El blog de Carlos Sosa, director de Canarias Ahora
Trump y Mohamed VI
¿Y África? Poco a poco se van revelando los planes de Donald Trump para el mundo sin que, por el momento, se detecten mecanismos eficaces para frenarlos. Todo el planeta mira adonde el presidente de Estados Unidos señala con el dedo. Empezó por su patio trasero, Latinoamérica, particularmente Colombia, México y Cuba, y ha vuelto a retomar, esta vez con más severidad, su interés por Groenlandia, territorio danés, por lo tanto europeo.
Nada hace pensar que este comportamiento expansionista se detenga en esas pretensiones, sobre todo teniendo en cuenta que quiere controlar el planeta. Y África es un continente estratégico desde todos los puntos de vista, especialmente los tres que él no oculta en absoluto: frenar la expansión de los que él llama sus adversarios (particularmente, China), someter a los gobiernos democráticos y no democráticos y saquear recursos naturales.
Marruecos es uno de los países más al alcance del presidente estadounidense. No solo es un territorio geográficamente estratégico, eficaz ejerciente como freno del terrorismo yihadista y vecino de Europa. Tiene a su frente a un rey, Mohamed VI, que es su amigo. Gracias a Trump, Marruecos también ha hecho realidad una de sus vocaciones más expansionistas: cincuenta años después de la marcha verde, que supuso la salida de España de ese territorio, ha consolidado su control sobre el Sáhara Occidental, que se convertirá en un remedo de autonomía bajo sus designios.
Rico en fosfatos y en hidrocarburos, entre otros recursos naturales, el Sáhara Occidental reúne todos los requisitos que apetecen a Trump y a su amigo marroquí, que también tiene acreditadas apetencias territoriales. Las más directas, sobre Ceuta y Melilla, territorios continentales en poder de España. Pero también sobre aguas territoriales cercanas a Canarias, como el monte Tropic, rico en tierras raras, y otras zonas marítimas susceptibles de prospecciones petrolíferas. Trump dará alas sin duda a estos sentimientos tan arraigados en amplios sectores de la política y la opinión pública marroquíes, con consecuencias imposibles de determinar en estos momentos.
España, que se sumó -sin dar aún las necesarias explicaciones- a la iniciativa estadounidense de entregar el Sáhara a Marruecos, ha sido el país de Europa más duro con el asalto de Trump a Venezuela y el secuestro de Maduro y su esposa. Es el que está liderando, junto a Dinamarca, por razones obvias, un movimiento contra las ansias imperialistas de Trump. Pero se encontraría en una posición muy difícil si esas veleidades recalaran aquí al lado.
De momento, Canarias no ha emitido ni una sola palabra de crítica contra el presidente estadounidense, quizás por proteger a una colonia canaria en Venezuela que nada importa al invasor, se diga lo que se diga de él.
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