Ya ha pasado una semana desde que la Confederación Canaria de Empresarios pusiera el grito en el cielo a cuenta de las dichosas cuadrículas mineras y el correspondiente monopolio en la provincia de Las Palmas, y el consejero de Industria no ha movido un pajullo. No sabemos, ante tal constatación, si llenarnos de pesadumbre y desasosiego o alegrarnos muy sinceramente. Esto último, como consecuencia de no ser los únicos desairados por don Luis Soria, que no contesta a nuestras llamadas ni a nuestro cuestionario enviado por fax ni así le aten. Dicen que, opel record, ha dicho que aparten de él ese cáliz que es asunto de un Gobierno anterior en el que él jamás estuvo. Ni soñó estar. Grave error el callar -nos atrevemos a pontificar- o peor asesoramiento -intuimos- porque a más crezca la bola, más grande será el tonelaje de piedra ornamental que le caerá encima. Y entonces a ver quién la para.