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Un niño con discapacidad pierde una operación por la que esperó tres años al no poder viajar de Lanzarote a Gran Canaria

Mina Lembadia sostiene la tarjeta de embarque anulada de su hijo de 14 años.

Natalia G. Vargas

24 de febrero de 2026 22:20 h

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El 5 de febrero, Omar*, un niño de 14 años y con un grado de discapacidad del 93%, tenía por fin cita para una operación en la boca. Llevaba tres años esperando por esta intervención que, según explica su familia, le puede hacer más fácil el día a día. Omar vive en Lanzarote y es totalmente dependiente. Para comer o caminar necesita la ayuda de su madre, Mina Lembadia, una mujer marroquí de 44 años que tiene cuatro hijos menores a su cargo. El día de la cita médica, Mina había dejado todo organizado en casa para poder acompañar a Omar a Gran Canaria. Sin embargo, la falta de documentación del niño hizo que no pudieran subir al avión. 

Mina llegó al aeropuerto con su hijo y ambos pasaron el control de seguridad. Sin embargo, en la puerta de embarque, donde debían presentar su documentación, les dijeron que no podían volar porque el niño no tenía pasaporte ni ningún otro documento con foto que acreditara su identidad. La mujer, que siempre sale a la calle con sus papeles y los de los hijos a cuestas, saca de una carpeta la tarjeta de embarque de Omar. En el folio puede leerse un tachón gigante con la palabra ''nulo''.

Mina asegura que desde la compañía aérea Binter le pidieron un salvoconducto consular con foto del menor, pero explica que el Consulado de Marruecos no expide este documento. Ella presentó el acta de nacimiento marroquí del niño e intentó explicar la urgencia del viaje, pero no sirvió. 

''Yo me puse nerviosa. Llamé por teléfono a la trabajadora social para que les explicara la situación, pero no sirvió. Les enseñé todos los papeles médicos y, al mismo tiempo, estaba pendiente del niño. Él gritaba y la gente me miraba, como si él no fuera realmente mi hijo'', recuerda. ''Como yo sí tengo pasaporte, me llegaron a decir que podía subir yo sin él'', añade indignada.

Desde la compañía Binter han respondido que se aplicó la legalidad vigente y por ello no lo dejaron embarcar. Las normas obligan a los viajeros mayores de 14 años a identificarse con cualquier tipo de documento, pero en el caso de los de nacionalidad extracomunitaria, la exigencia se eleva y se exige “pasaporte o documento de identidad en vigor, carné de conducir expedido en España o permiso de residencia español o de algún Estado Schengen (en vigor y con fotografía)''.

Omar no pudo acudir a la cita médica en el Servicio Canario de Salud, prevista para ese 5 de febrero a las 17.00 horas. Tampoco pudo asistir a la cita que tenía al día siguiente a las 9.00 horas en el Consulado de Marruecos para la expedición de su pasaporte. Ahora, su madre pide una solución para que el menor pueda operarse cuanto antes y obtener su documento de identidad. 

“No están pidiendo un lujo. Están pidiendo derechos: salud y documentación”, subraya una fuente próxima a la familia. Estas fuentes también resaltan cómo las trabas administrativas que deben sortear las personas migrantes convierten en un desafío ''acciones rutinarias''. “El niño ya se había sometido incluso al preoperatorio, con todas las dificultades que implica para un menor con estas circunstancias”, añaden. 

Las fuentes detallan que desde los servicios sociales se había conseguido que Cruz Roja ofreciera a la madre y al niño alojamiento para esa noche en Gran Canaria, ya que se le preveía dar el alta a Omar esa misma tarde. También se había conseguido que la Seguridad Social costeara los dos billetes. Ahora, la madre teme que deba pagar los pasajes para una nueva operación: “Si tengo que ir con mis cuatro hijos son casi mil euros. Yo trabajo, pero estoy sola, yo no puedo pagar todo eso”. 

El viaje a Lanzarote

Mina llegó a Lanzarote en noviembre de 2021 en una patera con unas 25 personas a bordo. Viajó con Omar, con sus dos hijas y con otro de sus hijos, que entonces era un bebé. Salió de su pueblo sin decir nada a su familia, con la única intención de que su hijo, que tenía entonces nueve años, pudiera recibir tratamiento médico. Los informes médicos del menor consultados por este periódico le reconocen un grado de discapacidad del 93% por una limitación en la actividad física y psíquica. Estos documentos también reconocen su situación de vulnerabilidad social. 

La travesía duró tres días, en los que no tuvieron agua ni comida. “Mi madre había preparado una bolsa con algunas cosas, pero se quedaron en la playa”, recuerda una de las hijas. La menor también cuenta que su hermano Omar ya no puede estar cerca del mar. “Le tiene mucho miedo y cuando lo ve, llora”, describe. Cuando llegaron, Mina y Omar fueron evacuados directamente al hospital. “Él estaba muy frío y tenía los labios violetas”, recuerda Mina. Ella, al estar 72 horas sentada en la misma posición y mojarse, se le caía parte de la piel. 

En Lanzarote, Mina ha conseguido un permiso de trabajo y con su sueldo intenta sacar adelante a los cuatro niños. Por las mañanas, Omar va a un colegio adaptado a personas con discapacidad. El estado de salud del niño ha mejorado, cuenta su madre. “Llegó sin poder caminar y ahora puede hacerlo, con ayuda, pero camina”, concluye. 

*Nombre ficticio para salvaguardar la identidad del menor

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