Espacio de opinión de Canarias Ahora
Adiós a un alcalde
Murió el alcalde intermitente del Puerto de la Cruz, Marcos Brito, un personaje irrepetible, fruto de un tiempo y una sociedad en la que la política municipal se gestionaba más en los encuentros en la calle con los vecinos o en torno a la barra de un bar con los empresarios, que en la alcaldía o las oficinas del Ayuntamiento. Era un tipo amable pero cabezón, un abuelo simpático y al mismo tiempo correoso, otro más de ese sindicato de políticos de pueblo que se creció en el caldo de cultivo de la antigua ATI y acabó por asumir un nacionalismo que le quedaba más lejos que el tercio familiar. Durante su primer mandato como alcalde democrático intentó modernizar el Puerto de La Cruz, pero se dio de bruces con un ayuntamiento manirroto y arruinado, y una burocracia municipal adiestrada para el inmovilismo, ante la que acabó sucumbiendo sin sufrir por ello demasiado. Probablemente no debió volver por quinta vez a la alcaldía: sus últimos tres años como regidor, cansado y sin muchas ilusiones, sólo se ocupó de aguantar y estirar un mandato con muy pocas luces y muchos desastres. Y preparó muy mal su propio relevo: apostó por la más próxima y deja un grupo roto, un municipio exhausto y un vecindario muy cabreado…
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