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La brecha digital persiste en pueblos de montaña y zonas despobladas: “Estuvimos dos o tres días sin cobertura”

“Estábamos prácticamente dos o tres días sin conexión”, la alcaldesa de Lazuela, Carla Gascón, resume una realidad que todavía persiste en parte del medio rural aragonés pese a la mejora de las telecomunicaciones en los últimos años. Es una de las conclusiones que deja el análisis bienal de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) sobre la calidad del servicio en zonas rurales.

Este informe confirma que, aunque la brecha digital se ha reducido en los últimos años, continúan las diferencias entre entornos urbanos y rurales tanto en el despliegue de fibra y 5G, como en tiempos de instalación. Así, a menor número de habitantes: menor presencia de tecnologías avanzadas, menores velocidades y mayor dependencia de tecnologías alternativas.

Gascón asegura que la situación en Los Monegros “ha mejorado algo respecto al año pasado”, aunque sigue lejos de la estabilidad de las grandes ciudades. “Antes era un desastre. Muchas veces no teníamos internet y algunos días incluso fallaba la cobertura”, señala. La regidora de este pueblo que ronda los 800 habitantes explica que los servicios más afectados fueron el ayuntamiento, la tienda de alimentos, el colegio y la gasolinera.

Según el informe de la CNMC, la disponibilidad de banda ancha fija es alta en todo el territorio, aunque persisten diferencias relevantes entre el ámbito urbano y el rural. Casi el 99 % de los hogares urbanos cuenta con este tipo de conexión, frente al 78 % en zonas rurales.

Por otro lado, la fibra óptica (FTTH) se mantiene como la tecnología predominante tanto en entornos urbanos, con un 90,1 %, como en rurales, con un 88,1 %, si bien su presencia desciende en los municipios de menos de 100 habitantes, donde los usuarios recurren a accesos mediante redes móviles, wifi o satélite. 

En cuanto a las velocidades, la mayoría de las conexiones supera los 100 Mb/s en ambos entornos, con un 96,8 % en zonas urbanas frente al 88,4 % en rurales, mientras que los accesos de más de 1 Gb/s están más extendidos en áreas urbanas, donde alcanzan el 35,4 %, frente al 26,6 % en el ámbito rural.

Gascón sostiene que al principio lo achacaban a las condiciones climatológicas, pero recientemente “varios medios de comunicación han publicado que son debido al robo de cobre de las tuberías”, y que por mucho que intenten contactar con las operadoras las respuestas son ignoradas. 

La alcaldesa de Lalueza considera evidente que existe una brecha digital, “si esto ocurriera una sola vez en Zaragoza, ya lo habrían resuelto”, y que puede acarrear en problemas como el asentamiento de población. “¿Quién va a querer montar un negocio si no tiene cobertura? Incluso una oficina. Hay empresas que han estado paradas por este motivo con las consecuencias económicas que eso tiene”, concluye.

Según el informe de la CNMC, el tiempo para disponer de una nueva conexión puede ser mayor en municipios pequeños: 24 días de media en localidades de menos de 100 habitantes, frente a unos 7 días en grandes ciudades. En los servicios móviles, el informe constata que el despliegue de la tecnología 5G muestra diferencias. El 96 % de los municipios urbanos dispone de al menos una red 5G, frente al 82,2 % en rurales. 

Buena cobertura, pero malas instalaciones

Desde el espacio de coworking de San Juan de Plan nos atiende el alcalde de su municipio, Roberto Serrano, que añade una de las principales reivindicaciones sobre la brecha digital que, en muchos casos del Pirineo, ya no es tanto la llegada de una buena conectividad sino de la fragilidad de las infraestructuras que la sostienen.

Serrano explica que, actualmente, el valle de Chistau, que ronda los 650 habitantes, cuenta con fibra óptica y la conectividad “no es mala”, en comparación con otras zonas cercanas. “El problema llega cuando se va la luz. Se cae todo: las señales, la fibra, nos quedamos sin suministro eléctrico y estamos un fin de semana entero sin luz”, asegura el regidor, quien señala que, aunque las antenas tengan baterías de repuesto, se consumen en pocas horas y dejan el valle entero sin electricidad.

Sostiene Serrano que el problema va asociado a una falta de mantenimiento de las líneas eléctricas. “Paso por la carretera y veo las ramas de un pino apoyarse sobre un tendido. Ahí sabes que es cuestión de tiempo. Con una red cuidada, esos cortes se habrían minimizado. También coincide con la presión turística y los días de aires huracanados”, detalla.

El alcalde va más allá y hace un alegato en defensa de la vida en los pueblos que sobrepasa el debate sobre brecha digital, conectividad o fibra óptica. “De nada sirve tener buena conexión si no tengo vivienda o una buena opción de trabajo. Parece que todo se resuelve hablando de teletrabajo, pero ¿quién recoge las patatas?”, resume Serrano, considerando que existe un problema de visión cultural, porque “el concepto de lo rural no es vivir en un pueblo, pasa por entender la cultura del pueblo y ahora mismo la mirada es urbana”.

En ese sentido, cree que hay personas atraídas por el medio rural por la posibilidad de trabajar desde su casa en un entorno natural y que después mantienen conductas de aislamiento similares a las de una gran ciudad. “Vienen con una idea urbana, de una cultura individualista, personalizada y a la carta. Eso hace perder la mirada sobre lo comunitario y lo colectivo. Y un pueblo es comunidad”, concluye.