Un panorama complicado

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La negociación colectiva constituye una pieza clave en el entramado de la política económica porque permite mantener la vinculación ordenada de los salarios y de los precios. Por otra parte, puede plantear propuestas en torno al binomio formación-empleo tratando de mantener un alto el nivel de empleo, incrementar la formación y cualificación y reducir la presión del crecimiento de la población económicamente activa sobre la tasa de paro. Por ello, es importante establecer desde el principio el marco de actuación porque, en la actualidad, se tienen peores condiciones para la negociación. Esto es así porque el menor crecimiento debilita la posición de los trabajadores por el incremento de la tasa de paro, debido al exceso del crecimiento de la población económicamente activa sobre el crecimiento del PIB y la adaptación pasiva de la productividad. Un objetivo evidente es el conseguir una cobertura de negociación colectiva mayor que evite diferencias salariales tan importantes. Pero los salarios reales reaccionan con retraso a las fases del ciclo de menor crecimiento y moderan su crecimiento cuando dicha cobertura de la negociación colectiva se reduce debido a que tiene variaciones intensas en ciclos cortos de la economía.

Según lo dicho, una estrategia adecuada sería acentuar la independencia de la negociación colectiva de los ciclos cortos de la economía, asegurando la cobertura fundamentalmente cuando se producen etapas de auge. Tal estrategia se obtiene a través de la centralización de la negociación colectiva que garantice incrementos salariales en términos reales. Esta última cuestión es muy importante para una estrategia de mantenimiento de la demanda de bienes de consumo. De esta forma concretamos el objetivo de maximizar el producto del empleo por los salarios en la renta interior bruta.

La reducción del ritmo de crecimiento, hasta pasar a cifras negativas, producirá un impacto considerable en el empleo y la tasa de paro. El riesgo, por tanto, de que la tasa de paro crezca de forma significativa en las Islas Canarias en los próximos trimestres es evidente. La actual situación tiene un componente foráneo. Se deriva en parte de la incertidumbre generada en la economía mundial, pero también tiene un componente interno que procede de nuestras peculiaridades.

Dos elementos más merecen ser destacados para configurar el panorama de la situación económica y social. En primer término, debemos ser conscientes de que el importante crecimiento del empleo del que hemos dado cuenta ha generado una evolución de la productividad media del factor trabajo negativa durante gran parte de este período de crecimiento. Esto es así porque el empleo de baja cualificación ha ido adquiriendo un volumen muy importante respecto al empleo global. Tal y como los ciclos cortos de la economía de las Islas Canarias nos enseñan, las etapas de menor crecimiento se saldan con una rápida destrucción de empleos, precisamente de aquellos de menor productividad, empleos que son denominados “paro disfrazado”. Es la estrategia de adaptación pasiva a una situación de menor crecimiento económico. La necesidad, por tanto, de mantener una acción coordinada de los agentes económicos y sociales para que la tasa de paro no se incremente parece evidente. Aunque no es menos cierto que, por muy evidente que sea, si no hay determinación en las actuaciones, difícil panorama nos espera.

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