Un matemático británico desmiente el mito sobre las ilusiones ópticas del Partenón de Atenas

Partenón en la Acrópolis de Atenas, Grecia.

Laura Cuesta

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Uno de los mitos más antiguos y perdurables de la historia de la humanidad es la creencia de que el Partenón de Atenas, uno de los monumentos más emblemáticos de la Antigüedad ubicado en Grecia, fue ingeniosamente diseñado con estructuras curvas de diferentes tamaños para corregir una serie de ilusiones ópticas.

Según esta leyenda, sus arquitectos sabían que el ojo humano podía percibir como imperfectas algunas líneas perfectamente rectas. Por eso, habrían introducido distintas desviaciones en el edificio para conseguir justo el efecto contrario. Que, pese a no ser geométricamente recto, el Partenón pareciera perfectamente uniforme a quien lo contemplara.

El mito tiene su origen en Vitruvio, arquitecto romano del siglo I a. C., quien escribió De architectura, el principal tratado de arquitectura que conservamos de la Antigüedad. En él, explicó que ciertos elementos arquitectónicos debían modificarse porque, si se construían perfectamente rectos, nuestro ojo los percibiría de otra manera.

La historia empezó a coger fuerza especialmente en el siglo XIX, cuando arquitectos como Francis Cranmer Penrose midieron con enorme precisión aquellas pequeñas curvaturas del Partenón para, supuestamente, confirmar la teoría de las ilusiones ópticas. Ahora, una investigación realizada por el profesor Alain Goriely, de la Universidad de Oxford, desmiente por completo el mito

El estudio de Goriely

En su estudio, Goriely revisó las principales “correcciones ópticas” que históricamente se han atribuido al Partenón y las sometió a un análisis matemático. ¿Cuánto había de cierto en aquellos mitos? Según el profesor, poca cosa. “Tendemos a engañarnos a nosotros mismos en la búsqueda de misterios antiguos y fantasías ideales de orden y armonía”, sostiene en su investigación.

Una de las afirmaciones que el matemático analizó tiene que ver con la base o estilóbato del Partenón. Las mediciones muestran que los lados de la base no son horizontales, sino que forman un suave arco que se eleva 6 centímetros en el centro. Según Vitruvio, esto corrige una ilusión que haría que la base pareciera hundirse en el centro.

El mito del Partenón sigue un razonamiento típico: sin mejoras, este parecería estar hundido.

Ocurre lo mismo con columnas del Partenón, que no son cilindros perfectamente rectos, sino que se ensanchan ligeramente en el centro, un fenómeno llamado éntasis. La explicación tradicional dice que una columna perfectamente recta podría dar la sensación de que se estrecha en el centro y que los griegos introdujeron ese abombamiento para que la viéramos recta. 

Goriely comprobó si estas y otras teorías se producen realmente, y concluyó que no hay evidencia experimental suficiente de que las ilusiones ópticas se produzcan en las condiciones habituales de observación del Partenón. “Es hora de trascender nuestra tendencia a ver ilusiones donde no las hay y aplicar las matemáticas y la ciencia para ver más allá de nuestros propios engaños”, sostiene el autor. 

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