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Vidas condicionadas por el transporte público en Asturias: “He llegado a rechazar trabajos por los horarios”

Varios pasajeros guardan cola a la espera de subir a un autobús.

Bárbara Bécares

Oviedo/Uviéu / Gijón/ Xixón / Langreo —
1 de marzo de 2026 22:23 h

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María H. recibió una oferta de trabajo para un restaurante en Oviedo. Necesita mucho el empleo, pero ha tenido que rechazarlo porque no había un transporte público que le permitiera volver desde Oviedo a su domicilio, en Blimea. Su caso no es aislado. Varios asturianos relatan a elDiario.es Asturias cómo puede llegar a estar condicionada su vida por la limitación horaria en el transporte público.

Pocas opciones le quedaban cuando recibió la oferta de trabajo. El último autobús sale a las 22:05 horas desde la estación de autobuses de la capital asturiana y la dejaría en su pueblo casi 90 minutos después.

Los problemas aumentan si no hay alternativas

Otra alternativa era la de hacer malabares: tomar un tren a las 22:25 horas, llegar a la última parada de la línea más cercana, El Entrego/ L'Entregu y, de ahí que su marido pasara a recogerla, porque la línea Villa-Laviana a esa hora ya ha acabado su servicio.

“En realidad -explica María- ninguno me convenía porque la jornada se alargaba hasta las 23:30 de la noche y de ahí hay que llegar a la estación de tren”.

Varias personas esperan para subir a un autobús en Asturias.

Llegar a tiempo al último autobús

Su familia solo dispone de un coche y lo utiliza su marido a diario porque es repartidor. Es su herramienta de trabajo y también desarrolla su actividad laboral hasta tarde.

Su caso es muy similar al de Patricia T. Ella tiene un trabajo donde entra a las 17:30 horas y del que sale a las 22:30. Aunque está casada, lleva una temporada viviendo separada de su marido. Ambos encontraron un piso de alquiler asequible para dos personas, pero ella no podía llegar al último autobús que la llevara a su domicilio.

Alquileres poco asequibles

La pareja no tiene coche. Ella acabó alquilando un cuarto en casa de una amiga en Lugones, con mejor conexión nocturna por transporte público con Oviedo, pero ese espacio donde logró un alquiler asequible es para una sola persona.

Ahora, Patricia y su marido llevan meses buscando un apartamento para alquilar en la capital asturiana o sus alrededores, pero los precios de los alquileres han subido.

Horarios flexibles

Por ello, contar al menos con un horario más flexible que les permitiera ir y venir del trabajo a casa y viceversa sería, para ellos, la solución.

El problema se agrava cuando se vive en algunas de las denominadas “ciudades dormitorio”, donde es menor la frecuencia de las líneas de transporte.

Otros casos

Aziz Safi es cocinero y lleva siete años viviendo en Asturias. Su primer destino fue El Entrego/L'Entregu, gracias a unas amistades con las que ahí convivió. Pero hay mucho más trabajo en Gijón/Xixón y lleva años trabajando unas veces en sidrerías y otras en restaurantes. Su jornada acaba tarde y al no disponer de coche, está obligado a vivir en la villa de Jovellanos.

Le encanta la ciudad, pero la subida de los precios de los alquileres le está afectando, al igual que la discriminación que sufren los extranjeros la hora de encontrar alquileres, aunque tengan contratos indefinidos y un historial laboral de no haber parado de trabajar, como es su caso.

Alargar la jornada de trabajo

Vive en una habitación en un piso compartido, por la que paga más de 500 euros en un quinto sin ascensor y con un casero que impone normas nuevas de forma aleatoria a sabiendas de la dificultad que supone buscar algo nuevo y la falta de tiempo de quien trabaja muchas horas al día, para ponerse en la búsqueda de un nuevo lugar.

En El Entrego/L'Entregu podría vivir cómodamente en casa de una amiga, pero hay un hándicap: el último transporte que conecta Gijón/Xixón y el pueblo minero es a las 22:30 horas.

“A veces quedarse 5 minutos más ayuda en el trabajo”, asegura.

Pocas lanzaderas

Otro caso es el de Weena J., ingeniera informática y una de las afectadas en Asturias: “Ahora teletrabajo pero durante años trabajé en el Parque Tecnológico. Sólo había dos lanzaderas que nos llevaran a Llanera y si las perdíamos, no había alternativa para salir de ahí”, comenta.

Ella recuerda que había días de oficina largos en los que, si el trabajo se complicaba y la jornada se tenía que alargar, había dos opciones: “quedarse y luego ver cómo conseguir llegar a algún transporte o, por el contrario, quedar mal con tus jefes, pero poder llegar a tu casa en transporte”. Weena vio que esa segunda opción llevaba en algunos casos a que se minara la confianza con sus superiores y perder la oportunidad de mejorar en la empresa.

La ayuda para llegar a tiempo

Todas las veces que se vio obligada a quedarse porque tenía que acabar alguna tarea importante, luego dependía de que se quedara alguien más y pudiera acercarla a algún transporte y, si eso no sucedía, en varias ocasiones tuvo que caminar por la autovía…

“No creo que debamos ser esclavos del trabajo ni mucho menos, pero a veces quedarse cinco minutos, en vez de tener que salir corriendo hace la diferencia a la hora de lograr un ascenso o poder entregar una tarea a tiempo”, reconoce.

Un tren de cercanías en el apeadero de El Entrego/ L'Entregu.

Vivir en un pueblo sin servicios

A Weena le gustaría vivir en un pueblo, pero sabe que es difícil. Comenta cómo se habla mucho “de que los pueblos se están quedando sin gente pero si no tienes los servicios mínimos necesarios es imposible que las personas que estamos en edad de trabajar y atender a nuestros hijos nos mudemos a los pueblos”.

En el caso de Cristian S., que vive en la cuenca del Nalón, la escasez de frecuencias en el transporte público le jugó una mala pasada.

La espera en la estación

Relata que recientemente se desplazó hasta Parque Astur para ver el estreno de una película. Entona el “mea culpa” ya que no miró los horarios por adelantado. Viene de vivir en Buenos Aires, la capital de Argentina donde no hay estos problemas, y no se planteó que podría haber una conexión tan limitada entre uno de los centros comerciales más grandes de Asturias y Langreo, un municipio donde viven más de 30.000 personas.

Cuando acabó la película, antes de las 10 de la noche y se dispuso a volver, vio que solo tenía la opción de ir a Oviedo. Y, al llegar a la capital asturiana, ya no había más trenes. Pasó la noche en la estación a la espera del primer transporte al día siguiente.

Las cifras

Hace unos días, Olaya Suárez, concejala de Podemos Xixón y consejera ciudadana estatal de Ahora Podemos, expuso en un pleno la necesidad de promover servicios interurbanos nocturnos y recordó que solo en las tres principales ciudades asturianas vive la mitad de la población de toda la provincia, más o menos medio millón de personas, y ni siquiera la conexión entre los núcleos urbanos por transporte público tiene una oferta nocturna.

El uso del autobús urbano subió el pasado año en Asturias una media del 7,6%, por lo que fue el quinto ejercicio consecutivo al alza, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Más costes

En abril de 2025, el informe Pobreza del Transporte el Observatorio del Transporte y la Logística en España reflejaba esta disparidad: mientras que en las áreas urbanas las familias destinaban un 10,6% de su presupuesto anual al transporte, en las zonas rurales este porcentaje ascendía al 14,1%.

Este estudio, a nivel nacional, explicaba también que la pobreza de transporte estaba directamente vinculada con la falta de acceso a oportunidades clave y los residentes enfrentaban mayores costes y también sufrían un mayor aislamiento social y económico.

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