Puedes creer en tus bancos y en el espagueti volador, pero no sería muy inteligente
Y allá van de nuevo los Keystone Cops. Las autoridades europeas no podían saborear unos días su victoria sobre Chipre. Tenían que provocar una tormenta, como ha hecho el presidente del Eurogrupo. Jeroen Dijsselbloem comentó a Reuters y el FT que el modelo de Chipre podría utilizarse en otras crisis bancarias europeas: imponer una quita o impuesto a los depósitos, en especial si superan los 100.000 euros, ya no sería un caso único, sino una opción perfectamente aceptable para el futuro.
Las bolsas se llevaron el golpe en toda la boca. En especial en Madrid y Milán.
¿Es idiota Dijsselbloem o hay un plan detrás? Hay que recordar que en la noche en la que se anunció el primer acuerdo con Chipre (que luego su Parlamento rechazó) le preguntaron al holandés si esa opción estaba descartada para futuras crisis. Y en ese momento el impuesto, quita o como queramos llamarlo también afectaba a los depósitos de menos de 100.000 euros. Dijsselbloem se negó a descartarla.
Al principio, se dijo que era la consecuencia de tener a un novato en un puesto tan delicado. Acaba de estrenarse como presidente del Eurogrupo y tampoco lleva mucho tiempo como ministro holandés de Hacienda. Ahora ya no está tan claro. Es cierto que su portavoz ha salido después para decir que sus palabras se han sacado de contexto (disculpa guardada en f4 por los jefes de prensa) y que después se ha difundido un comunicado con el que confirmar que Chipre es “un caso único”. Esa explicación confirmaría la versión 'Dijsselbloem es idiota'.
Me temo que es la explicación fácil.
Felix Salmon --y unos cuantos más-- cree que no hay ningún traspiés. Se trata de una política que tiene un cierto sentido, aunque aparezca en el peor momento posible (el peor para los europeos del sur, no para alemanes y holandeses). Se acabaron los rescates a los bancos (con los que además la economía de un país asume una tonelada de deuda imposible de devolver). Si es necesario, habrá exigir que pasen por caja accionistas, bonistas y también ahorradores.
Abrir una cuenta ya no será una decisión digamos inocente por su simplicidad. Ahorradores hasta cierto punto. Los que tengan por encima de 100.000 euros saben que por encima de esa cifra asumen un riesgo. Pero, claro, todo dependerá de la gravedad de la situación y de los riesgos políticos que las autoridades políticas quieran asumir. Muchos gobiernos han dicho que no subirán los impuestos o que no recortarán en educación y sanidad, y luego ya sabemos lo que han hecho. La garantía de que no se tocarán esos primeros 100.000 euros tiene tanto valor como todas esas promesas que desaparecieron como lágrimas en la lluvia.
Salmon comenta que depositar un dinero en el banco no es otra cosa que hacer un préstamo a esa entidad financiera. Completamente cierto. También es cierto que colocar a los ahorradores en el mismo plano que accionistas y bonistas es un caso de ceguera política tan acusado que puede poner en peligro la confianza en el sistema financiero en un momento en que no hay campo en la actividad económica que no se vea afectado por la incertidumbre.
Tener una cuenta corriente (los que pueden) de más de 100.000 euros se ha convertido gracias a la UE en un acto de fe con tanto sentido como creer que el espagueti volador es el ser supremo. Si un país como Italia o España ve sufrir otra vez un aumento repentino e incontrolable de su prima de riesgo, como ocurrió en mayo y junio de 2012, mantener el dinero en sus bancos es otra demostración de confianza ciega en un sistema que no ha hecho méritos para merecer tanta adhesión.
Es muy bonito, casi entrañable, que los gobernantes pidan a los ciudadanos que confíen en el futuro de su país (lo que incluye a su economía y a su vez al sector financiero).
La respuesta sólo puede ser: eso cuéntaselo a Dijsselbloem.