La Semana Santa de Santa Cruz de La Palma, pide, una vez más, su Junta de Hermandades y Cofradías

Santa Cruz de La Palma
28 de marzo de 2026 15:50 h

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Semana Santa de Santa Cruz de La Palma. JOSÉ F. AROZENA

Una tertulia apasionada, con el rigor de los que saben y el humor de los que quieren, dejó sobre la mesa un diagnóstico claro: uno de los patrimonios más singulares de Canarias merece una estructura a su altura.

Pocas celebraciones en el Archipiélago pueden presumir de lo que atesora la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma. Siglos de historia procesional, imágenes de Fernando Estévez, el escultor más importante que ha dado Canarias, una cronología litúrgica fijada en el siglo XVII y un entorno renacentista que le sirve de escenario natural. Y, sin embargo, a pesar de todo eso, esta Semana Santa declarada Fiesta de Interés Turístico Regional sigue sin tener lo que tienen casi todas las semanas santas que se respetan a sí mismas: una Junta de Hermandades y Cofradías.

Esa fue la conclusión más rotunda de la tertulia celebrada en las Tertulias Tey, ese espacio de conversación palmero donde se juntan quienes tienen algo que decir y las ganas de decirlo. El conversatorio fue presentado y conducido por J.J. Rodríguez Lewis, investigador, periodista y abogado con una larga y sentida vinculación a la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma. Su exposición inicial fue, según coincidieron los presentes, brillante y emotiva: un recorrido riguroso, apasionado y lleno de matices por la historia procesional de la ciudad que sirvió de punto de partida perfecto para el debate que vino después. Rodríguez Lewis no solo abrió el conversatorio; lo encendió.

Al encuentro se sumaron hermanos mayores y directivos de cofradías, miembros de la banda de música, cargadores, nazarenos, historiadores e investigadores de la Semana Santa local, y gente del mundo de la comunicación. El ambiente fue distendido, como corresponde a una buena tertulia, pero las ideas que se pusieron sobre la mesa tenían el peso de quien lleva años cargando pasos y pensando en cómo mejorar las cosas.

Cuatro siglos y medio de procesiones. Cero órganos de coordinación.

 La exposición de Rodríguez Lewis ofreció un recorrido por los orígenes de la Semana Santa palmera que dejó a más de uno con la boca abierta, no por desconocida, los presentes sabían de lo que se hablaba, sino por la magnitud de lo que se ha conservado. La primera cofradía documentada, la de la Veracruz, se fundó en 1558, prácticamente a la par que la conquista traía a la isla los primeros ministros religiosos. El esquema procesional básico que hoy conocemos quedó fijado en el siglo XVII y apenas ha variado en cuatro centurias. El único gran cambio del siglo XIX fue el traslado de la procesión del Huerto del lunes al domingo, posiblemente porque el lunes era “un día flojo” y el domingo había más gente con ganas de fiesta. Decisiones de gestión, vaya, que ya entonces existían.

 La gran explosión vino en los años ochenta del siglo XX, cuando se refundaron y crearon la mayoría de las cofradías que hoy desfilan. Fue también en esa época cuando se incorporó el sistema de cargadores, costaleros a la manera canaria, que transformó la experiencia procesional y acercó a mucha gente joven a las cofradías. Desde entonces, la Semana Santa palmera no ha parado de crecer. En calidad, en participación, en belleza. En todo menos en estructura.

Semana Santa de Santa Cruz de La Palma. JOSÉ F. AROZENA

Una junta: no es un capricho, es una necesidad

 El debate más animado de la tarde giró en torno a una pregunta que nadie supo responder del todo satisfactoriamente: ¿por qué no existe todavía una Junta de Hermandades y Cofradías en Santa Cruz de La Palma? “Es algo inexplicable que no la tengamos. Simplemente inexplicable”, se dijo sin rodeos.

La respuesta, se convino, no es sencilla. Crear una junta que aglutine a todas las cofradías exige voluntad colectiva, generosidad entre partes y, sobre todo, un diálogo fluido entre todos los actores implicados: las propias hermandades, las instituciones civiles y también la Iglesia, con quien las cofradías mantienen una relación histórica, profunda y necesaria. Una relación que, como toda relación larga, tiene sus momentos de mayor o menor entendimiento, y en la que una estructura conjunta de las cofradías podría, precisamente, facilitar la interlocución y aclarar los roles de cada cual. No para enfrentar a nadie, sino para que cada uno sepa cuál es su lugar y pueda ocuparlo con comodidad.

En otras ciudades canarias con semanas santas de comparable tradición, como La Orotava o La Laguna, estas juntas funcionan con normalidad y han demostrado ser un instrumento útil para todas las partes. La experiencia, pues, avala la idea. Lo que hace falta es dar el paso.

Porque hoy, cuando el Ayuntamiento, una televisión autonómica o un medio de comunicación nacional quiere hablar de la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma, no siempre tiene claro a quién llamar. Una junta resolvería ese problema de raíz.

La carrera oficial: toda la Semana Santa por la Plaza de España

Entre las propuestas concretas que emergieron de la tarde, una tuvo especial acogida: la creación de una carrera oficial. La idea es sencilla y hermosa: designar la Plaza de España y el atrio del Ayuntamiento como el espacio por donde deberían pasar obligatoriamente todas las procesiones. Un punto de encuentro, de concentración del público, de visibilidad máxima.

Hoy ya pasan por allí la inmensa mayoría de los cortejos. Formalizar ese recorrido como carrera oficial sería, además de un reconocimiento simbólico al espacio más emblemático del casco histórico, una herramienta organizativa y turística de primer orden. Cualquier persona situada en la plaza un día de procesión sabría que, en algún momento de la noche, por allí pasará el cortejo. Cualquier visitante que no conozca la ciudad tendría un punto de referencia claro. Y cualquier cámara de televisión sabría exactamente dónde colocarse para obtener las mejores imágenes con el fondo renacentista que hace única a esta Semana Santa.

Una procesión magna, la Resurrección y el arte de venderse

La tarde dio para más. Se habló de la posibilidad de organizar una procesión magna, en la que desfilaran imágenes de todas las cofradías juntas. Una idea que entusiasma a quienes piensan en grande y que, reconocieron los más veteranos, requiere precisamente el tipo de coordinación que una junta haría posible.

También se planteó potenciar el Domingo de Resurrección, la gran asignatura pendiente de muchas semanas santas, que suele quedar eclipsada por el dramatismo del Viernes Santo y el recogimiento del Sábado. Darle al Domingo de Resurrección la dimensión festiva y alegre que le corresponde podría ser uno de los elementos diferenciadores de la Semana Santa palmera.

Y luego está el asunto de la promoción, que suscitó encendidos comentarios. Una participante lo resumió con precisión quirúrgica: en los últimos años, los medios de comunicación de Canarias han publicado y emitido información sobre la Semana Santa de La Laguna, la de Santa Cruz de Tenerife, la de Las Palmas. De la de Santa Cruz de La Palma, prácticamente nada. Y eso que la palmera tiene una imaginería que no desmerece ante ninguna, un entorno que ninguna otra tiene y una historia que pocas pueden igualar.

El problema, se coincidió, no es el producto. El problema es que nadie lo está vendiendo de forma coordinada. Las oficinas de turismo de la isla no siempre tienen el programa de procesiones. Los carteles anunciadores llegan tarde. No existe una estrategia de comunicación que coloque la Semana Santa palmera en los medios antes de que empiece. “No basta con tener un buen producto; hay que saber venderlo”, se dijo. Y se dijo con razón.

Semana Santa de Santa Cruz de La Palma. JOSÉ F. AROZENA

El trono, la imagen y el tornillo con memoria selectiva

La conversación tocó también tierra firme, con ese sentido práctico que tanto se agradece. Se habló de la conservación de los tronos históricos y de imágenes que salen a la calle con un estado de revista que pondría nervioso a cualquier restaurador con tensión alta. De costaleros que descubren cómo se monta una peana aproximadamente en el mismo momento en que ya deberían estar saliendo por la puerta, lo cual tiene su mérito como ejercicio de improvisación, aunque quizás no sea el ideal.

La anécdota que más risas arrancó —y más reflexión dejó— fue la del tornillo de sujeción de una imagen que cada año encontraba un agujero nuevo donde instalarse, porque nadie había dejado constancia escrita de su ubicación exacta. Un tornillo errante, viajero, explorador. Entrañable, si no fuera porque detrás de esa pequeña odisea hay una historia más amplia: la de cofradías que trabajan solas, sin red, reinventando la rueda cada temporada.

Se habló también de música. De marchas procesionales compuestas y estrenadas expresamente para una hermandad, de cuya existencia dicha hermandad tuvo noticia casi por casualidad. Un detalle que tiene algo de novela de enredos, pero que en el fondo apunta a lo mismo: la falta de un espacio común donde hablar, preguntar y coordinar.

Una junta de cofradías no convertiría todo esto en un sistema perfecto de la noche a la mañana, nada lo hace, pero al menos pondría fin a que el tornillo siga buscando su sitio cada año

La conclusión, clara como el Viernes Santo

 Al final de la tarde, con el café frío y las ideas calientes, quedó sobre la mesa una certeza compartida: la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma tiene todo lo necesario para ser referencia indiscutible en Canarias y proyectarse mucho más allá de las costas de la isla. Tiene historia, arte, tradición, música, entrega voluntaria de cientos de personas y un escenario urbano que es puro patrimonio.

Lo que le falta es estructura. Representación. Una sola voz que hable en nombre de todas las cofradías, que negocie con las instituciones, que planifique la promoción, que cuide el patrimonio y que, de paso, recuerde que hay que llevar el programa de procesiones a las oficinas de turismo antes de que los turistas lleguen preguntando cuándo sale La Burrita.

Esa voz tiene nombre. Se llama Junta de Hermandades y Cofradías de la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma. Y ya va siendo hora de que exista.

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