Reflejos, vidas, anuncios

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Calor frescor, caos normal, huelga de limpieza y eres derivados, anuncios, reflejos de anuncios, vidas a cuatro euros la hora, la jornada… La ciudad se ha muerto y ha resucitado.

La ciudad ha muerto bajando al infierno de tercera y luego, como siempres, ha resucitado el lunes y enseguida ha celebrado el Corpus, la vida sigue y cada rato llega alguien nuevo, una nueva vecina con sus carritos y sus bebés y sus sueños y el reparto nunca cesa.

La ciudad de los mil sueños abre diez negocios cada día y cierra alguna tienda centenaria que nadie recuerda, la ciudad ha bajado hasta el último piso del infierno y no había nadie porque el infierno es la soledad absoluta y tras la muerte del abismo ha resucitado enseguida porque la ciudad del desierto y los cuatro cauces (y cien acequias) es, como dice su lema, inmortal.

Rosalía ha sido olvidada porque llega Bad Bunny y las figuras veteranas que siempre reaparecen cada día a la misma hora porque su público, igual de inmortal, las reclama y quiere saber qué han dicho hoy. Rosalía ya está en los altares de los cosméticos.

Reflejos del río eterno, Iberia de los Héroes del Silencio, se tendrían que haber llamado Superhéroes del Silencio, aún podrían hacerlo, y entonces tendrían mil vidas. La ciudad ha bajado al averno (no al Averlo, que es una tienda que ha cambiado de sitio, como todas) y ha subido enseguida porque hay 800k de personas a tope de energía y esperando que empiece el baile cada mañana. El equipo se ha ido deshaciendo pero la afición la guarda el sitio confiando en que volverá.

Entretanto hay que cambiar el césped. Quizá no era el adecuado. Quizá se ha pudrido de jugar mal.

El río visto desde el cristal sucio del bus que añade reflejos y vidas extra al extraño viaje, el pozo de san Lázaro comunica con el mar o con las antípodas.

Mujeres en la plaza del Pilar, al fondo la omnipresente barredora. El ayto, siempre atento a sus propias tropelías, va a revisar los edificios del Tubo, pero el factor perturbador son las propias máquinas y sus trepidaciones sin límite. La ciudad se cae a pedazos porque la hacen vibrar para limpiarla. Podrían revisar el pliego, la contrata, y ver si se puede limpiar sin derribar.

Una mujer descalza da de comer a patos y palomas a la orilla del Ebro en la terraza del Náutico, que desde arriba parece un portaviones para desguace. Allí cerca, fuera de la foto, asoma un coche de policía que hace la ronda de la ribera.

La ciudad ha desaparecido en Miami y ha vuelto a resucitar porque tiene tantas cosas que hacer y tantos mensajes que contestar y porque es inmortal.

Por eso han reiniciado otra ronda de Volveremos.

Huelga de limpieza: ya no friegan ni el infierno.