De romper el silencio en redes a construir espacios digitales propios: Cristina Fallarás presenta ‘La Nuestra’ en #MujeresConectadas
“No necesitamos autorización para hablar”. Con esta idea, Cristina Fallarás defendió el potencial de las redes sociales como herramienta de transformación y organización colectiva durante la conversación La importancia de crear red entre mujeres, celebrada en el marco de la cuarta edición de las jornadas #MujeresConectadas: Estrategias contra el Cibermachismo, en Las Palmas de Gran Canaria. La periodista y escritora presentó La Nuestra, un espacio de comunicación feminista en el que las mujeres puedan compartir experiencias, encontrar apoyo y organizarse frente a las violencias machistas.
En una conversación con Jennifer Jiménez, periodista de Canarias Ahora especializada en igualdad y violencias machistas, Fallarás repasó cómo internet y las redes sociales abrieron una posibilidad que hasta entonces había estado limitada por los medios de comunicación tradicionales. Recordó que estos espacios habían estado históricamente controlados por hombres y que, durante mucho tiempo, la realidad que se contaba desde ellos giraba en torno a las guerras, el fútbol y la política, mientras que a las mujeres se las relegaba a las páginas de moda y gastronomía.
La llegada de las redes sociales cambió parte de ese escenario a través de movimientos como el #Meetoo, #Cuéntalo y más tarde #SeAcabó. Por primera vez, explicó, las mujeres podían comunicarse y difundir sus experiencias sin tener que invertir dinero ni pedir autorización a nadie. “Aquí no necesitamos autorización para hablar”, insistió. Una posibilidad para que muchas mujeres pusieran en común las violencias que hasta entonces habían vivido de forma aislada y que no encontraban espacio en el relato público.
Fallarás recordó que, cuando las mujeres comenzaron a utilizar las redes para contar sus propias experiencias, uno de los primeros grandes temas que emergió fue la violencia sexual. Aquellos testimonios alcanzaron una dimensión internacional y contribuyeron a cambiar la forma de hablar sobre las agresiones machistas. “Nos han prohibido contar lo que somos y ahora lo que hemos hecho es impugnar eso desde unas redes que no eran nuestras”, señaló.
La periodista situó en ese recorrido el origen del movimiento testimonial que impulsó en 2018. A partir de experiencias como la sentencia de la Manada de San Fermín, en la que los jueces no apreciaron violencia ni intimidación, nació #Cuéntalo, una iniciativa que permitió a miles de mujeres compartir públicamente sus vivencias. También recordó otros casos que marcaron el debate social, como la agresión sexual de Luis Rubiales a Jenni Hermoso o las denuncias contra el político Íñigo Errejón.
Fallarás explicó que el movimiento testimonial no siempre fue comprendido y que, en sus comienzos, recibió críticas por considerarse una iniciativa contra los hombres. Sin embargo, defendió que su objetivo era señalar y combatir la violencia machista. Con el tiempo, el proyecto también le permitió identificar las dificultades que encuentran muchas mujeres para hablar de las agresiones en presente, especialmente cuando los presuntos agresores forman parte de su entorno familiar o afectivo. En esos casos, explicó, entran en juego el miedo, la exposición de otras personas cercanas y la necesidad de proteger a las familias.
A partir de esa experiencia, Fallarás planteó que el siguiente paso es construir comunidades digitales propias. “Tenemos que generar nuestra propia soberanía digital”, defendió ante el público que la escuchaba en Talleres Palermo. La periodista considera que las mujeres han conseguido transformar el relato público utilizando plataformas que no fueron creadas por ellas y que, en muchas ocasiones, tampoco las protegen. Por eso, propuso aprovechar el conocimiento acumulado durante estos años para desarrollar herramientas y redes en las que puedan organizarse con mayor autonomía.
Ese es el propósito de La Nuestra, que Fallarás presentó durante la conversación. El proyecto se concibe como una comunidad cerrada, no pública ni abierta a cualquier persona. De hecho, para formar parte de ella es necesario acceder de la mano de una de sus participantes. La intención es generar ese espacio en el que las mujeres puedan hablar, compartir experiencias y establecer vínculos sin la exposición que supone publicar en las redes sociales convencionales.
Entre las herramientas que contempla el proyecto se encuentra un espacio de foros, en el que las participantes podrán abrir conversaciones sobre distintos asuntos. También contará con una función de conexión entre testimonios, denominada ‘match’, para poner en contacto a mujeres que hayan vivido experiencias de violencia similares. La idea es que quienes han atravesado situaciones parecidas puedan encontrarse, reconocerse y construir redes de apoyo.
Además, La Nuestra incorporará un directorio de profesionales de los ámbitos público y privado relacionados con la atención a las violencias machistas, especialistas en asesoría jurídica, atención psicológica, acompañamiento terapéutico... Según explicó Fallarás, el objetivo es que las mujeres no solo encuentren un lugar donde contar lo que les ha ocurrido, sino también recursos a los que acudir.
La periodista defendió que estas comunidades deben servir para pasar de una posición de reacción ante los ataques a una mayor capacidad de organización. “La violencia machista nos tiene y nos ha tenido siempre en una posición reactiva”, afirmó, y frente a ello, reivindica la desobediencia y la construcción de redes como formas de avanzar en derechos y hacer frente a las agresiones.
Fallarás también cuestionó la idea de que las redes sociales sean espacios públicos en sentido estricto. Aunque las mujeres las utilicen para expresarse y organizarse, recordó que sus propietarios son empresas privadas y que sus reglas no siempre responden a las necesidades de quienes las usan. De ahí, la importancia de no depender exclusivamente de esas plataformas y desarrollar herramientas propias.
La conversación dejó así una idea que atravesó toda la ponencia, las redes han permitido a las mujeres contar aquello que durante mucho tiempo quedó fuera del relato público, pero el reto ahora es que puedan hacerlo en espacios donde también tengan capacidad de decidir sobre su seguridad y sus formas de organización. “Ellos ganan siempre, la cuestión es cómo ganamos nosotras”, planteó Fallarás. Para la periodista, esa respuesta pasa por convertir los testimonios individuales en una comunidad capaz de acompañar, conectar y actuar colectivamente.
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