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La última trapisonda de Mauricio

Francisco Pomares

José Carlos Mauricio es sin duda uno de los personajes más interesantes del viejo patio político canario: delfín autoproclamado de Santiago Carrillo en el Partido Comunista, azote de la derecha desde las filas del progresismo, fundador de Coalición Canaria, reconvertido al moderno nacionalismo de Manuel Hermoso, diputado revelación en el Congreso y por último aliado fiel del Gobierno Aznar, su biografía política es de las más completas (y cambiantes) de las que se conocen en esta región. Retirado a la fuerza de la política canaria (se presentó a la alcaldía de Las Palmas de Gran Canaria por Coalición y no resultó ni siquiera elegido concejal), Mauricio ha sido noticia en los últimos tiempos por asuntos extrapolíticos: le pillaron conduciendo sin carné no una sino dos veces, y ahora le acusan de falsear un contrato de trabajo en una fundación de la que es patrono, para regularizar la situación de una emigrante cubana, novia del decano de la Facultad de Económicas de la ULPGC, también imputado.

El martes estuvo Mauricio en el juzgado, acusado de un delito de falsificación de documento público. Lejos de defenderse de la acusación o pedir disculpas por haber sido pillado, mientras esperaba para comparecer, Mauricio volvió a demostrar su extraordinaria capacidad para el embrollo y la pirueta dialéctica. Presentó lo que a falta de más explicaciones parece una falsa contratación de diseño, realizada para resolverle un problema a la amiga de un amigo -una ilegalidad menor, vaya- como una persecución orquestada por la judicatura, las fuerzas de seguridad y el obispo de Roma, con complicidad y connivencia mediática. Según contó a los periodistas, la policía buscaba probar que en su fundación “había algo de dinero negro, blanqueamiento de capitales, o un servicio de inmigración fraudulento, algo raro”, y que al final “solo hay este hecho”, que la policía habría utilizado “para agarrarse a algo, porque claro, se tienen que justificar ante los contribuyentes para justificar esta tontería”.

Hombre, tanto como una tontería no es: es verdad que no se le acusa de haber asesinado a Kennedy, y que si el asunto no le afectara personalmente, todo el mundo lo consideraría una pequeña golfada, realizada quizá -como asegura el propio Mauricio- con buena intención. Pero las leyes son iguales para todos, aunque los años de inmunidad parlamentaria parecen haberle hecho creer a nuestro prócer retirado que conducir sin carnet es un asunto baladí o que una contratación en falso no tiene importancia. Mauricio califica a su fundación como empresa (no lo es, las empresas pagan impuestos) y explica que se financia con fondos privados, como si eso la eximiera de cumplir las leyes. También insiste más de la cuenta en asegurar que a la empleada se le pagó el sueldo y que podrá demostrarlo. Quizá por ahí vayan las pesquisas. A los cinco meses de haberla contratado él, la novia del decano pasó a ser contratada por una entidad vinculada a la ULPGC. Una historia que se puede entender, un asunto pedestre de necesidades humanas. No creo que haya que fusilar a nadie por ella, pero tampoco es para que Mauricio saque pecho y se presente como un perseguido. Porque lo que ha hecho tampoco es precisamente edificante.

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