El arte y la cultura se reinventan para sobrevivir a la crisis del coronavirus en Canarias

'Somos arte observando arte'.

Los conciertos están suspendidos y las librerías cerradas, al igual que los teatros, auditorios, escuelas de danza y otros espacios creativos. Sin embargo, el confinamiento al que la población española está sometida desde hace un mes no se entiende sin cultura. La sociedad se ha aferrado a ella en todas sus vertientes. Aún así, corren tiempos difíciles para los creadores de arte, quienes han visto caer sus ingresos y han tenido que reinventarse a través de Internet. Dar clases de danza u ofrecer conciertos en las redes sociales son algunas de las alternativas que han surgido durante el estado de alarma, opciones insuficientes para un sector infravalorado en su historia y que ha demostrado ser “un bien de primera necesidad”.

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Los días 11 y 12 de abril, las plataformas online sufrieron un apagón cultural, mediante el cual los artistas exigieron al Ministerio de Cultura que dedicara medidas económicas a paliar esta crisis en el sector. Estefanía, bailarina profesional y profesora de danza en Tenerife, lleva un mes sin poder dar clase y reivindica que el Gobierno central apoye al sector igual que hace con el deporte. Para ella, el segundo plano al que se relega a la cultura no es algo nuevo: “Nunca se ha percibido como una profesión seria, sino como un hobbie por el que puedes sacar dinero extra”.

En esto coincide el cantante de orquesta lanzaroteño Carlos Omar, a quien levantar sus ingresos le costará al menos un año, ya que una de sus grandes fuentes de facturación son las fiestas municipales: “Este verano ya lo tenemos perdido. Entiendo que después de esto a la ciudadanía le costará volver a estos encuentros donde hay miles de personas”. Para él, los artistas son percibidos como “la última necesidad”: “No levantamos el país, pero estos días he visto a artistas de cualquier clase sacarle una sonrisa incondicional a una persona desde sus balcones”, recuerda.

Samuel Trujillo, que forma parte del grupo de música urbana La Tajea, lamenta que el comienzo en el mundo artístico sea tan incierto: “Ningún niño o niña puede decir desde pequeño que quiere dedicarse al arte sin que sus padres se preocupen. El trabajo no se valora hasta que no llegas a una cierta cantidad de gente”. En su caso, el confinamiento ha supuesto una pausa brusca para las grabaciones de vídeo y sonido, aunque no cree que su grupo se vea fuertemente resentido: “Al ser un grupo tan pequeño no tenemos un público al que mantener atento, sino apretar tuercas y recuperar el tiempo perdido”.

Este 16 de abril, el ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, se reunió con miembros de los gobiernos autonómicos, entre ellos, el viceconsejero de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Canarias, Juan Márquez. El propósito: aprobar un Pacto de Estado para la Cultura bajo dos premisas: percibirla como un bien esencial y activar el fondo de emergencia estatal que atienda las características del tejido artístico. Márquez ha explicado a esta redacción que la situación cultural en Canarias es “demoledora”: “Puede que el impacto sea mayor para las ramas más escénicas y expositivas, pero todas se están viendo afectadas”, apunta.

La incertidumbre agrava la situación, al no poder trabajar con fechas fijas para relanzar el arte en las Islas. Por el momento, la Consejería ha invertido más de un millón de euros en tres convocatorias para proyectos innovadores y de nuevos formatos que ayuden a desarrollar nuevas estrategias culturales en el Archipiélago.

El viceconsejero recuerda que el descenso de los ingresos en los hogares se traduce en una caída del consumo cultural en general. En esta línea, el escritor canario Alexis Ravelo pide al público que cuando pase todo esto salga a la calle, vaya a la librería del barrio y compre los libros allí y, si es posible, de editoriales independientes. “Vivir de la escritura supone no tener ingresos fijos y estar sometido a las reglas del mercado”, resalta. Además, en estas circunstancias no solo se ven afectados los autores, sino el resto de miembros de la cadena de producción, como los libreros, el personal distribuidor, diseñador, editor, etc.

Para Ravelo, son las pequeñas editoriales las que se verán más afectadas por esta crisis. “Las librerías están cerradas. Se habla mucho del libro digital, pero hasta ahora no ha supuesto nunca más de un 20% de las ventas. Además, el precio de venta del ejemplar es menor y la proporción con la que se queda el autor también”. Asimismo, el escritor subraya que el mercado de los ebooks ”está monopolizado por un par de plataformas” con una política de precios muy agresiva y “muy opacas en su fiscalidad”. En esta emergencia sanitaria, algunas grandes editoriales han ofrecido tarifa plana en libros digitales, señala Ravelo, pero las pequeñas no pueden hacerlo.

Salvar la creatividad

Salvar la creatividadAnte el parón de la actividad económica y cultural, los artistas han tenido que reinventarse. Es el caso de la compañía de música, danza y espectáculos africanos Hermanos Thioune, que ha comenzado a impartir clases online de baile oriental, africano y de afrobeats. A pesar de que la situación es complicada, Khaly Thioune sostiene que hay que tomarlo como una oportunidad para revisar todo lo que se ha hecho hasta ahora, inspirarse y pensar en cosas nuevas: “Lo más importante es que la gente esté bien. Solo así la cultura podrá salir adelante”. El cantante Óscar Pascual, que reside en Tenerife, también ha tenido que sustituir los escenarios por Instagram, donde comparte su música en directo con una gran aceptación.

En el caso de las artes visuales, las redes son una potente carta de presentación. La fotógrafa tinerfeña Marta Hernández las considera “su principal portfolio”. En la última semana de confinamiento, la profesional, cuya estabilidad económica se fundamentaba en fotografiar bodas, bautizos o comuniones y que ahora pretende encontrar su lado más artístico y creativo, ha tenido tres sesiones por Skype y ha inaugurado su Diario de una cuarentena, en el que incluye cada día una imagen tomada en su casa. “Si estoy toda la alarma sin sacar fotos, se va perdiendo el ojo para combinar colores, luces o para editar”, explica.

Para Hellen Tattoo, artista y dueña de un estudio de tatuajes, estas plataformas no solo le han servido para llegar a sus clientes, sino también para que se valore este ámbito. “La gente ve el día a día del creador y todo lo que implica su trabajo. Se observa desde otro punto de vista y no como algo propio de una clase social más baja o de bandas callejeras”, subraya. En su caso, el confinamiento le ha hecho perder el ritmo: “Sigo diseñando, pero incluso si me dicen que puedo volver mañana a tatuar, me costaría un poco retomar el ritmo que llevaba, que era muy bueno. Le dedicaba incluso 10 horas al día”.

El confinamiento puede ser un arma de doble filo para la creatividad. “Al principio piensas que vas a estar más activo que nunca, porque tienes más tiempo. Sin embargo, los primeros días estás más despistado por la situación. Nos damos cuenta de que termina una etapa y empieza otra muy distinta. Pero últimamente me siento muy estimulado, precisamente la literatura es muy útil para repensar el mundo”, señala Alexis Ravelo. Para él, el arte no morirá nunca, pase lo que pase: “Necesitamos la fantasía, imaginar. Eso no va a cambiar, solo el medio de difusión, pero el mensaje lo crearemos con las mismas claves que cuando usábamos tablillas de barro para la escritura cuneiforme”.

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