Sorpresas en las elecciones de Egipto
Netanyahu nunca ha creído que la Primavera Árabe fuera una buena noticia para Israel, así que este mensaje no es ninguna sorpresa. Regímenes autoritarios como los de Egipto, Jordania y hasta Siria son siempre un vecino más fiable. Sus gobiernos no tienen que acomodarse a los deseos de sus respectivas opiniones públicas. Y siempre queda la opción de mantenerlos vigilados a través de Washington.
Las elecciones presidenciales de Egipto del 23 de mayo van a poner a prueba los nervios de Netanyahu. En última instancia, ha aparecido un candidato que complacería los intereses del primer ministro israelí: el ex vicepresidente Omar Suleimán, más conocido por sus años al frente de los servicios de inteligencia y por ser el alto cargo del régimen que anunció la dimisión de Mubarak.
Suleimán es el 'Mubarak light', con más énfasis en la primera palabra que en la segunda. Los cables de Wikileaks ya dejaron claro que contaba con una muy buena relación con Israel.
Las probabilidades de Suleimán son muy escasas, a menos que los egipcios quieran sustituir una dictadura por otra. La falta de un candidato oficial de los Hermanos Musulmanes dejaba muy abierta la pugna hasta que hace unos días el movimiento islamista anunció que sí lo tendría. Pocos vieron venir este repentino giro, ya que los Hermanos habían afirmado durante el último año que no estaban interesados en acaparar todo el poder.
Nadie parece tener muy claras las razones de este cambio. Se manejan varias posibilidades y conspiraciones posibles, entre las que está un hipotético pacto entre islamistas y militares. Pero la confusión es máxima desde el momento en que también es posible la opción opuesta. Que los Hermanos crean que sólo una presidencia fuerte, y no un sistema en que el mayor poder resida en el Gobierno y el Parlamento, como parecían preferir, pueda hacer frente al complejo militar-industrial controlado por el Ejército, tanto desde los cuarteles como desde varios centros de poder económicos.
Otra explicación bastante sólida es que los islamistas temen verse desbordados por su derecha con la candidatura salafista de Hazem Salah Abu Ismail. Los ultraconservadores ya dieron la sorpresa en las elecciones legislativas y cuentan ahora con un candidato bastante popular. Sin un líder sobre el que volcar todo el apoyo de los Hermanos, Abu Ismail podría ganar y eso, por cierto, también sería una catástrofe para el Ejército.
Ante esa tesitura, los militares pueden considerar una victoria de los Hermanos como un mal menor. A menos que crean que Suleimán puede ganar y decidan izar la bandera del candidato de ley y orden con el que poner fin a una situación de caos y desgobierno. Esa posibilidad es bastante preocupante porque ya sabemos cómo se provocan situaciones de violencia con las que confirmar el atractivo electoral de un candidato.
¿Cómo saber lo que pueden votar 83 millones de egipcios? Lo que está claro es que el futuro de Egipto en los próximos años se va a jugar en cuestión de mes y medio. Y por los nervios que tienen los gobernantes saudíes, hay que suponer que una victoria islamista tendrá poderosas consecuencias en el resto de Oriente Medio.
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No sé si eso tranquilizará a Netanyahu --lo dudo--, pero una delegación islamista ha dicho en EEUU que respetarán los acuerdos de Camp David y no someterán a referéndum el acuerdo de paz con Israel.
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El humor: el candidato salafista Abu Ismail en imágenes un poco fuera de contexto.