Èric Sadin, filósofo: “Vamos a ver dos tipos de humanos: los nuevos esclavos y las personas que no se quieren someter a la automatización de la IA”
Una melena alborotada, una barba de varios días y unas manos expresivas acentúan la pasión con la que se expresa el escritor y filósofo francés Éric Sadin (París, 1973) delante de un café en el antiguo comedor de gala del Palacio de la Magdalena de Santander.
Antes de empezar a hablar, se levanta con extraordinaria agilidad, abre los ventanales y el viento del Cantábrico refresca la estancia. Sadin, que imparte un seminario en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, ha quedado prendado del paisaje y dice que es un buen lugar para inspirar la escritura. El día anterior, el autor se reunió con sus lectores en la Librería Gil y parece feliz en los pasillos de esta universidad de verano.
Sadin parece haber heredado un poso del espíritu crítico de la Escuela de Frankfurt cuando rechaza, a contracorriente, el cambio tecnológico sin control y proclama que muera la inteligencia artificial. Autor de más de una decena de libros –ensayos y poesía–, su última obra El desierto de nosotros mismos (Caja Negra, 2026) analiza los efectos del cambio que se inició el 30 de noviembre de 2022. La fecha de referencia en su pensamiento: el día que se abrió la caja del oráculo digital, ChatGPT. La tecnología podía producir lenguaje, imágenes e incluso explicar el mundo. Una catástrofe, para el pensador. Cediendo a las máquinas el ejercicio de nuestras facultades corremos el riesgo de convertirnos en espectadores pasivos de un mundo gestionado algorítmicamente, explica su libro.
Mientras se alaba las posibilidades de la Inteligencia Artificial, a usted le pareció desde el principio una catástrofe. Es partidario de prohibirla, ¿por qué? ¿Qué intuía que podría pasar?
Desde hace cuatro años estamos viendo la introducción de ChatGPT y de las inteligencias artificiales generativas. Estamos viendo ya grandes consecuencias, desastres. Un job apocalipsis en el que los ejecutivos ya están siendo golpeados por la IA. Tenemos testimonios de profesores totalmente desorientados que no saben cuál es su rol hoy en día. Otro ejemplo son las plataformas de música, como Spotify, donde el 30% es música hecha por IA. Es un peligro para el sector de la música y de la cultura en general, directores, productores. Otro ejemplo son los testimonios de adolescentes y adultos que están diciendo que tienen una dependencia emocional muy fuerte de la IA.
Solo es el principio y ya estamos viendo estas consecuencias, también a nivel ecológico. Con la construcción de centros de datos enormes estamos quemando el planeta. Esto lo hemos hecho sin ningún consentimiento público, sin ninguna movilización. Estamos frente a una irresponsabilidad colectiva y solamente es el principio. Si tuviéramos lucidez, conciencia y principios habríamos prohibido este lanzamiento de la IA el 1 de diciembre de 2022, cuando se empezó a desarrollar. Hemos superado un umbral y todas estas inteligencias artificiales definen quiénes somos.
La IA se está aplicando a la medicina, para que haga diagnósticos. Está sustituyendo a las personas en muchos ámbitos. ¿Le estamos otorgando demasiada confianza o debemos cuestionar la forma en la que interpreta y toma decisiones?
En primer lugar, todo el mundo conoce ya las consecuencias de la IA generativa, pero no podemos dejarnos engañar y sabemos lo que implica. Todas las personas que trabajan desarrollando la IA nos dan un mismo discurso, nos dicen que con la medicina todo va a ser maravilloso, que todo va a funcionar bien. Pero son tonterías. Lo que estamos viendo con la IA es una privatización de los hospitales porque están comprando sistemas que no sirven de nada. Ya hemos visto con la crisis de la covid que necesitamos personal, material y recursos y no sistemas de la IA. Pero todo eso tiene que ver con el lobbying, la presión política, la doxa –la opinión es muy potente– y estamos viendo una propaganda en cuanto a los médicos y los hospitales.
Con la construcción de centros de datos enormes estamos quemando el planeta
Lo que necesitamos es una estructura, un análisis. No se interroga a personas como yo acerca de estas consecuencias, siempre se les pregunta a los creadores, a los que desarrollan esos sistemas de IA y eso es una infantilización. Preguntamos mucho a personas como Sam Altman [director ejecutivo de OpenAI] pero él vende su producto, obviamente va a decir que todo va bien. Nos estamos volviendo locos. Es un discurso que nos produce alivio cuando lo escuchamos. Pero si queremos vender cigarros, ¿vamos a preguntarle al señor Marlboro sobre sus efectos? Necesitamos hablar con expertos, con los oncólogos que son quienes saben de verdad sus consecuencias.
Cuando queremos entender las consecuencias de la IA no podemos preguntarles a los que las crean. Todo lo que nos dicen es falso. Hay que preguntarle a la gente que sufre de verdad las consecuencias, no a las grandes empresas y compañías. Deberíamos preguntar a los profesores, a los profesionales de la cultura, del cambio climático, porque ellos sabrán más. Lo que estamos oyendo es un discurso vacío que nos estamos tragando mientras que si tuviéramos testimonios de verdad, tendríamos más verdad. Tendríamos que hablar con los investigadores. De esta manera tendríamos más discursos que aquellos que son fabricados y falsos. La sociedad necesita más precisión.
Otro aspecto interesante es la función de control social de la tecnología, ¿se aprovecha el sistema de nuestra adicción a las pantallas?
Se han dicho muchas tonterías sobre el control de la sociedad, pero yo creo que nos hemos equivocado porque a la gente le encanta sentirse vigilada. Deberíamos mirarnos a nosotros mismos y dejar de culpar a las grandes empresas. Nosotros tenemos este fallo moral. Hemos visto lo que ha pasado cuando hemos lanzado estas IA en el 2022. Mucha gente pensaba: “¡Qué bien, ChatGPT!”. Pero nadie se dio cuenta de que no era un lenguaje humano. Decíamos que necesitábamos más desarrollo tecnológico para que fuera humano, pero es un lenguaje de la muerte: Tanato logos, precisamente un capítulo de mi libro El desierto de nosotros mismos.
¿Por qué hablamos de este lenguaje de la muerte? Son sistemas que recorren todos los corpus de la historia, de artículos, de libros, de documentos, de lo que sea, para poder hacer un análisis, unas estadísticas, unas matemáticas, para buscar una correlación. Ese es el principio fundamental: la correlación, es lo que busca la IA. Por ejemplo, según las estadísticas cuando hablamos de 'coche' nos llega a la mente el volante, la carretera. Si A es igual a B entonces B igual a C. Si en WhatsApp empiezo a escribir 'te voy a ver...', me propone 'esta noche'. Eso son correlaciones de probabilidad, que salga la palabra que vamos a decir. Son cálculos. Es un tipo de lenguaje que repite lo que ya ha pasado, porque a lo mejor ya hemos escrito en otra ocasión 'te voy a ver esta noche' y lo propone. Lo que no vemos es que este lenguaje no tiene vitalidad, no es el lenguaje natural. Así no funcionamos, porque nuestro lenguaje humano viene del cerebro, de los pensamientos, porque cada persona tiene un lenguaje diferente. Es un proceso de asociación de palabras y no de correlación, porque hablar es un acto creativo. Es decir, asociamos ideas. Yo no sé lo que voy a estar diciendo en tres segundos, no sé las palabras que me van a salir de la mente. No lo sabemos porque la relación con el lenguaje no tiene que ser de probabilidad sino que es una relación indeterminada.
Si tuviéramos lucidez, conciencia y principios habríamos prohibido el lanzamiento de la IA
En un artículo de opinión que he publicado en Le Figaro en Francia hablo de un político francés que para las elecciones municipales de marzo utiliza sistemas de IA para estructurar los discursos -lo que llamo la tecnología ventrílocua- incluso para redactar los propios discursos. Preparo un discurso y le pido al sistema que me lo haga según la audiencia. Es el final de la política, lo que yo llamo el demagoguismo algorítimo. En vez de usar la IA deberíamos hacernos la pregunta más importante. Los niños en un futuro nos van a preguntar por qué voy a la escuela si la IA me va a hacer todo el trabajo. Si no frenamos esto, llegaremos a un fallo moral y la próxima generación nos puede reprochar todos estos errores.
¿La comunicación a través de las redes sociales está teniendo influencia en el contexto social actual de polarización política, de corrientes negacionistas o xenófobas?, ¿hay relación entre el auge de la tecnología y las corrientes de ultraderecha?
No es tanto el auge y la correlación con la extrema derecha, no se puede hablar tan rápido de correlación. No me gusta hablar de redes sociales en general. Hay dos tipos. Por un lado, Facebook, Instagram, que son plataformas de exposición de las personas, de sí mismos, y por otro las plataformas como X de expresividad que empezaron en el 2010. Hubo una generalización de las redes sociales, pero llegaron en un momento particular. Hay que recordar que en los años 2000 la gente vivió una serie de desilusiones. Millones de personas han sido desilusionadas por acontecimientos como el atentado en 2001, la Guerra de Irak a Afganistán, el referéndum en Francia de la Constitución Europea que no toma en cuenta su opinión... y la gente dejó de creer en los políticos. A ello se une la crisis de los subprime en los 2008 que ha sido un engaño total en este mundo económico, había sido todo falso y eso se debe también a una mala gestión. La sociedad se convirtió en una olla a presión, por eso la gente empezó a expresar su rencor. No es tanto que haya un auge en el crecimiento de la extrema derecha -aunque obviamente la extrema derecha y otros partidos políticos pueden decir que van a solucionar todo- es que la gente ha sufrido y quieren ajustar cuentas por la palabra y por fórmulas breves. Por eso todo el mundo empieza a dar su opinión. No se trata de política, porque la política es un equilibrio entre las acciones y después el verbo: evalúo, tomo decisiones. Pero hemos llegado a un momento en el cual las personas tienen tanto odio y tanto rencor que es un fallo colectivo. La gente es cada vez más desconfiada y el orden social necesita mejorar.
Las personas tienen tanto odio y tanto rencor que es un fallo colectivo, la gente es cada vez más desconfiada y el orden social necesita mejorar
¿Cada vez es más difícil distinguir la verdad en un contexto digital tan contaminado?
Hay que reflexionar acerca del término porque fake news ya apareció en los años 2014, pero la pregunta de verdad tiene que ver con el origen de las cosas. Cuando vemos un texto, video o imágenes lo que importa de verdad es de dónde vienen. En esta época de estafadores de la IA nunca estamos seguros de dónde provienen estos documentos. Pueden aparecer textos, videos o imágenes que no representen la realidad. Por suerte, en la Unión Europea hubo una ley. Ahora es necesario identificar y mencionar si se ha producido una imagen con la IA, pero todavía no se ha hecho para los periódicos y deberían hacer este trabajo porque si no podemos tener una pérdida de confianza. Es un problema muy grave y siempre debemos identificar el origen, porque las personas quieren imponer sus puntos vista, que se vean y reproduzcan sus textos o videos creados por la IA, y no sabemos diferenciar la verdad de lo que es falso.
En esta sociedad no estamos a la altura de los retos. Todas las personas que se sienten vulgarizadas deberían movilizarse porque hay cosas que no se deberían aceptar. Un periódico francés publicó un artículo redactado por la IA y doscientos empleados lo llevaron a juicio. En 2025 un tribunal les dio la razón y dijo que este texto de IA puede poner en peligro su trabajo. Por lo tanto, eso podría conducir a cancelar el uso de estas inteligencias en los periódicos. Pero esto es obra de la jurisprudencia, no podemos esperar a que los legisladores actúen porque tienen presiones políticas y argumentarían que la IA influye en el crecimiento económico. No podemos esperar nada de ellos. La Ley no importa, lo que de verdad importa es la jurisprudencia. Es decir, que se movilicen las personas y que luego el tribunal actúe. En esta sociedad vamos a ver dos tipos de humanos: los nuevos esclavos, que van a morir de diabetes usando estos sistemas sin pensar, y las personas correctas que tienen principios y que no se quieren someter a esta automatización creciente, que quieren desarrollar modelos de existencia diferentes. En el futuro necesitamos una infinidad de contra modelos que celebren la vida y la creatividad humana.
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