Los disparates lingüísticos de Bad Bunny
Días atrás me preguntaron en un programa de radio mi opinión sobre la lengua que habla el cantante puertorriqueño Bad Bunny, actualmente tan en boga por su intervención en la recepción de los premios Grammy y su valiente actuación en la gala de la Super Bowl americana. ¿Habla Bad Bunny español? ¿Habla spanglish? ¿Habla una jerga de otra galaxia? La pregunta, un tanto extemporánea, dicho sea de paso, porque yo no me hallaba en la emisora para hablar del asunto, sino del español de Canarias, no me cogió, sin embargo, de sofate. Las dudas acerca de la corrección del español que usa el cantante caribeño en sus actuaciones y conciertos no constituye ninguna novedad para los conocedores de su trayectoria artística. Basta con echar un vistazo a las redes sociales para comprobar hasta qué punto está extendida la opinión de que Bad Bunny es un prevaricador de la lengua española. Así, sin ir más lejos, en el popular YouTube nos encontramos con afirmaciones de este jaez, algunas de ellas no exentas de ironía más o menos ingeniosa: “Cuando canta, no se le entiende”, “No habla, sino que ladra”, “Da pena, pobre hombre; si es que, pobrecito mío, le cuesta hasta vocalizar”, “Con trabajo se le entiende lo que dice, y eso que habló lento”, “No canta, no habla bien español, no tiene carisma”, “Es más probable que me gane la lotería que que Bad Bunny pueda dar un discurso de cuatro frases y con algún sentido”, “No habla en español”, “No sabe hablar ni español ni inglés”, “No sabe cantar, no se entiende lo que dice”, “Sólo balbucea cuando canta”, “Sólo balbucea estupideces”, “Este tipiko no canta; lo que hace es gritar” o “Hay mejores músicos y le dan el premio a un bobo, que no puede ni pronunciar bien las palabras”. Como si todo el mundo se hubiera confabulado para dar la razón al actual presidente de los Estados Unidos de América, que, tras la intervención del cantante latino en la fiesta de la Super Bowl, escribió indignado en las redes sociales que “nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo”.
¿Qué es lo que pasa aquí? ¿Es verdad que no hay quien entienda las tan hipersexuales y underground canciones de Bad Bunny? ¿Se puede cuestionar la hispanidad de su forma de hablar? Evidentemente, no. La lengua que habla y canta este ídolo musical de muchos de los jóvenes de hoy es indudablemente español, porque la fonética, la gramática y el léxico que emplea en sus canciones y en su vida diaria no son otra cosa que la fonética, la gramática y el léxico de la lengua española. Lo que ocurre es que no se trata del español académico o formal, sino del español particular de su país de origen (Puerto Rico), algunas de cuyas particularidades (las más destacadas, sobre todo) se reflejan en sus composiciones musicales.
Así, se refleja en la letra de sus composiciones musicales la pérdida de la -s implosiva o de final de sílaba (tras haberse aspirado previamente), tan sistemática en el nivel más popular de su modalidad lingüística. Es lo que vemos en textos como “Vamo’ a tirarno’ un selfie” (en lugar de “Vamos a tirarnos un selfie”), “Cada uno de ustede’ significa mucho para mí” (en lugar de “Cada uno de ustedes significa mucho para mí”), “Pero las tre’ son una’ diabla’” (en lugar de “Pero las tres son unas diablas”), que encontramos en las canciones que llevan por título “Tití me preguntó”, “Debí tirar más fotos” y “Yo perreo sola”, respectivamente.
Se refleja en la letra de sus canciones la neutralización puertorriqueña (y de otras variedades hispánicas) de la oposición consonántica r / l, en favor del segundo elemento, como se comprueba en el NuevaYol que da título a una de sus canciones más populares y el Soy de Puelto Rico que se le oye decir en tantas de sus entrevistas de radio o televisión, por ejemplo.
Se refleja en la letra de sus composiciones la frecuentísima asimilación (tras aspiración, también) que experimentan en el habla de su región los grupos consonánticos /rn/, /rl/, /rt/, /sm/, etc., como pone de manifiesto el “Ponte en cuatro, que te vo’a dar fuete” (fuette, tenía que haberse escrito, para hacer justicia a la pronunciación) (en lugar de “Ponte en cuatro, que te voy a dar fuerte”), de “Voy llevarte pa PR”.
Se refleja en la letra de sus composiciones la sistemática pérdida de la /d/ intervocálica propia del habla de su país y de otros registros populares del español, como vemos en “De la’o a la’o, ping-pong” (en lugar de “De lado a lado, ping-pong”), “Ey, tengo el pecho pela’o, me dio una matá’” (en lugar de “Ey, tengo el pecho pelado, me dio una matada”) o “Vine ready ya, puesta pa una cepillá’” (en lugar de “Viene ready ya, puesta para una cepillada”) de las canciones Nuevayol, Debí tirar más fotos y Safaera, respectivamente.
Se refleja en la letra de sus composiciones determinados rasgos gramaticales del Caribe, como: a) La anteposición del sujeto al predicado en las oraciones interrogativas: v. gr., “¿Qué tú te cree’, jodío cabrón?” (en lugar de “¿Qué te crees tú, jodido cabrón?”), “Rojo, blanco, negro, ¿cuál tú quieres?” (en lugar de “Rojo, blanco, negro, ¿cuál quieres tú?”), “Dime, baby, ¿dónde tú está’?” (en lugar de “Dime, baby, ¿dónde estás tú?”) de las canciones Safaera, Mónaco y Debí tirar más fotos, respectivamente; y b) La profusión de diminutivos afectivos: “Por eso es que me gusta ir contigo a la playita / y llenarte de besitos la carita, / y un día juntito’ es lo que yo necesito” de la canción Weltita.
Y se refleja en la letras de sus composiciones algunas de las voces más comunes de su modalidad lingüística (muchas de ellas, dicho sea de paso, de procedencia canaria), como botar (“La nena bailando se botó”, dice en Safaera), parar ‘poner de pie’ (“Parao, parao, parao lo tengo”, en ídem), lamber (“Baja pa casa que yo te lambo toa”, en ídem), zafadera (“Diablo, qué safaera”, en ídem), chingar (“Se ve que chinga rico”, en ídem), güiro (“Y sería cabrón que tú me toque’ el güiro”, en Debí tirar más fotos), estadía (“Que mi estadía cerca de ti ya se terminó”, en ídem), janguear (“Dile que esta noche vamo’ a janguear”, en “Voy llevarte pa PR”), pichar (“Ante’ tú me pichaba’ (tú me pichaba), / ahora yo picheo”, en Yo perreo sola), tití (“Tití me preguntó si tengo muchas novia’”, en Tití me preguntó), vacilar (“Si quiere’ vacilar, sube tú pa la montaña”, en “Café con ron”) o virar (“Dale, mami, pégate (¡ah!), vírate”, en Eoo).
Es el hecho que comentamos, el hecho de que, como es lógico, emplee el cantante puertorriqueño la forma de hablar corriente y moliente de su pueblo, que es el que le es natural, el que da a las letras de sus composiciones musicales un aire un tanto exótico o extraño para aquellos que ignoran el español popular del Caribe. No es, por tanto, que Bad Bunny “balbucee”, “ladre”, “grite”, “no sepa vocalizar”, “no hable español” o “no pueda pronunciar bien las palabras de nuestra lengua”, como afirman algunos de sus críticos más desconsiderados, sino simplemente que habla un español muy particular: el español de Puerto Rico, que es su nación de origen. Y es lógico que así sea, porque el ser humano sólo puede hablar sin traicionar su identidad la modalidad lingüística que mamó con la leche de su madre, que es la que organiza su geografía, su historia, su flora, su fauna, la sociedad a la que pertenece, su personalidad, etcéteras, y que todos debemos respetar, aunque sólo fuera para que los demás respetaran la nuestra. Como dice Unamuno con metáfora fisiológica, en el español de América “hay mucho de diferencial, debido a que el cambio de clima y de íntimas condiciones de vida y la mezcla de diversas sangres materiales modifica o la composición misma de aquella sangre espiritual que decía, o el ritmo, por lo menos, de su circulación, así como su manera de renovar los tejidos”.
Si a lo que acabamos de indicar añadimos que el reguetón, que es el género musical que practica el cantante puertorriqueño: a) es de raigambre popular y, por tanto, exige el lenguaje llano del pueblos, b) tiene un ritmo repetitivo y cansino, c) usa ciertas voces neológicas, como perrear ‘bailar reguetón’ (“Vamo’ a perrear, la vida es corta”, en Yo perreo sola), corillo ‘grupo de amigos’ (“Cuida’o con mi corillo, que somo’ un montón”, en El apagón) o diabla ‘mujer seductora y poderosa’ (“Mi diabla, mi ángel, mi loquita”, en Baile inolvidable), d) viola determinadas convenciones ortográficas para aproximar la lengua escrita a la lengua hablada (“Weltita” y “Safaera”, por ejemplo, dan nombre a dos canciones de su repertorio, en lugar de Vueltita y Zafadera) y e) está muy influido por el inglés de los Estados Unidos de América, de donde ha tomado voces como brother (“Brother, yo no sé ni cómo llegué a cada anoche”, dice en Café con ron), sunset (“Otro sunset bonito que veo en San Juan”, en Debí tirar más fotos), chequear (“Chequéate la mía cómo es que suena”, en ídem), ready (“Vine ready ya, puesta pa una cepillá’”, en Safaera), panty (“¿Cómo te atreve’ a venir sin panty?”, en ídem), yes (“Ese culo se merece to’, se merece to’, yes”, en ídem), baby (“Bien borracho’ los tre’, baby, a las do’ me las vo’a llevar”, en Voy llevarte pa PR), wait (“Tiene a 20 en lista de waiting (dale)”, en Eoo) y hasta su acertado nombre propio (“Bad Bunny”, entre otras cosas, paronomasia del famoso juguetón, divertido, travieso, irreverente e inteligente conejo de la suerte norteamericano “Bugs Bunny), tendremos perfectamente explicadas las causas de la impresión que tienen muchos hispanohablantes de que Bad Bunny o no habla bien español o habla una extraña jerga que no hay Dios que entienda. La gente suele pensar que la lengua verdadera es la que ella habla o la que el poder político o académico le ha presentado como tal a través de la escuela, la burguesía y los medios de comunicación.
Evidentemente, a causas distintas de las comentadas se debe el hecho de que el presidente yanqui no entendiera al cantante boricua en su memorable participación en la Super Bowl, como, según se dijo más arriba, se apresuró a publicar en las redes sociales después de la glamurosa gala. En efecto, si no entendió Trump una palabra de lo que cantó el para él incómodo reguetonero latino, no fue tanto porque desconociera su particular forma de hablar (que, teniendo en cuenta su desprecio por lo hispano, lo más probable es que ni siquiera sepa que existe) como porque está convencido de que todo aquello que no sea inglés no es hablar, sino mero “gruñido” de lo que él considera la “desquiciada basura extranjera”, sea hispanoamericana o de cualquier otra zona deprimida del planeta, que ha invadido los Estados Unidos de América para “comerse las mascotas de sus ciudadanos” y poner en riesgo su privilegiado mundo de confort.
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