Héroes o villanos
Escuchando el pasado martes a Óscar Camps, activista fundador de Open Arms, visualicé la barca neumática volcada con varias gaviotas en su lomo como única señal de vida que apareció los primeros días de mayo en una playa del Cabo de Gata. Durante aquellos días de mar calmado, la Guardia Civil llegó a rescatar 10 cadáveres en el litoral almeriense, desde Roquetas de Mar hasta Vera.
Camps, en la entrevista de Candela Canales publicada en este diario, afirmaba que hemos normalizado ver el dolor ajeno como si fuera una película. Esa misma sensación tuve esa tarde ante la expectación que levantó la llegada de la barca y el traslado por parte de voluntarios hasta la playa en un litoral al que ya han llegado las narcolanchas y el petaqueo (una nueva fuente de ingresos para los que desde tierra las abastecen con bidones de gasolina).
Desde enero hasta finales de abril, la Organización Internacional de Migraciones había sumado cerca de mil personas muertas o desaparecidas en el Mediterráneo. Un mar que continúa siendo una fosa común para los que huyen de las guerras, de las persecuciones y de la miseria desde África y Oriente Medio.
En la presentación en Zaragoza del libro 'Open Arms. Una misión a contracorriente', un libro en caja precintada sin lomo ni portada que contrasta con el algoritmo y la pantalla, Camps hizo un llamamiento a la responsabilidad y a la movilización de la sociedad civil: “No hemos sido nunca héroes, sino solo testigos que se negaron a callar”.
La saturación informativa, las mentiras y la manipulación de guerras y emergencias humanitarias –basta comparar la respuesta de 2003 a la guerra de Irak con la apatía actual– está configurando una sociedad civil de brazos caídos. Ayer se cumplieron 15 años desde las movilizaciones del 15-M, aquel ejemplo de democracia directa en las plazas, y hoy el viento del malestar por la política y la precariedad económica sopla del lado de la extrema derecha. Se extienden la resignación y la frustración.
Frente al desánimo prolongado en el tiempo, Open Arms presenta 10 años de resistencia, 125 operaciones de salvamento marítimo y 72.000 personas salvadas de una muerte segura en el Mediterráneo y en el Egeo.
Todo empezó el 2 de septiembre de 2015 con la aparición del cadáver de Aylan Kurdi, el niño ahogado en una playa turca en plena crisis migratoria siria. Diez años después, esta organización de voluntarios de salvamento marítimo continúa dando prioridad a la vida y a los derechos humanos –después de la flotilla de Gaza la siguiente misión será llevar placas solares a un hospital pediátrico de La Habana– pero ya no se les ve como héroes, se han convertido en villanos.
Resultan incómodos porque están descubriendo la pasividad y el cinismo de la Unión Europea con acuerdos como el de regar con miles de millones de euros a Turquía para que frene la ola migratoria. Además, Open Arms está en el punto de mira de la extrema derecha internacional porque al efecto llamada y a la expansión del miedo contraponen con datos el efecto huida. Solo entre el 10 y el 12 por ciento de los nmigrantes irregulares que llegan a España lo hacen en pateras. Si alguien está más cerca de ellos ahora mismo es el Papa León XIV y las oenegés de la Iglesia católica.
Un reciente estudio de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS) concluye que solo se quedaron 7 de los 15 millones de extranjeros que llegaron a España entre 2002 y 2024. Los motivos: el alto coste de la vivienda y la falta de empleo estable. La tasa de retención fue del 48 por ciento, muy lejos del 60 por ciento que registran Alemania y Suecia.
El estudio, “Los límites de la inmigración para el ajuste demográfico en España”, cuestiona la idea de que la inmigración pueda revertir la caída de la natalidad y resolver por sí sola el declive demográfico español. Los inmigrantes se concentran, sobre todo, en la Comunidad de Madrid, Cataluña y Baleares. Los analistas proyectan que en 2040 por cada menor de 15 años tendremos más de 5 personas que superarán los 50 años.
Se cae por su peso la idea conspiranoica y xenófoba del gran reemplazo. Villanos o héroes, el ayuntamiento de Zaragoza los distinguió en 2018 con la “Estrella Europa” y el Gobierno de Aragón los contrató dos años más tarde para realizar un programa piloto de prevención de la Covid con los temporeros de la fruta en la comarca de Calatayud, Open Arms continuará aferrándose a la convicción de que pase lo que pase, ninguna vida debe quedar a la deriva.
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