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Silencio de negra: la brecha de género en la música

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“La música es emoción. Cada canción es una aventura hacia el alma de alguien. Mi trabajo es capturarlo”, Sylvia Massy (productora, mezcladora e ingeniera musical norteamericana).

Llegamos al mes de marzo, el único donde se visibiliza a las mujeres, donde una vez al año hacemos historia o se saca del baúl de los recuerdos a las que han hecho historia, sobre todo en el mundo del arte. Y qué curioso que, dentro del arte, sea la música la protagonista. Esa que siempre ocupa el último eslabón en la cadena de las artes. Literatura como la máxima (mi total admiración por las mujeres escritoras), pintoras (ya, si eso) y músicas (siempre y cuando no molesten al sistema y actúen como este quiere).

Es un dato demostrable que, hasta hace bien poco, las mujeres no ocupaban ningún puesto relevante como productoras de discos de rock, pop etc., o tampoco eran directoras de orquesta clásica; hasta el año 2011, la Filarmónica de Viena —sí, la de los famosos conciertos de año nuevo—, no podía ser dirigida por ninguna mujer o, antes de entonces, tocar en ella...

En el ámbito de la producción musical, por cada mujer productora tenemos 34 hombres productores, según un estudio de la Inclusion Initiative de la Universidad del Sur de California, llevado a cabo entre 2012 y 2022.

Una problemática a nivel sistémico, que ya señalaba la productora ganadora de premios Grammy y Latín Grammy, Claudia Branca. Porque el hecho de que no haya mujeres también afecta a otras cuestiones, como su representación cultural: “Hay una desconexión cuando se trata de sellos discográficos que contratan a mujeres productoras u organizan campamentos de mujeres compositoras. Siempre es una mezcla, en la mayoría de los casos son 10 hombres y una mujer. Esto también afecta al lenguaje que se utiliza en una canción, por lo que las mujeres siguen siendo objetos”, declara.

Solo el 2,8 por ciento, de partícipes en las 800 canciones más relevantes, son mujeres.

Como docente, he visto padres o madres que relegaban a sus hijas, sobre todo, a elegir el piano o el violín porque eran instrumentos “más femeninos”. Por suerte, instrumentos como el trombón, trompeta, saxofón, guitarra incluida la eléctrica o el bajo, pasan a formar parte del ámbito femenino.

Por fortuna, las cosas empiezan a cambiar de manera lenta pero constante. El feminismo, ese movimiento que hace que salgan a la luz las desigualdades artísticas existentes, además de otras cuestiones que siguen siendo sangrantes, hace que tomemos conciencia de nuestro papel en el arte y en la música, como en su momento ya lo hicieron Clara Schumman, Patti Smith, Diamanda Galas, Cindy Lauper, Nina Simone, Joan Baez, Joan Jett, Alondra de la Parra, Inma Shara, Shi-Yeon Sung, Cordell Jackson, Las Vulpes, Siouxsie Sioux, Poison Ivy, Chute de Esperma, Mujeres de Provecho, Ethel Gabriel, Rosalía, Linda Perry, Sylvia Robinson, Sylvia Massy, Kate Bush, Linda Briceño y tantas que han abierto el camino y que, sin ellas, no seríamos visibles.

Va por ellas y por un futuro en igualdad musical y artística.

*Margarita Galván es música, pianista y profesora de piano en la Escuela Insular de Música de La Palma

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