republicano, insumiso, cuando hoy, en el reinado de Mohamed VI, como escribe en su libro, aún se encarcela y amordaza a periodistas y ciudadanía contestataria?

Diría que me he ganado el derecho a poder decir, públicamente, que soy republicano, viviendo, como vivo, en esta monarquía donde la continuidad de la dictadura de Hassan II sigue aún vigente. Pero, en nuestro sistema actual, se consiente cierto margen de libertad. Como que un tal Serifi diga lo que piensa. Siempre y cuando sus palabras, su discurso, no lleve a una acción social concreta, transformadora. Una del tipo la acampada en Sol y tantas plazas de España que sí buscan conquistar el derecho a la vivienda.

Entonces, ¿Marruecos es hoy una dictadura o no?

En Marruecos seguimos viviendo una falacia democrática. Se cumplen los cinco fundamentos de toda dictadura: la falta de separación de poderes por concentración de estos en el rey, que reina y gobierna; la carencia de Estado derecho y garantías constitucionales; el debilitamiento y opresión de la oposición; la ausencia de libertades y el uso de la propaganda y adoctrinamiento. Pero entre el sistema de Hassan II y el de Mohamed VI existen cambios reales. Hoy aún se encarcela a disidentes, hay casos en que se les abofetea. Pero las cárceles no son aquel moridero de Hassan II que era Tazmamart, ni son esas prisiones donde se nos torturaba como la de Kenitra, donde estuve. Hoy se da ese margen de libertad de expresión que mencionaba. Siempre condicionado, eso sí, a no atacar al rey, ni defender la autodeterminación del Sáhara…

Marruecos hoy es una “democradura”, una dictadura con cierto margen de libertad. Recuerda a la España de la Transición por la tensión entre reaccionarios y progresistas; entre avances, logrados con esfuerzo, y derechos aún por conquistar.

¿Cómo definiría, pues, el sistema marroquí?

Yo lo llamo “democradura”, un eslabón intermedio entre democracia y dictadura. No debe negarse el pequeño margen de libertad que tenemos, pues hacerlo supondría menospreciar logros que no han sido regalados, sino fruto de mucha lucha, de las fuerzas políticas y de la ciudadanía marroquíes. Y, dentro de ella, de incontables jóvenes y mujeres.

Para usted, que siempre habló en español con su madre, que pudo tramitar la nacionalidad española al restaurarse la democracia en España, que relata, en su autobiografía, tantas vivencias con nuestro idioma… ¿Qué significa publicarla, al fin, en español y en España?

Esta edición española ha sido mucho más que una mera traducción. Se trata de una reescritura, mano a mano con Malika Mbarek. Porque, al escribir en una lengua, entra en acción toda la cultura y sensibilidad asociada a la misma. Y, aquí, he revivido la sensibilidad de mi madre, que vivió como clandestina en Tánger, usando el nombre de Fátima-Zohra, durante los 40 años del franquismo, esquivando al consulado. La sensibilidad de las familias republicanas exiliadas, entre quienes yo me crie. La lengua es la verdadera patria. Así lo sentí yo cuando, en la clandestinidad, sufría el no hablarla para fingir ser otro. Así lo sintieron tantos vascos y catalanes bajo el franquismo, y tantos hablantes del bereber, en Marruecos, durante años.

¿Por qué quiso crear este libro?

Porque olvidar es dar impunidad al poder. Durante mucho tiempo me resistí a escribirlo porque no quería volver a experiencias durísimas. Ni arrastrar a nadie a la tristeza. Pero sentía que nuestras vivencias deben quedar. Como testimonio de que la lucha por los valores democráticos tiene sentido, embellece la vida, la hace, pese a la dureza de lo sufrido, mejor, más plena.

¿Su compromiso democrático es herencia de su madre y de los exiliados republicanos?

Sin duda. Una herencia que parte de actitudes morales. Lo político empieza cuando sientes, en tu corazón, que hay injusticia y ves, alrededor tuyo, gente que actúa contra ellas. Los círculos de exiliados comunistas, republicanos en Tánger, en los que yo me crie, hablaban de los crímenes del franquismo y soñaban con volver a una España democrática. Y, en mi casa, la pareja formada por mis padres, con tres hijos cristianos, hablando español, Juan, Enrique y Maricarmen, y otros tres musulmanes, hablando dariya, Abdellah, Malika y yo, fue ejemplo de convivencia sin supremacismos. Ni entre nosotros, ni con nuestros vecinos judíos. Nuestra familia desbordaba hermandad con los necesitados, a quienes siempre acogimos, con fraternidad y solidaridad.

¿Cómo vivían el papel marroquí en el golpe franquista?

Como algo que lamentar. Y yo siempre lo digo a los compañeros rifeños: está muy bien denunciar que España os lanzó ataques químicos en la Guerra del Rif (1921-1927). Pero, luego, vosotros también cometisteis el crimen atroz de combatir la II República española. Así que merecéis que España os pida perdón, y también debéis disculparos ante la gente española.

Crisis migratoria en Ceuta

¿La imagen que hay en España sobre Marruecos responde a la realidad?

Yo veo que hay un desconocimiento total y absoluto de la realidad marroquí. Incluso se oculta la estrechísima colaboración entre nuestras economías. Muchas empresas, textiles y agroalimentarias españolas, están creciendo gracias a fábricas y fincas con recursos, mano de obra y producciones marroquíes. Y lo que me parece más preocupante es la ceguera de las élites españolas que, en vez de elaborar estrategias de colaboración y mutuo desarrollo, a medio y largo plazo, reaccionan ante los hechos de forma pavloviana: “Que recibo el golpe de la entrada de 80.000 inmigrantes en Ceuta, pues devuelvo el golpe con la visita de Felipe VI a esa ciudad”. Es una respuesta epidérmica que no va a la raíz.

La solución madura a la entrada de inmigrantes en Ceuta habría sido ofrecerles volver a Marruecos, con un certificado de haber cruzado a la ciudad y 200 euros, para completar 2 años de cursos de FP y de español. Con garantía de visado laboral a España, una vez cumplidos ese plazo y requisitos.

¿Cómo analiza la situación por esa entrada de inmigrantes el 30-31 de julio?

Ceuta puede desempeñar un papel mucho más importante que el de ciudad de pequeño comercio y trapicheo. Puede convertirse en el eslabón formidable de unión para el desarrollo de los intereses estratégicos entre España, Marruecos y el resto de África. Si hay, claro está, una clase política madura y consciente de las necesidades españolas, demográficas y de mano de obra. Ceuta se habría vaciado en dos minutos si se hubiera ofrecido a los inmigrantes que han cruzado, 200 euros, un certificado de haber entrado a España y el compromiso de que, dentro de dos años, si en Marruecos asisten a cursos de español y de formación profesional, concebidos para ellos, se les dará el visado de trabajo para entrar de forma regulada. Sé que hoy cuesta dar pasos así, por el implacable acoso de la derecha y la extrema derecha. Pero una política migratoria visionaria del gobierno de coalición progresista, a quien hay que apoyar, haría de España la locomotora europea. El tema no es si Ceuta es España o Marruecos, sino qué hacer para unir a los pueblos y desarrollar la riqueza, aquí y allá.

El gobierno de coalición progresista español, que merece reeditarse, debería atreverse a una política migratoria visionaria en relación con Marruecos y toda África. Porque eso impulsaría el crecimiento de España y la convertiría en la locomotora de la UE.

¿Lo ocurrido en la frontera ceutí ha sido migración o presión geopolítica?

Confluyen diversas causas. ¿Ha habido manipulación del sionismo y de EEUU? Quizá. Pero, a la vez, Marruecos hoy recuerda a esa España de los 70, que anhelaba progreso laboral, económico, de libertades, democrático. Esa España que aún migraba. Para lograr que Marruecos supere la etapa actual, podemos aprender de cómo salió España de aquella situación. Y aquel gran cambio se hizo con inversión de la Comunidad Económica Europea, sobre todo de Francia y Alemania, y preparando, con figuras como Suárez, que venían del franquismo, la democratización. Hubo tensiones entre las fuerzas de progreso y las reaccionarias, como la matanza de Atocha y el golpe del 23F, igual que hoy, en Marruecos, hay tensiones entre las fuerzas del pasado y las reivindicaciones de la generación Z, los jóvenes luchadores de Alhucemas, los sindicatos, movimientos de mujeres…

Política marroquí y amenaza fascista global

¿Qué augura sobre esa tensión entre progresistas y reaccionarios en Marruecos?

Como vengo diciendo, en Marruecos, hoy ya, hay cierto margen de libertades, mejoras en infraestructuras, en alfabetización, bajada de natalidad y emancipación femenina, tiempo de ocio... Pero si España, con el tema de Ceuta, por ejemplo, da excusas al poder marroquí para avivar un sentimiento de agravio nacional, la élite poderosa puede unir a todo el pueblo alrededor de un nacionalismo chovinista, como ocurrió cuando la Marcha Verde, instrumentalizarlo por intereses reaccionarios, y parar el tan necesario desarrollo democrático.

¿Qué expectativas tiene del nuevo gobierno, presidido por Fátima Mansouri?

Es delicado de analizar. Aplaudo de corazón tener, por primera vez, una presidenta mujer. Por el referente social que supone y porque sus ojos estarán más atentos a realidades como la de las madres solteras. La coyuntura parece propicia a los avances por el horizonte de fin de un reinado e inicio de otro. Ya Mohamed VI mejoró a su padre, Hassán II, al vender mucho de lo que había acaparado (industria del aceite, leche, yogures, gas…) para acceder a capital financiero con el que mejorar infraestructuras, impulsar la escolarización, la sanidad, la ayuda a vulnerables. El gobierno saliente, de Aziz Ajanuch, ha hecho importantes cambios legales. Pero queda mucho pendiente. Marruecos, país donde hay mucho dinero, necesita inversión racional, reparto justo, un aumento del salario mínimo interprofesional, como el logrado en España por la ministra Yolanda Díaz y el presidente Pedro Sánchez, pese a la oposición empresarial. ¿Lo logrará nuestro nuevo gobierno? ¿Se liberará a la juventud reivindicativa de Alhucemas y de la Generación Z? ¿Se atenderá a sus demandas de más inversión social que en el mundial de fútbol? Veremos…

Si España da excusas al poder marroquí para avivar un sentimiento de agravio nacional, éste unirá al pueblo alrededor del nacionalismo chovinista, como en la Marcha Verde, y frenará nuestro necesario avance a la democracia.

¿Cómo vive usted el aumento de racismo e islamofobia que impulsa al neofascismo global?

Pues, por una parte, ya sabemos que el fascismo siempre ha usado la técnica de crear un “enemigo externo” para infundir miedo, llegar al poder y recortar derechos colectivos. En el siglo XX criminalizaron al judío y hoy al negro, al africano. Les funciona. Entender el mecanismo no quita que el auge neofascista y lo de Gaza me tengan en un estado lacrimoso. Parafraseando a Eduardo Galeano, tras la caída del muro de Berlín, en el 89: “Me siento como un niño desnudo a la intemperie”. Pero, a la vez, me digo que la extrema derecha y el neofascismo se van a estrellar, porque hay derechos adquiridos, en países como España, de liberación de la mujer, de igualdad y emancipación, del aborto, derechos LGTBI, derechos humanos… que la gente no va a dejar que les arrebaten sin más, con el truco del “miedo a los inmigrantes”. Además, el pueblo no puede vivir de las bitcoins, que promueve el neofascismo tecnológico, sino del trabajo y la tierra. Por eso confío en que políticas como las de vivienda social de IU en Marinaleda (Sevilla) acaben movilizando a la mayoría social.

¿Cuál es su análisis de la situación actual del Islam?

El Islam político, radical y supremacista, que tuvo su auge a finales de los 90, está perdiendo su potencia, en Marruecos y el mundo. Subsiste en Irán, sí. Pero la mayoría de los llamados “países árabes” están abocados a la modernidad, a aceptar la igualdad entre mujer y hombre, a la democracia. Incluso en Arabia Saudí se ve un proceso de avance de la mujer a nivel inesperado. Y es clave porque el Islam, tradicionalmente, ha subyugado a la mujer pues ella es esencial en la transmisión educativa. Una mujer con la cara tapada, arrodillada, es una familia e hijos sometidos, sumisos. Como persona occidental, demócrata, partidaria de que el capital circule respetando los derechos humanos, considero fundamental contribuir a que estos países salgan de dictaduras y “democraturas”, salgan del subdesarrollo, como pasó en España y Europa.

Reflexiones tras la prisión

Tras 17 años en prisión, tras sus lecturas y reflexión allí ¿sigue creyendo en el derecho de autoderminación de personas y pueblos? ¿Aún piensa que incluye a los saharauis?

En la cuestión del Sáhara, lo que los activistas democráticos de los 70 planteamos era una nueva unidad de Marruecos y el Sáhara, desde nuestras respectivas autodeterminaciones. Luchando, ambos, contra la monarquía y construyendo repúblicas democráticas para gobernarnos. Así lo defendimos en los tribunales, afrontando penas altísimas de cárcel, e incluso el riesgo de ser fusilados. Dicho esto, a día de hoy, no sólo el Polisario ha perdido peso internacional mientras la propuesta de autonomía marroquí gana apoyos internacionales, entre Francia, EEUU, Alemania y hasta España… Sino que, yo veo que, igual que en la cuestión de Ceuta, si se le pone fácil a la monarquía marroquí, jugar, de nuevo, la carta del agravio nacional y del nacionalismo chovinista, para eclipsar la necesidad de avances democráticos, la va a usar. Y eso no beneficiará a la gente de ninguna parte. A todo lo cual, debo añadir mi duda de si la generalizada solidaridad de la población española con el pueblo saharaui no tendrá una raíz parecida a la alemana con el pueblo judío: la mala conciencia por las actuaciones pasadas. En el caso alemán, por el genocidio y, en el español, por la acción colonial.

¿Le hacen mella los fracasos de revoluciones como la de Nicaragua o Cuba, que eran su referente y esperanza?

Cada revolución nace con sus esperanzas y potenciales diablos, por los intereses humanos. Yo no compararía Nicaragua y Cuba porque ésta es sistemáticamente asfixiada por los yanquis para evitar que su ejemplo cunda en esa América central que poseyó la United Fruit Company. En todo caso, pienso que la revolución que nosotros impulsábamos habría madurado, evolucionado, con la historia. La caída de la URSS y el bloque del Este, lo ocurrido en Nicaragua, son lecciones de que el mejor modo de gobernar no es imponiendo una ideología sino con un sistema de convivencia de distintas posiciones. Radicalismos de izquierda actuales en España, sin citar a nadie, acaban beneficiando a Vox. En cambio, el gobierno presidido por Sánchez, ha hecho bien en intentar avanzar, incluso pactando con la derecha catalana de Junts. Algo en lo que, según lo veo, ha sido clave la postura del Partido Comunista de España, el de mayor lucidez y compromiso con el Estado español en esta etapa histórica.

En la cárcel, me marcó leer a un ornitólogo que decía que los pájaros cantan para decir “Estoy aquí”. La vida humana es también canto, de cada cual, afirmándose en su esencia, sea homosexual, femenina, disidente, diciendo: “Estamos aquí”.

Incluso en prisión, bajo tortura, aislamiento, hambre, frío, soledad… usted se construyó una vida en armonía. ¿Cómo lo logró?

En la cárcel, al vivir bajo un cielo cuadrado, al no tener espacio fuera, entras adentro de ti. Por suerte para mí, por la educación que recibí de mis padres, en mi interior no encontré odio, amargura, rencor, sino un amor y perdón reparadores. Los valores cristianos de mi madre me llevaron a la Teología de la Liberación. A pesar de la hoguera inquisitorial, el mensaje cristiano es de luz. Pese a lo terrible de la vida, vivir es una maravilla. No la subestimemos a la espera de las resurrecciones que anuncian las religiones. El color, el prodigio de los colores, lo damos por hecho ¡y se añora tanto en las cárceles, puro gris! ¡Darte al otro y recibir mucho más! ¡La mirada de mi madre! ¡El sabor del beso de mi mujer! ¡Cada instante vivido jamás se repite! Entre mis lecturas en la cárcel leí al ornitólogo Jacques Delamain que a la pregunta de “¿Por qué cantan los pájaros?”, contestó: “Para decir: ¡Estoy aquí!”. La vida humana es también canto, de cada cual, afirmándose en su esencia, sea homosexual, femenina, disidente, diciendo: “Estamos aquí”.

¿Tiene algún consejo o mensaje, desde el joven encarcelado que fue, a la juventud actual?

Quiero creer que, a mis 74 años, conservo la juventud de rechazar las injusticias del mundo, de negarme a ponerme de rodillas a recibir latigazos como los esclavos, de sentir el impulso de transformar la realidad. Aunque en Marruecos, desgraciadamente, se dice que la juventud no participa en política, yo lo que creo es que no les convencen las opciones actuales. Pero sí siguen albergando los grandes anhelos universales. La juventud española en Sol, manifestándose en calles y plazas, es gente no integrada orgánicamente en uno u otro partido, pero movilizada para despertarnos, defender y conquistar avances. Así se ganaron siempre los derechos, laborales, sociales, humanos… Poniéndose en pie y exigiéndolos. Ojalá las y los nietos de quienes conquistaron tanto no nos dejen volver a las cavernas a las que el fascismo nos quiere arrastrar.

En el libro es chocante la alusión a cómo camaradas, separados de sus parejas, durante los años de clandestinidad, eran clientes de prostíbulos, sin sentir mala conciencia por la explotación sexual. ¿Es consciente de esta paradoja?

En efecto, en aquellos años, aunque luchábamos por la democracia y defendíamos el comunismo frente al imperialismo no éramos conscientes de cuestiones como ésta que hoy resultan evidentes. De igual forma que, como cuento en el libro, tuvo que ser mi amado sobrino Yusef, todo un hijo para Rabea y para mí, quien me descubriera que yo era mucho más vehemente ante el sufrimiento de los huidos de la guerra Siria que frente al de tantos africanos subsaharianos, pese a sus desdichas. Él me hizo abrir los ojos.

Con estas palabras concluye la entrevista Mohamed Serifi-Villar, cuyo libro, conmovedor, lúcido y especialmente pertinente, en el actual contexto de relaciones España-Marruecos, logra, a su vez, abrirnos los ojos a los demás, sobre tantos aspectos de la realidad.