Cueva de Nerja: la catedral interior construida por el cincel del agua

Una gota cae de la cúpula subterránea para estallar en el suelo. La Cueva de Nerja es una construcción paciente y minuciosa. Ahí, bajo tierra, la naturaleza parece no tener ninguna prisa. La imponente catedral interior alberga formaciones rocosas extraordinarias, rastros humanos prehistóricos y una excepcional sala de arte… profundo. Presta y en continua edificación, el visitante solo interna los pies para percibir que está ante una aventura atávica que arranca dentro de la legendaria gruta malagueña.

Una bandada de murciélagos sale de una estrecha grieta en la pared rocosa. Cinco jóvenes que los observan. Y deciden seguirlos por aquella cavidad conocida como la mina del cementerio. Es el germen del descubrimiento de la Cueva de Nerja, el 12 de enero de 1959. Francisco Navas, José Luis Barbero, José Torres y los hermanos Manuel y Miguel Muñoz vivían en el cercano pueblo de Maro y desvelaron la magnitud de la gruta nerjeña. Por casualidad, que así ocurren a veces los grandes hallazgos. En la Sala de los Fantasmas encontraron dos esqueletos humanos y ahí terminó una primera incursión que repitieron luego acompañados de dos de sus maestros hasta que la difusión de la aventura en un periódico despertó el interés por la cueva en autoridades y comunidad científica.

Un escenario de arte bajo tierra

La Cueva de Nerja comenzó su construcción natural hace 250 millones de años. Primero con la sedimentación de ingentes cantidades de fangos calcáreos en el fondo del antiguo mar Mediterráneo. Procesos geológicos posteriores usaron el cincel del agua que, disolviendo las rocas infiltrándose entre grietas y fracturas, dieron lugar a las formaciones rocosas que edifican el extraordinario paraje subterráneo. Una suerte de templo natural subterráneo.

Escondida bajo la imponente sierra de La Almijara, la gruta malagueña queda vestida de mármoles casi por completo. En el entorno de la cavidad existen, como aderezo, esquistos de la era Primaria o afloramientos de travertinos –rocas con aspecto oqueroso– del Cuaternario que alargan sus extremidades pétreas hasta la línea de costa. Los datos aportados por el lugar cuentan cómo fue usada como hábitat, lugar de enterramiento y un recóndito lienzo donde plasmar pinturas rupestres.

En la legendaria gruta existe un auténtico museo de espeleotemas esculpido durante millones de años. La precipitación de los minerales que el agua lleva disueltos construye una infinita colección de estalactitas, estalagmitas y columnas, cuando acaban por unir sus extremos. Pero hay más, otras formaciones menos conocidas, sublimes y con nombres curiosos como piñas, macarrones, coliflores, uñas o banderas.

Donde caben Rostropóvich y Monserrat Caballé

La caverna nerjeña tiene tres enormes galerías subterráneas. Las denominadas 'turísticas' son las únicas visitables, un tercio de la dimensión total que alcanza 35.484 m2. Bajo tierra, aparecen luego las conocidas como 'altas' y 'nuevas', con arte rupestre y diversos yacimientos en su interior. La gruta es uno de los monumentos más visitados del país con medio millón de visitantes anuales. Esto lo convierte en un motor económico básico en la comarca malagueña de la Axarquía que se completa con el Festival de Música y Danza Cueva de Nerja desde 1960. Por el escenario natural de la Sala del Ballet han pasado artistas como Paco de Lucía (2004), Mstislav Rostropóvich (1991), Monserrat Caballé (1999), Julio Bocca (2010), Yehudi Menuhin (1992) o Antonio el Bailarín (1963).

Por la importancia del arte rupestre que alberga y la magnitud del yacimiento arqueológico, la Cueva de Nerja fue declarada Bien de Interés Cultural y, antes, Monumento Histórico Artístico. Todo un patrimonio natural y cultural de Andalucía con casi 600 manifestaciones artísticas y grabados que datan del Paleolítico Superior y la Prehistoria Reciente. Contaba el célebre noticiario franquista en los años 60 del siglo pasado que en la cueva malagueña “efectúa interesantes trabajos la Delegación Provincial de Excavaciones Arqueológicas, que también ha hecho con buen resultado prospecciones en su yacimiento prehistórico”. Era un hito para la España de la época relatado entonces en blanco y negro, en clave de NO&DO. Hoy, en color, la Cueva de Nerja sigue siendo un asombroso escenario de arte bajo tierra, una catedral interior construida por el cincel del agua.

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