«Donde siempre hallarás la aventura y la calma»: Manuel Guardia Roldán y su obra vuelven a La Palma

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Se puede decir más alto pero no más claro. Pese a su condición de foráneo (peninsular, para más inri, que no godo), Manuel Guardia Roldán (Barcelona, 1866-San Andrés y Sauces, 1931) apalmeró —como muchos naturales hubiesen querido y no lo lograron— su espíritu y su escritura. Todo parece indicar que desde muy pronto asumió esos rasgos tan característicos de la palmeridad de pro: el fino buen humor, ese que, expresándose con sátira, no busca ofender y que, sin embargo, es capaz de incidir en la crítica hacia ciertas actitudes o hechos deleznables o torpes. De ahí resulta esa socarronería tan palmera, ese ir y volver sin que se note, sin que se aprecien los detalles, que valoramos en la producción poética y dramática del barítono barcelonés.

Su obra, sagaz y brillante, asumió de entrada esa manera de ser y de decir. Quizás por eso mismo, desde el principio, los estrenos de sus sainetes y zarzuelas en los escenarios palmeros alcanzaron éxitos que sorprendieron al propio autor. No en vano, la nota preliminar que acompaña al manuscrito (al parecer, el definitivo) de su zarzuela Las elecciones, estrenada en el Teatro Terpsícore y Melpómene de Santa Cruz de La Palma (hoy, Teatro-Cine Chico) el 21 de mayo de 1899, explica las motivaciones que le llevaron a escribir esta obra y el desconcierto que le sobrellevó su unánime aplauso: «En virtud de las grandes dificultades en que tropiezan siempre las compañías de aficionados, para encontrar señoritas dispuestas á salir á escena, me propuse escribir la presente obra para hombres solamente, á fin de facilitar el fomento y desarrollo de las sociedades recreativas; no creyendo nunca que mi modesto trabajo se viera coronado por tan gran éxito. Recomiendo, pues, á todos el estudio de esta zarzuela, para sacar el mayor lucimiento, los que la representen y yo la satisfacción de ver secundados mis esfuerzos».

Cuando el pasado viernes día 30 de julio de 2021 (que yo declararía día de fiesta municipal) su bisnieto, el Dr. José Manuel Ballester Guardia (San Andrés y Sauces, 1948), firmó junto con el alcalde de la ciudad, Juan José Cabrera Guelmes, y el secretario accidental de la corporación, Alejandro José Brito González, el acta de entrega de varias obras de su bisabuelo, el escritor retornó a su primer hogar en La Palma a través de su producción manuscrita. Así, la Biblioteca Municipal de Teatro «Antonio Abdo» se convierte en depositaria de este legado, cuya posesión por el Dr. Ballester responde a un deseo de su abuelo, Galileo Guardia Hernández (San Andrés y Sauces, 1907-Santa Cruz de Tenerife, 1977), hijo del dramaturgo, que se lo donó cuando, de regreso de sus estudios en la Península, abrió su primera consulta médica como especialista estomatólogo en Santa Cruz de Tenerife.

El hecho reviste una especial emoción para quienes sentimos que el teatro constituye una de las formas de expresión más auténticas y efectivas para cuestionar, amable pero críticamente, ciertos hechos y actitudes merecedores de una diatriba formulada como Dios manda, esto es, llamando la atención sobre el hecho y la actitud en sí mismas, sin agraviar al sujeto que ha cometido una determinada acción o ha adoptado una predisposición desacertada ante la vida, ante otros hechos, ante otras personas.

Quiero imaginar que a don Galileo Guardia Hernández le hubiese gustado asistir a la firma oficial de esta donación, que él hizo en vida a su nieto, quien ha confesado en una memoria adjunta al legado: «Papaleo me encargó que las conservase del mejor modo posible para que las generaciones futuras pudieran conocer sus raíces y agrandar sus horizontes a través de ellas». No sé si tales palabras fueron literales, pero, en cualquier caso, me las creo, las asumo y las hago mías. Para que no pase —dice mi madre— como cuando mis sobrinos regresan a Sevilla después de una semana de vacaciones en La Palma y pronto se olvidan de dar señales o de pegarle un telefonazo para contarle que llegaron sin novedad: «A espaldas vueltas, memorias muertas». Precisamente, algo de eso le ha ocurrido al propio Manuel Guardia Roldán, pues en la práctica lo hemos olvidado, aunque las rondallas de Lo Divino sigan despertándonos durante las nueve noches de luz de diciembre con su «Al son de los panderos» y canten su «Vamos, pastores» por Nochebuena en alguna parroquia de la ciudad durante el besapié del Niño. Aunque su habanera «Los Sauces, terrenal mansión» haya sido convertida por el pueblo en himno del municipio norteño y, en parte, en proclama de La Palma toda (en fugaz competencia con «Isla mía» de Ezequiel Perdigón Benítez), como demostró, por ejemplo, Francisco Javier Brito Pérez (Santa Cruz de La Palma, 1964-2014), nuestro Francis Brito (¡imposible olvidarle!), cuando sin venir a cuento (o sí, ¡vaya usted a saber…!; lo que Francis Brito dijera o hiciese se repetía sin más, sin cuestionarlo), cogía su guitarra, punteaba y echaba a cantarla en cualquier parte (en la plaza mayor de Salamanca o en la guagua en ruta a Madrid desde Almagro), durante la tournée que por esas tierras castellanas llevó al grupo de la Escuela Municipal de Teatro de Santa Cruz de La Palma (en cuyas filas Francis Brito se había enrolado como actor figurante) con Los guanches de Tenerife de Lope y con la adaptación sobre textos de Cervantes La ínsula Barataria en 1984 para participar en las fases de selección del IV Encuentro Juvenil de Teatro Clásico, según recuerda, aún vivamente, la actriz Alicia Fernández (La Nave de la puesta en escena del Diálogo lustral en 2015 y Mujer Destacada del Municipio en 2020). Aunque San Andrés y Sauces haya perpetuado su nombre dándoselo a su Centro de la Cultura. Y aunque Santa Cruz de La Palma se lo haya prestado a una plaza de la Urbanización «Benahoare».

Tal injusto olvido —menos remarcado en Los Sauces, donde pronto fijó residencia casado con Emilia Hernández Rodríguez y donde por las fiestas en honor a Nuestra Señora de Montserrat sigue sonando su Loa a la Virgen compuesta al efecto— responde en buena medida a la falta de obra suya accesible en los archivos y bibliotecas insulares, con excepción de los materiales conservados en los fondos de sus descendientes, en las bandas municipales de música (para las que compuso algunas marchas o en las que otras piezas se han adaptado) y en la Colección Musical «Manuel Martín» del Archivo General de La Palma. Precisamente esta última ha permitido a José Lorenzo Chinea Cáceres (véase su trabajo: «Dos polcas para la Danza de Enanos anteriores a 1925» para el I Congreso Internacional de la Bajada de la Virgen (Santa Cruz de La Palma, 27-30 de julio de 2017): libro de actas [2017], especialmente, pp. 628-631) actualizar su repertorio cancioneril —que a menudo incluye letra y música— en torno a la Santa Cruz, a Nuestra Señora de Montserrat, la Navidad y distintas piezas profanas. Aunque acaso lo más novedoso de esta aportación sean sus conclusiones sobre una posible composición para la Danza de Enanos (primera parte y polca de la segunda) que Chinea Cáceres le atribuye y explica en estos términos: «La coincidencia de la polca y la danza coreada en el mismo documento puede dar a entender en una primera lectura que formaron parte del número de la edición de 1915. Así al menos se desprende del análisis del comportamiento tonal de ambas piezas: la primera sección de la danza coreada está en Sol menor, pero modula por cromatismo a Sol mayor en la segunda sección, una tonalidad que comparte con la polca en su primera parte —mientras que en la segunda pasa a la tonalidad vecina de Do mayor—. […] La primera sección de la Danza coreada posee un diseño melódico expresivo que guarda gran similitud con la canción Los Sauces, terrenal mansión. […] La Polka, al contrario, debe ser ejecutada de forma ágil como apunta una figuración dinámica».

Por todo ello, esta donación contribuye a combatir las «memorias muertas» —Adela Correa Hernández dixit— en torno a su figura y a su obra, y devuelve a Guardia Roldán a Santa Cruz de La Palma, donde el barítono se estableció primeramente tras la disolución de la compañía de zarzuela Guzmán y Bracamonte durante su estancia en La Palma en 1898 y donde arraigó una dilatada carrera como libretista y compositor (con diversos estrenos de éxito, de crítica y de público, desde 1899) y como promotor teatral y musical (fundando el Orfeón Palmense y formando parte de La Dramática). El legado, que no es toda la obra de Guardia Roldán —ni mucho menos—, favorecerá el acceso a una producción, especialmente la teatral, que conocíamos bien, aunque sólo de manera indirecta, gracias a las notas de prensa y crónicas publicadas por los rotativos Diario de Avisos, La Justicia o El País de Santa Cruz de La Palma. En este último, además, vio la luz «¡Patria, despierta!», el que parece ser (al menos de momento) su primer poema publicado en La Palma (dedicado a la exaltación nacional a propósito de la guerra de independencia cubana).

A la vista de estos materiales, sobresalen dos aspectos que no quiero dejar de subrayar. Por un lado, la constatación de que Guardia Roldán no principió su vocación como dramaturgo en La Palma (era lo que creíamos hasta ahora), sino que al menos desde 1895, tres años antes de arribar y fijar su residencia en esta isla, había escrito ya dos obras, ambas fechadas en ese mismo año: La esposa del «Violón»: zarzuela en un acto (Barcelona, 3 de septiembre de 1895) y Del Infierno a la Gloria: viaje cómico-lírico (Braña: 15 de octubre de 1895). Por otro lado, como archivo vivo, en el conjunto de materiales existen diversas escrituras de un mismo texto, lo que ayudará a establecer las fases de creación y el casi nunca bien ponderado proceso de reescritura y corrección.

Si hubiese que destacar algo fundamental de la corta aunque fructífera estadía de Guardia Roldán en Santa Cruz de La Palma (a quien el amor le llevaría a trasladarse y a fijar su residencia en la calle del Medio de Los Sauces), es su promoción por la participación de la mujer en la vida cultural pública. La nota preliminar de su manuscrito de Las elecciones antes transcrita nos coloca ante la pista de una mentalidad de época que hoy en día nos suena a chino. Sin embargo, ese pacatismo provinciano de clara ascendencia machista no sólo no facilitaba la involucración de la mujer en asuntos de la vida pública por evitar el contacto íntimo con el hombre, sino que limitó la actividad de las jóvenes en ámbitos culturales como el teatro y la música, con excepción hecha a la escolarización, no tanto por el aprendizaje per se de las propias estudiantes, sino como instrumento de apoyo a su labor unívoca como madres de los futuros «prósperos hijos varones del país».

Ahí están para demostrarlo dos casos. Uno es el de Ana Felipa Massieu de las Casas (1851-1919), cuya prometedora carrera como pianista se vio truncada a raíz de su matrimonio con Antonio María de Lugo-Viña y García, pese a haber interpretado públicamente como concertista y como acompañante de artistas solistas de empaque internacional que pasaron por Santa Cruz de La Palma. Otro, más conocido por el gran público, es el de Leocricia Pestana Fierro (1853-1926), personaje de tintes legendarios —según dijo en su momento Jaime Pérez García—, quien, harta de la maledicencia palmera, apostó por autocensurarse y abandonar toda participación directa en actos públicos leyendo sus propias producciones junto a otros escritores (hombres, en su mayoría) o los poemas de otros autores, encerrándose de por vida en la residencia familiar de la Quinta Verde.

En este contexto nada propicio, Manuel Guardia Roldán fomentó la integración de las jóvenes de Santa Cruz de La Palma, primero, en el Orfeón Palmense y, luego, en La Dramática, sociedades de instrucción para las que compuso expresamente obras de repertorio con personajes femeninos y coros mixtos. Ese Guardia Roldán que reconoce las capacidades artísticas de la mujer palmera joven aflora igualmente en el conjunto documental donado por el Dr. Ballester, como pone de manifiesto, por ejemplo, El paso del cometa, diálogo cómico entre Liunarda y Tedófila en torno a las vivencias de la primera a propósito del avistamiento desde la Tierra del cometa Halley, cuyo momento cumbre aconteció el 18 y el 19 de mayo de 1910, escrito para ser interpretado por dos actrices.

No es casual que el legado haya encontrado acomodo en la Biblioteca Municipal de Teatro «Antonio Abdo», donde han sido depositados otros conjuntos documentales de importancia; por ejemplo, la colección de obras teatrales reunidas a lo largo de su vida por el también activo actor, dramaturgo y médico Antonio Pino Pérez (El Paso, 1904-Santa Cruz de Tenerife, 1970), entregadas por su hija Rosario Pino Capote en 2017. No en vano, Antonio Abdo Pérez ha sido uno de los investigadores que mejor ha sabido caracterizar el valor conjunto de la obra dramática y de las acciones de Guardia a favor del teatro y del espectáculo en general. Así, en una entrevista realizada por el también dramaturgo Antonio Tabares Martín (véase: «Antonio Abdo y los orígenes de la Biblioteca Municipal de Teatro de Santa Cruz de La Palma (entrevista)», Cartas Diferentes: revista canaria de patrimonio documental, n. 8 [2021], pp. 409-420), Abdo comenta la primera incursión que junto a Pilar Rey Brito ambos efectuaron en torno a la historia del teatro en La Palma a través de la prensa escrita, y afirma: «En esa investigación descubrimos con sorpresa la enorme trayectoria teatral que hubo en Santa Cruz de La Palma a finales del XIX y comienzos del XX, donde destaca la figura de Rodríguez López, pero donde hubo todo un movimiento con otros autores como Francisco Cosmelli y Sotomayor o la participación del pintor Aurelio Carmona, como autor de decorados, y más tarde una carrera fructífera como la del barítono Manuel Guardia Roldán, que habiendo venido a la isla con la Compañía de Zarzuela de Guzmán y Bracamonte, se instaló en La Palma, concretamente en Los Sauces, donde casó y tuvo descendencia, y escribió varias zarzuelas y algunas canciones que se hicieron muy populares. En definitiva, nos sorprendió descubrir la propia vida teatral de la ciudad, con las compañías de repertorio que llegaban a la isla y que en dos días eran capaces de preparar las obras de los autores locales».

Para concluir, tomo prestada la escritura manuscrita (actualizada su ortografía) de su diálogo La tía Recadito, trasunto de La Celestina, incluido en el Fondo Manuel Guardia Roldán (José Manuel Ballester Guardia) que desde el pasado 30 de julio custodia la Biblioteca Municipal de Teatro:

«[…] Tú verás. Soy gata vieja,

y a los machos más pillos y burlones

les enredo de modo la madeja

que se dejan coger como ratones.

Con los hombres se debe jilar listo

y emplear mucha astucia y buena mano

porque tienen más música que un piano

y más letra menuda que un obispo».

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