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El calentamiento global no cabe en la mochila del presidente

Raúl García Brink

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“Dependiendo de qué medidas tomen las personas para restringir las emisiones, para el final del siglo podríamos esperar que la temperatura media del planeta suba entre 1,4 y 6 ° C”. Spencer Weart, El Calentamiento Global.

Han pasado ya casi 10 años desde la publicación en castellano del contundente ensayo de Weart sobre la historia del descubrimiento científico del calentamiento global, pero, desgraciadamente, a pesar de los esfuerzos que se han realizado para lograr acuerdos encaminados a mitigar sus efectos, las señales de alarma cada vez más evidentes nos recuerdan la necesidad de intensificar los esfuerzos tanto a nivel local como global. Aunque algunas organizaciones no gubernamentales abogan por no sobrepasar los 1,5 grados de temperatura media global a finales de siglo, existe un consenso científico generalizado de un aumento de 2 grados como límite soportable para el planeta.

Por otro lado, el origen antropogénico del cambio climático no es una hipótesis, sino una realidad contrastada cuyos efectos se están manifestando a través fenómenos climáticos extremos como las progresivas olas de calor y huracanes o, por ejemplo, en los episodios de afloramiento de microalgas en nuestras costas, así como en la drástica disminución de lluvias a escala global y las consecuentes sequías. En consecuencia, si sus causas son humanas, no nos queda otro remedio que asumir desde las instituciones públicas el deber ético y político de luchar contra los efectos del calentamiento global desde diferentes niveles, especialmente desde el ámbito local.

El proceso de consulta pública acerca de una futura Ley sobre Cambio Climático y Transición Energética iniciado por el gobierno de Mariano Rajoy ha llegado muy tarde, sobre todo si tenemos en cuenta que Cataluña ya aprobó su legislación al respecto y son varias los parlamentos autonómicos que de una manera u otra están abordando esta cuestión. Sin embargo, aquí en Canarias el calentamiento global no forma parte de la agenda del gobierno de Clavijo, que solo ha realizado algún anuncio a modo de cortina de humo cuando se ha visto superado por las circunstancias. Así, el nombramiento de un Comisionado para el Cambio Climático y la Sostenibilidad anunciado tras la crisis de las microalgas se ha quedado en agua de borrajas. Por otro lado, poco o nada se sabe del Observatorio Canario sobre Cambio Climático que supuestamente se creó en el mes de abril tras dos años anunciando su puesta en marcha. En consecuencia, el Gobierno de Canarias ni está ni se le espera a la hora de abordar el cambio climático a pesar del consenso científico y político al respecto.

En el Cabildo de Gran Canaria sí nos tomamos en serio esta problema. Desde el inicio de la legislatura se creó un Grupo de Acción Climática y se ha redactado un borrador de Estrategia de Cambio Climático abierto y participativo con la sociedad civil, además de implementar políticas destinadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y a mejorar la resiliencia frente al calentamiento global como el Pacto de los Alcaldes, que incluye una Evaluación de Riesgos y Vulnerabilidades frente al Cambio en Gran Canaria, o proyectos de energías renovables o de ahorro y eficiencia energética como el proyecto Aquagran incluido en la Iniciativa Gran Canaria Isla Inteligente.

En contraste con estas políticas, día sí y día también escuchamos a consejeros y altos cargos del Gobierno de Canarias repetir el mantra de que el gas es la energía de transición hacia las renovables. Y, mientras tanto, se niegan a estudiar siquiera el potencial geotérmico de las islas a pesar de los indicios. Para implantar el gas sí invierten tiempo y dedicación, puesto que ahí se confunden de manera turbia el interés general y los intereses espurios de los operadores que esperan obtener su tajada de la implantación del gas. A pesar de ello, Clavijo no tuvo ningún empacho para reunirse con Greenpeace durante la campaña electoral y firmar un compromiso a sabiendas de que no lo iba a cumplir, solo para sacarse la foto. Como era de prever, dos años después los canarios sufrimos la afrenta de contemplar como nuestro Presidente era designado “villano del clima” por dicha organización, un galardón que se ha trabajado a pulso.

Esos son los intereses y conductas que esconde la aparentemente simpática e ingenua mochila del Presidente Clavijo, una mochila en la que la adaptación y mitigación del cambio climático no tiene un hueco. Así se camina más ligero, sin duda, pero la ligereza en política equivale a trivialidad e irresponsabilidad. Ban-Ki Moon decía que “el cambio climático y la forma en que lo abordemos nos definirá, definirá nuestra era y, en última instancia, nuestro legado a las futuras generaciones”. No soy adivino ni pretendo serlo, pero me temo que nada bueno van a decir las presentes y futuras generaciones cuando analicen la herencia de Clavijo y su gobierno en la lucha contra el calentamiento global. Ni parece tampoco que le importe mucho.

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