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Iconoclastia
Ganar sin jugar

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Feijóo no se presentó a las elecciones gallegas pero en su partido dicen que las ganó. Es, más que difícil, imposible que alguien pueda ganar unas elecciones en las que no se ha presentado como candidato. Es como pretender ganar el gordo de la lotería sin adquirir ningún décimo. El más difícil todavía.

El PP presentó a la reelección a la presidencia de la Xunta de Galicia a un tal Alfonso Rueda, que sustituyó a Feijóo al frente del gobierno gallego cuando este fue nombrado presidente nacional y se trasladó a Madrid para presentarse a las elecciones generales. 

Los partidos se arrogan siempre la victoria hasta cuando pierden. Si ganas en una autonomía proclamas que también vences en la nación y si ganas en la nación dices que también has vencido en la autonomía, aunque no lo hayas hecho. Lo único cierto es que el ganador de las elecciones gallegas fue el popular Alfonso Rueda, que logró la mayoría absoluta, aunque perdió dos escaños. 

En realidad, la victoria del PP gallego es una mala noticia para el presidente nacional del partido y líder de la oposición porque eso significa que Feijóo no era tan necesario y mucho menos imprescindible para los votantes de Galicia, como quisieron hacer ver desde el Partido Popular. 

Si un desconocido introvertido y paniaguado como Rueda gana las elecciones autonómicas sin bajarse de la guagua será porque Feijóo no es más bueno y carismático que él. Rueda ha demostrado que no hace falta el cartel de Feijóo para ganar las elecciones en su tierra.

Por eso la victoria indiscutible del PP en Galicia debilita nominalmente a Feijóo más que lo refuerza como próximo candidato a ocupar el Palacio de la Moncloa. Incluso Rueda podría ser el próximo candidato del PP a la Presidencia del Gobierno de España tras demostrar que arrastra tantos votos o más que Feijóo. 

Es mentira que los gallegos votaran en clave nacional porque en Galicia han votado como siempre en las elecciones autonómicas, dando la mayoría al partido que fundó Manuel Fraga, el gallego que también estuvo al frente de la Xunta después de ser ministro con Franco. 

Si el PP gallego hubiera pasado a la oposición, entonces sí se pondría en valor la figura de Feijóo y no la de Rueda, como es el caso. Los gallegos no votaron en clave nacional, votaron en clave de ja.

 Los dos bloques en Galicia siguen en empate técnico: el conservador se mantiene, aunque pierde dos escaños, y el progresista hace lo propio con una subida notable del Bloque Nacionalista Galego y una bajada considerable de los socialistas. Los dos partidos de izquierda han actuado como vasos comunicantes y lo que uno ganó lo perdió el otro. Y lo que ganó el otro lo perdió el uno. 

Prueba de que no se votó en clave nacional son las últimas elecciones autonómicas y generales que se celebraron el año pasado en España en un período de dos meses. En las autonómicas el PP barrió en la mayoría de las comunidades pero en las generales celebradas dos meses después Pedro Sánchez logró un millón de votos más que en los comicios anteriores, dejando patidifusos al PP y a Vox, que se han tenido que conformar con la consolación y seguir formando parte de la triste oposición hispana, donde hay más ruido que nueces.

Los dispares resultados del PSOE en las dos elecciones del año pasado demostraron que Sánchez tiene más respaldo que sus barones territoriales. Tampoco vale el argumento del PP cuando afirma que el PSOE pagó su posicionamiento favorable a la amnistía de los independentistas catalanes. Si hubiese sido así, los electores gallegos habrían penalizado en mayor proporción al Bloque Nacionalista Galego, que ha defendido siempre con más intensidad la amnistía que los propios socialistas. Pero ocurrió todo lo contrario. 

El PP gallego estuvo tan nervioso en la campaña electoral que se inventó un vídeo en el que comparaba al Bloque Nacionalista Galego con Bildu, que ya es decir. Si esto fuera cierto, significaría que los bilduetarras con gaitas han sido los únicos que han subido notablemente en la patria chica de Franco. O sea, los ganadores morales.     

Precisamente por eso los conservadores gallegos deberían estar más preocupados, a no ser que lo del vídeo fuera una mentira más de la factoría Feijóo, esa misma que un día llama golpistas a los de Puigdemont y al día siguiente asegura que consideraría una amnistía a los investigados por el procés porque nadie puede creerse que el ex presidente de la Generalitat sea un desalmado terrorista.

Ya se hacen conjeturas en las casas de apuestas para ver qué otras invenciones aportará el PP en las próximas elecciones europeas. Para morirse de risa si no fuera para llorar. 

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