Las fuentes y manantiales de Barlovento. Apuntes de historia

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La población de Barlovento, desde tiempos inmemoriales y hasta bien entrado el siglo XX, en el que se obtuvo de manera masiva el agua procedente de las galerías (década de 1950 y 1960), dependió para su subsistencia de fuentes y manantiales naturales que yacían repartidos por la geografía municipal.

 Ya desde la conquista, las datas privatizaron las aguas del municipio. Estos repartimientos llegan con la Real Cédula de 15 de noviembre de 1496, encargado a Alonso Fernández de Lugo, que fue modificado por el licenciado Juan Ortiz de Zárate, autorizado por la Reina Doña Juana, mediante la Real Cédula de 31 de agosto de 1505, por las quejas recibidas del modelo anterior.

Estos repartimientos se hacen con carácter señorial y estamental, y los individuos no tenían igualdad de derechos, sino que tenían mas o menos dependiendo del escalafón que ocuparan en la sociedad. El Decreto de 6 de agosto de 1811 fue el punto de inflexión de esta situación, que abolía el régimen señorial y los privilegios, y quedó reforzado en la Constitución de Cádiz de 1812.

Posteriormente, con la Ley de Aguas de 1866 se estableció la cesión de las aguas alumbradas a su alumbrador, y reconoció el derecho del dueño del suelo a explotar el subsuelo. Pero durante la Gloriosa Revolución, se dictó un decreto Ley de Minas, de 29 de diciembre de 1869, que declaró de dominio público todo el subsuelo.

Siete años más tarde, en la Restauración de Cánovas del Castillo, se aprobó la Real Orden de 5 de diciembre de 1876, que aclaró que el Decreto Ley de 1868 solo aludía exclusivamente a las aguas subterráneas que estuvieran en terreno perteneciente al Estado; por lo que de nuevo se reconoció el derecho del dueño del suelo a explotar el subsuelo, reiterado por la Ley de Aguas de 1879.

Desde esta fecha, y hasta el 2 de marzo de 1934, la gestión de las aguas estuvo exclusivamente en la iniciativa privada. Fue ese 2 de marzo, cuando en La Gaceta, se publica la Orden del Ministerio de Obras Públicas y que estableció normas para la concesión de auxilios económicos del Estado a las obras hidráulicas de Canarias y siendo el punto real de partida para políticas en la materia.

En los años siguientes se publicaron una serie de normas que se encaminaban a conseguir un mejor uso de los aprovechamiento hidráulicos, y, asimismo definir paso a paso y de forma coyuntural, especialidades que constituyen el substrato del Derecho de Aguas.

La Ley de 24 de diciembre de 1962 sobre alumbramientos y auxilios de Canarias constituye otro eslabón más en el proceso de definición del Decreto Especial de Aguas de Canarias, y es también una norma que se inserta en la tendencia de otorgar a la Administración Pública a regularizar los aprovechamientos de aguas. En 1965 se publica el Reglamento de 14 de enero para aplicación de la presente Ley.

La singularidad de las aguas de Barlovento, fue referida por el historiador Juan Bautista Lorenzo Rodríguez (1841-1908): El pueblo de Barlovento es uno de los más ricos en manantiales, de los cuales algunos son tan abundantes, que bien pudieran regarse con sus aguas muchísimas fanegadas de terreno.

La Fuente del Llano, Fuente La Gallega, Fuente La Marquesa, entre muchas otras, han condicionado los asentamientos poblacionales en la cercanía de las mismas, dado que se dependía de ellas para obtener agua potable y poder asearse. Todavía en la década de 1940, mucha población del municipio seguía dependiendo de acudir, principalmente de noche y por turnos, a las fuentes de cada barrio, para hacer cola y poder llenar un balde para llevarlo a casa, en la que esperaba con ansias una familia, en la mayoría de casos numerosa.

Campesinos a principios del siglo XX.

La miseria y la falta de agua abundante hacía que los miembros de la mayoría de familias tuvieran que asearse uno detrás de otro con el mismo balde y misma agua. Al final de todo y en la mayoría de casos, el agua que quedaba, ya sucia, se utilizaba para regar alguna planta o para otro fin menos perentorio.

Dña. Sotera Martín testimonia que, día tras día, acudía a la Fuente de Morera con un balde a la cabeza y los dos brazos cargados de ropa, con el objetivo de lavarla en las piletas o lavaderos de la fuente; y al terminar la faena, llenar el balde de agua limpia para regresar a casa y abastecer las necesidades del hogar. Eran tiempos difíciles.

Todas las fuentes públicas constaban de una obra de fábrica de cal o cemento que recogía el agua del naciente y la canalizaban a las piletas o abrevaderos, y a continuación a un nivel inferior donde se encontraban los lavaderos. Muchas de ellas acababan en un estanque donde se repartía agua para el riego. Los abrevaderos de las fuentes públicas fueron muy importantes para calmar la sed del ganado de carga, así como de todo tipo de ganado.

Los lavaderos fueron unas construcciones domésticas muy extendidos por muchas fuentes cercanas a núcleos poblacionales (lavaderos de Fuente El Llano, Madril, entre otras). En otras ocasiones se construían en acequias o canales de paso de agua, como en el caso de los lavaderos de La Pichillera. Estos casi siempre eran de uso público, y constituían al igual que las fuentes, un centro de relaciones socio-comunitarias. En estos tiempos era una tarea exclusiva de las mujeres del hogar.

Prácticamente toda la geografía municipal dependía de estas instalaciones para el abasto. Un caso singular fue el abastecimiento del pago de Gallegos, pues desde 1845 se tenia constancia de la existencia de unos abundantes manantiales situados en el lugar conocido por Roque de Los Árboles. Estos llegaron canalizados a la entrada de La Cancela en 1902, dando abundancia de agua a la población de este barrio, cuando en el resto del municipio se dependía de las modestas fuentes. El abasto del pago de Gallegos lo trataremos en profundidad en adelante.

Los años de sequía y plagas en los que se perdían los cultivos y se pasaban verdaderas penurias hicieron que los barloventeros se abrieran en caminos al monte a buscar las fuentes, para con esfuerzo y sudor canalizarlas a las zonas bajas. Es recordada por los más mayores la gran sequía de 1948, año en el que prácticamente no llovió nada y se perdieron cultivos, y sumado a la falta de dinero generalizada entre los campesinos hizo que tuvieran que sobrevivir con lo poco que tenían guardado. Muchas familias tampoco disponían de dinero, por lo que se agravaba el problema.

Fuente La Marquesa.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX comienza a implantarse el cultivo de exportación paulatinamente y los manantiales naturales ya no eran suficientes. La zona costera de Barlovento no podía desarrollarse sin que se aumentara de alguna manera el aforo de agua para irrigar las fincas. En el caso de las haciendas de Oropesa, los herederos de Antonio de Lugo y García, en la década de 1900, explotaban las aguas de la Fuente de Oropesa y de los manantiales de Agua de Altos -Aguadalto-.

Con la llegada de Fyffes Limited, las exportaciones de plátanos y tomates comenzaron a tomar relevancia y se vio la necesidad de aumentar los recursos de agua disponibles, así como los sistemas de almacenamiento y reparto.

En la década de 1920 y 1930, uno de los empaquetados de plátanos más importantes de la isla estaba situado en el Puerto de Gallegos, también propiedad de Fyffes Limited. La industria platanera tuvo en esta época mucha más importancia en el pago de Gallegos, dado que ya contaban con abundante agua para el riego de los cultivos. No obstante, el cultivo principal hasta la década de 1960 era el tabaco, del que se llegaron a sacar hasta 1500 quintales al año.

El ayuntamiento no se libró de litigios por el aprovechamiento de las aguas. Uno de los más conocidos fue con Don Julián Van Baumberghen, un dirigente del Partido Liberal que pretendía el aprovechamiento de 25000 m3 de agua anuales de los manantiales: El Río, Hoya de Las Vergas, Loros, Junco, El Muelle, Caldero de Las Ovejas, Rosa del Tío Mateo, Rabasa, Abacera, Paso del Ratón, Andén y Bainela. La falta de deslindes efectivos de los montes propiciaron este conflicto.

Los vecinos de Barlovento, junto con Don Francisco Guimerá del Castillo Valero siguen este conflicto y solicitan que las anteriores fuentes se declaren públicas, junto a La Zarza y El Cuervo.

Prácticamente todas las fuentes del monte de la zona de Cancelitas y Corral de La Piedra fueron canalizadas a la costa, siendo algunas de las más importantes las de los Lirios, unos manantiales muy buenos y abundantes situados en el Barranco de Los Lirios a 1250 msnm.

El 2 de septiembre de 1917, cuando el ayuntamiento carecía de facultad para hacerlo, cedió la concesión de 15 manantiales a D. Francisco Guimerá del Castillo y tres más: Abacera, Rosa del Tío Mateo, El Río, Hoya de Las Vergas, Los Cabreros, El Cuervo, La Bainela, Paso del Ratón, Caldero de La Oveja, Andén, Muelle, Loro, Junco, Rabasa y Zarza. Ya el 24 de julio de 1927, en sesión plenaria extraordinaria se refrenda esta concesión.

En esta concesión estaba autorizado el aumento de caudales de El Río y Bainela mediante galería y la canalización mediante acueducto de El Río. No así el de Bainela.

En este mismo año D. Francisco Guimerá transfiere los derechos a la Sociedad Las Cancelitas, presidida por D. José Vicente Rodríguez Ortega.

El 3 de febrero de 1929, y ante sorpresa de la Sociedad Cancelitas, D. Domingo Concepción Hernández y D. Vicente Hernández Francisco presentan instancia ante la corporación para que se les conceda la explotación de las aguas de los manantiales Paso del Ratón, Caldero de La Oveja, Andén, Muelle, Loro, Junco, Rosa del Tío Mateo, Rabasa, La Zarza y Bainela para su aprovechamiento. Alegan para ello, que la concesión ha caducado.

Don José Vicente expuso que: “A fin de que el cuerpo Capitular no sea sorprendido en su buena fe, hago constar que tales aguas fueron concedidas por la Ilustre Corporación en la Sesión celebrada el día dos de septiembre de mil novecientos diez y siete y ratificada a favor de D. Francisco Guimerá del Castillo Valero, Don Antonio Ortega Rodriguez, Don Francisco Rodriguez Pérez y Don Federico Brito Hernández, quienes las cedieron a la sociedad de mi presidencia, en Escritura Pública otorgada en Santa Cruz de La Palma a tres de julio de mil novecientos diez y nueve ante el notario Don Manuel Torres del Castillo.

El consistorio admite las alegaciones y da la razón a la Sociedad Cancelitas.

En 1910 da comienzo la primera galería naciente perforada en el municipio, la Galería Basera o Abacera (situada en el Barranco de La Basera a 1028 msnm). Dicha galería fue buscando un acuífero colgado de una fuente existente y fue parada el mismo año con 18 metros perforados, aumentando un poco el aforo de la fuente.

Esta galería no tiene ningún expediente de concesión de obra ya que nunca fue legalizada, dado que su licencia de obra era un simple permiso municipal.

Es por ello, que posteriormente el 18 de septiembre de 1923, el concesionario fue requerido por la Administración Forestal para que se ajustase al procedimiento legal, solicitándola al Ministerio de Fomento, con el proyecto preceptivo.

En 1926, la sociedad Cancelitas presenta al Servicio de Montes el requerimiento que se le hizo.

También en 1910 comienzan paralelamente los trabajos de perforación de la Galería de la Hoya del Cuervo.

Galería El Cuervo.

En 1915 tiene lugar la perforación de la galería de la Hoya de Las Vergas, y la de El Río en 1920.

La galería de la Hoya de Las Vergas, situada en la barranquera de Las Vergas, es una galería tipo naciente de 38 metros de profundidad y 1,7 metros de altura media, canalizada en su interior por un canal tallado en la propia roca y unido a una pequeña tanquilla para recoger el agua y extraerla por tubería ladera abajo. Posee dos nacientes en su interior. En la actualidad su entrada está casi sepultada por un derrumbe.

La más importante fue la galería de El Río vieja y la de El Río. Esta consta de dos ramales paralelos (el más largo de 218 metros y el menor de 96 metros) y unidos entre sí a modo de “H”. Fue parada su perforación en 1923. Nunca ha dejado de alumbrar agua, aunque solo lo hace en la galería vieja. La más larga nunca dio agua.

En esta perforación se pueden apreciar aún los delicados restos de raíles de acebiño que servían para deslizar los carros y restos de una vieja cabaña que servía de abrigo a los trabajadores.

En los primeros tiempos de estas galerías, el agua descendía por canales de piedra y cal, pero sus abundantes roturas llevaron a que se canalizara por tubería, conectando todas las galerías de Cancelitas entre sí, y de ahí a la costa.

Todas las fuentes y galerías canalizadas de la Comunidad Cancelitas (Hoya de Las Vergas, El Río, Basera, El Cuervo) antes de su reparto, van a la Casa del Agua en el Llano de Abreu. Uno de los complejos “fieles” antiguos más bellos que se conserva.

A modo de curiosidad, el sistema del tubo basculante de la tanquilla de El Río, situada en el monte a la altura de la pista fue ideado por D. Moisés Carmona a finales de la década de 1950, utilizando un tubo en forma de “L” de modo que al inclinarlo salga el agua del canal hacia fuera y al soltarlo, por su propio peso, regrese a la posición inclinada y corte el suministro de agua. Fue puesto en su momento para servir de ayuda a caminantes y ganado que transitara por la zona.

Restos del Canal del Río (1923).

Esta comunidad llega a tener unas 100 acciones de agua y otras 200 sin derecho a ella.

Por otro lado, los manantiales del Barranco de Los Lirios llegan a ser muy importantes, y siendo fuentes naturales poseen aforo suficiente para 8 derechos de agua, los cuales estuvieron en poder de:

.- Ricardo Brito Ortega.

.- José Vicente Rodríguez Ortega.

.- Francisco de Talavera.

.- Antonio de Los Huertos.

.- Pedro de Los Huertos.

.- Juan Brito de Talavera.

.- Manuel Sanfiel.

.- Vicente Martín.

 Los manantiales constan de cuatro fuentes: La Zarza, El Viñátigo, La Galería y El Risco Blanco.

Otros manantiales también fueron canalizados y llevados a la costa. Es el caso del manantial de la Fuente de La Vica y la Fuente de Marruecos, cuyo aprovechamiento estuvo en poder de D. Faustino González y sus familiares.

Esta canalización se llevó a cabo por medio de tubería hacia la costa, pasando por Las Folijas y abriendo túnel en el escarpado risco de La Faya y El Bocarón (hubo que pasar por el risco, dado que el sifón en el barranco era muy alto para que el agua pasara por gravedad). Estas aguas regaban la zona de Talavera y Los Pedregales. Fue costeado con dinero que ganó en Cuba, siendo la instalación una auténtica proeza en la época.

En la década de 1920, la falta de agua hizo que muchos vecinos intentaran aprovechar los escasos recursos para apoderarse de ciertas fuentes, en muchas ocasiones de manera fraudulenta.

En 1931, el ayuntamiento haciendo uso de sus facultades, por orden del alcalde D. José Antonio Hernández Rodríguez, interpuso multa de 15 pesetas a Dña. Josefa Rodriguez Rodriguez por desobedecer la orden de suspensión de los trabajos de alumbramiento mediante galería en el sitio conocido por Hoya Grande o Fontiñas. Se le exigió que abonara la multa en plazo de 8 días y que taponara de manera efectiva la boca de la galería.

En 1926, Don Francisco Rodríguez Pérez y Don Manuel Rodriguez Rodriguez, denuncian que Don Juan Brito Hernández tiene intenciones de apoderarse de las aguas de La Fuentiña, y que:Teniendo solo derechos a las aguas sobrantes de la Fuente de La Fuentiña, tiene en uno de los manantiales de dicha fuente, y en el mismo naciente, enchufada una tubería, no pudiendo por tanto el vecindario, disfrutar de las aguas de ese manantial. Así mismo, denunciamos, que dicho Señor, tiene a diez metros de dicha fuente pública de La Fuentiña, una galería, para alumbrar aguas, con lo que seguro se perjudican las aguas de dicha fuente. Y como está terminantemente prohibido, hacer alumbramientos de agua, en lugares tan cercanos a una Fuente Pública, también lo denunciamos para que no se le permitan trabajos de esta naturaleza.

Para el abasto del pago de La Palmita, D. Mauricio González Brito solicitó mediante instancia, el 16 de septiembre de 1927 que se le concedieran las fuentes del Barranco de La Grilla: Fuente del Sauce o Fuente del Risco, tras actuar sobre ellas ydejarlas aprovechables a la vecindad y a transeúntes que pasaran por allí. Hasta ese momento no estaban debidamente aprovechadas. Durante los años pretéritos al alumbramiento de la Galería del Cerco, estas fuentes que D. Mauricio canalizó a La Palmita sirvieron de abasto a los vecinos. El 29 de octubre de este año se le concede la petición por acuerdo plenario en el ayuntamiento.

Los cercanos manantiales de El Cerco, son solicitados por D. Federico Brito Hernández para los mismos fines que solicita D. Mauricio los de La Grilla.

El 24 de diciembre de 1927, la corporación municipal accede a conceder a D. Federico Brito los sobrantes de estos manantiales, tras haber construido un depósito para servicio de transeúntes y vecinos.

Muchas fueron las fuentes, que a lo largo de la geografía de Barlovento, se canalizaron a viviendas y cultivos. Si bien, con las futuras galerías se evitaría el problema de la escasez de caudales que estas proporcionaban. Comenzaba un nuevo tiempo para el municipio de la mano de los cabuqueros y peones de galería.

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