Las tierras labrantías de La Galga y San Bartolo
La primera referencia documental conocida sobre el territorio de La Galga en el actual municipio de Puntallana, se remonta al 6 de agosto de 1501. Ese día, el adelantado Alonso Fernández de Lugo concedía por data, ocho cahíces de tierras y montes a Álvaro Pérez, lindando aquellas propiedades con las de su hermano Martín Pérez y las de sus sobrinos. Así comienza la historia escrita de uno de los parajes agrícolas más antiguos y fértiles del nordeste palmero.
El topónimo La Galga posee una raíz profundamente ligada al paisaje. En el léxico tradicional canario, una galga es una piedra redonda de gran tamaño, y también se denomina así a los lugares donde abundan estas piedras desprendidas de las laderas. Probablemente sea ésta la explicación más verosímil de su origen, aunque la tradición popular haya querido envolver el nombre en el halo de antiguas leyendas.
Álvaro Pérez, de origen portugués y peón de la compañía del capitán Esquivel durante la conquista de La Palma, aparece años después desempeñando el cargo de mayordomo de la parroquia de San Juan de Puntallana, en 1516. Tanto él como su hermano Martín pertenecían a una de las formas más antiguas del apellido portugués Peres o Pires, linaje que quedó arraigado en la isla tras la incorporación castellana.
Desde muy temprano, La Galga destacó por la riqueza de sus montes y la intensa actividad agrícola y forestal. En 1533, Domingo González, aserrador y vecino de Puntallana declaró haber construido en el barranco de La Galga una carabela latina llamada Nuestra Señora de la Candelaria. Apenas un año más tarde,
Francisco Pérez concertaba con el licenciado Juan López de Cepeda, gobernador de Tenerife y de La Palma, el corte y transporte de madera al puerto del barranco de La Galga, destinada a la fortaleza que se levantaba en el barrio de El Cabo, en Santa Cruz de La Palma.
La prosperidad del lugar quedó magníficamente retratada por el historiador y humanista azoriano Gaspar Frutuoso (1522-1591), quien describió aquellas tierras con admiración:
“Pasado el Sabinal, yendo a Los Sauces, está el barranco de Nogales (…) se comienza a entrar en las tierras labrantías de La Galga (…) hay muchos árboles y frutas, trigo, viñas, huertas y legumbres, fuentes y aguas; es lugar de labradores y aserradores (…) Todo de viñas que dan buenos vinos para enviar a las Indias”.
Sus palabras nos permiten imaginar una comarca exuberante, cubierta de nogales, castaños y viñedos, donde el agua abundante y la fertilidad de la tierra hicieron florecer una activa comunidad de agricultores y artesanos de la madera.
La ermita de San Bartolo
En este entorno agrícola y humano surgió también uno de los principales símbolos espirituales del lugar: la ermita de San Bartolomé, conocida popularmente como San Bartolo.
Aunque se desconoce la fecha exacta de su fundación, ya existía en 1515. En sus orígenes recibió la advocación de Nuestra Señora de La Galga; más tarde conocida como Nuestra Señora de la Concepción, posteriormente Nuestra Señora de La Piedad y, finalmente, San Bartolomé, nombre con el que ha llegado hasta nuestros días.
La ermita desempeñó un papel fundamental para los vecinos de La Galga, especialmente durante los meses de temporales, cuando las lluvias y barrancos impedían acudir a la iglesia matriz de San Juan Bautista de Puntallana durante las vísperas de las celebraciones religiosas.
La imagen de San Bartolomé, documentada ya en 1602, fue despertando una profunda devoción popular. Tal fue el fervor que terminó imponiendo el nombre del santo sobre las antiguas advocaciones marianas. Su festividad quedó instituida oficialmente el 1 de enero de 1673 por el licenciado Juan Pinto de Guisla, quién señala que acudían numerosos fieles “así del distrito de Puntallana como de los demás lugares de la Ysla por la particular devoción que se tiene con la Ymagen del Santo”.
Desde entonces, San Bartolo quedó unido para siempre a la memoria colectiva de La Galga: un pequeño templo rural levantado entre montes, viñas y barrancos, testigo silencioso de siglos de historia y religiosidad popular.
Fondos bibliográficos
- Nacer en Puntallana. Libro I de Bautismos de San Juan Bautista (1565-1607), de Horacio Concepción García.
- La ermita de Ntra. Sra. de La Piedad y San Bartolomé de La Galga, de Jesús Pérez Morera.
Fotografía
La Galga. Iglesia de San Bartolo. Archivo General de La Palma. Fotografía de Miguel Brito (1920), coloreada por Abraham T. Díaz Abreu.
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