Las Palmas de Gran Canaria soñó con 'La Roja'

Las Palmas de Gran Canaria vivió el día más grande en la historia del futbol español, como es costumbre, en las casas, en los bares y las terrazas pero también de la forma que merece un evento tan irrepetible como este: de manera multitudinaria. Así, miles de personas empujaron, aunque a miles de kilómetros, al equipo español desde las pantallas gigantes instaladas en la Playa de Las Canteras.

Para muchos de los que ocupaban las primeras filas frente a la pantalla, la fiesta había comenzado bastantes horas antes. Previsores de la cantidad de gente que acudiría a Las Canteras a ver el encuentro muchos optaron por coger sitio temprano, la mayoría después de comer y algún forofo incluso desde la mañana, aprovechando así además el día de playa . No se equivocaron, a la hora del partido no cabía un alma. Muchos adolescentes y jóvenes con camisetas de La Roja o la bandera como vestido, pero también familias con bebés y personas mayores e incluso algún pulpo Paul llenaron a reventar la Plaza de la Música, convirtiendo el partido en una fiesta.

La gente, animada por la posibilidad de terminar el día como campeones del mundo, no dudó en desgañitarse animando a la selección incluso desde antes del inicio del partido con gritos de “campeones” o “podemos”. Los canarios Silva, a pesar de su suplencia, y Pedro fueron además de los jugadores más animados. Una vez comenzado el encuentro peores palabras recibieron el colegiado inglés Webb y los futbolistas holandeses ante el continuo goteo de faltas al que estaban sometiendo a los españoles. La patada en el pecho de De Jong a Xabi Alonso levantó al público de la indignación como sólo lo hizo una hora después el gol de Iniesta. Las continuas faltas no sólo cortaron el juego de España sino que también amansaron los ánimos de los aficionados.

Tras los movimientos de idas y venidas del descanso, la gente se acercó aún más a la pantalla gigante casi en un intento de empujar al equipo hacia adelante con todas la fuerzas que fuese posible. El avance no cesó en toda la noche. Con el paso de los minutos aumentaba el sufrimiento, y la ocasión en el minuto 62 de Sjnaider dejó a toda la plaza sin respiración.

España va a la prórroga

No decayó sin embargo el ánimo ni siquiera a la llegada de la prórroga. Todos querían ser campeones, y aunque más nerviosos que nunca afrontaron todo lo que se venía encima con gritos de “a por ellos”. El sufrimiento crecía de forma exponencial y alcanzaba sus momentos máximos con las ocasiones falladas de Cesc y Navas. Entonces, el tiro de Iniesta en el minuto 116 llegó en forma de corriente eléctrica a la Plaza de la Música, en un momento en el que muchos ya esperaban casi de manera irremediable el momento de los penaltis. El chute del catalán levantó como un resorte a los miles de aficionados. Gol. Éramos campeones del mundo y se destaba la locura. Gritos, saltos, lloros, besos, abrazos a desconocidos en un momento en el que fútbol hermanó a todos los que estaban ahí presentes.

A un par de minutos del final, la gente se olvidó del partido y no se volvió a sentar nadie. Alguno que otro fue al agua, pero la mayoría con la llegada del pitido final tomó camino hacia la Plaza de la Victoria: era el momento de celebrarlo y la marea roja tomaba las calles. Dejaron de sonar las vuvuzelas en las televisiones y las radios para comenzar los cláxones en las calles. La capital grancanaria se colapsaba desde la Avenida Maritima y Mesa y López se volvía intransitable no sólo para lo coches sino también para todos los que salieron a celebrar la victoria. Las camisetas y banderas tiñeron de rojo la Plaza de la Victoria mientras la gente se dejaba la voz a grito de “campeones, campeones”. Pese a las vallas y policias que rodeaban el monumento de la rotonda, un valiente con una bandera saltaba al cesped de la Plaza de la Victoria y colocaba una bandera, para terminar siendo aplaudido como un héroe.

La gente siguió saltando, bailando al ritmo de la música de los bares de la zona, que aprovecharon la ocasión para hacer su agosto, y coreando cánticos durante varias horas. Aproximadamente a la 01:00 el grupo se fue dispersando y los aficionados comenzaron a volver a casa. “Ojalá la próxima vez que vuelva aquí sea por la Unión Deportiva” comentaba un chico enfundado en una camiseta con el nombre de Valerón a la espalda mientras abandonaba la Plaza de la Victoria. Entretanto, habrá que conformarse con estas alegrías.

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